domingo, 1 de diciembre de 2019

Secuestro de George Pig en el club Los Cortijos



Quiero creer que los clubes sociales son más que una burbuja para escapar de la grave realidad de Venezuela.

Nunca antes nuestro país había sido víctima de agentes del mal capaces de arrastrarlo a niveles de miseria y destrucción como lo que experimentamos día a día.

Me atrevo a asegurar que más del 99,9% de la población ha sido víctima de algún hecho delictivo, de un engaño, de algún abuso, de alguna acción propia de los truhanes que han pululado en el foro las últimas dos décadas y han invadido cual plaga todos los ambientes de nuestra sociedad.

Es ante esa grave situación que casi que como esperanza para un náufrago a la deriva o un extraviado en el desierto, los clubes sociales resultan como islotes u oasis que ofrecen resguardo ante las hostiles penurias y ambientes.

Además de la necesaria dosis de locura que nos hace sobrevivir en esta Venezuela del siglo XXI han cobrado nueva vida y se han reinventado en todo el territorio nacional los clubes sociales, que ofrecen a sus socios e invitados además de opciones más económicas para mantener ciertas resemblanza y recuerdos de condiciones de vida en las que se podría socializar libremente en nuestras ciudades, son prácticamente burbujas en las que nos permitimos auto engañarnos y escapar de la diaria violencia, del terror, de la miseria, del tugurio en que han convertido nuestro país.

Clubes los hay de todo tipo, de campo, de playa o de ciudad, más o menos cercanos, los considerados más o menos exclusivos, con instalaciones deportivas o sin ellas, los hay para todos los gustos.

Allí pueden celebrarse matrimonios, graduaciones, conciertos, amaneceres gaiteros, torneos, bautizos, presentaciones de libros u obras artísticas, en fin, pero lo más importante estos últimos años, la de abstraernos de esa espantosa realidad que está fuera de las paredes que fungen como muros de ciudades medievales, pero también para recordarnos como era nuestra vida antes de que nos robaran nuestras calles y secuestraran nuestra venezolanidad, para soñar con lo que en cualquier sociedad es una vida normal.

Para reflexionar sobre lo dicho puedo mencionar decenas de clubes sociales en Venezuela, pero ante lo ocurrido el día de hoy 30 de noviembre de 2019 en horas de la tarde, me obligan a mencionar expresamente uno solo, aunque la reflexiones son extensibles a todos y cada uno de los existentes en nuestro hermoso país.

Quiero referirme con mucho dolor al Club Campestre Los Cortijos, y lo que aquí expreso lo hago con mucho pesar y tristeza, ya que ese mágico lugar enclavado en pleno valle caraqueño que a pesar de estar a pocas cuadras del metro, mantiene el verdadero espíritu de campestre desde su fundación y que más que testigo ha sido, es y será compañero de muchos de los eventos más importantes de mi vida, desde mi juventud hasta mi vejez,  ayer con mi padre, hoy y mañana con mi hijo.

Quiero reiterar que si menciono expresamente a Los Cortijos es porque los hechos que activaron mis reflexiones ocurrieron allí y porque el sentimiento especial que me une al club hacen más profundo el pesar, pero como he también advertido y nuevamente señalo es extensivo a todos los clubes de Venezuela.

Roberto Emmanuel, mi hijo de un año y 7 meses, en vísperas de celebrar su segunda navidad, que más bien creo que sería la primera ya que a la anterior con 7 meses muy poco podía hacer, en la mañana de hoy recibió de su mamá lo que creo ha sido en su vida el regalo más importante, un muñeco de George Pig, El hermanito de Pepa Pig. 

Podrán imaginar la expresión del bebé al ver que ese personaje que si bien se ha convertido en algo omnipresente escapó de las pantallas y se materializó frente a él. Alegría, sorpresa e incredulidad, es poco para describir su expresión.

Se preparaba para ir al club y como no, ello no podía ocurrir sin la compañía de su más reciente amigo, George Pig, el hermano de Pepa, con el Sr. Dinosaurio y todo (Los que conocen la serie comprenderán)

La dinámica y la logística de un niño de un año y medio, en un club, con un juguete nuevo y especialmente para comer es de interés y de estudio pero el hecho es que luego de que se dignara a comer algo, al revisar el bolso a unos metros, en donde se había puesto a George, ya no estaba, se había ido, despareció, se lo robaron, o peor aún lo secuestraron...

Por supuesto que al niño nada se le ha dicho sobre la suerte de su amigo George, por supuesto que se deberá hacer lo posible pronto para sustituirlo y seguramente no note su ausencia, aún no sabremos trauma puede causarnos una experiencia así, pero en todo caso ese no es el tema que quiero destacar, y el que si lo es,  es que a pesar de estar en esa burbuja que es un club, nos resulta imposible apartarnos de esa sensación de indignación cuando fuera de las murallas somos víctimas de los abusos y vejaciones, del expolio, de la maldad.

No sé y por supuesto no me consta ni puedo demostrar que George fue robado o secuestrado, o si cobró vida y se fue caminando, es un personaje muy travieso, no sé si quien lo haya tomado es un adulto o un niño, con buenas intenciones o sin ellas, el hecho es que esas cosas, y aquí si no extendemos a toda clase de despropósitos no deben ocurrir, no en un país normal, menos aún dentro de la burbuja que hemos creado para bien o para mal para abstraernos de esa realidad que nos es incómoda, en donde es absolutamente inaceptable que estos comportamientos ocurran.

Quiero pensar que los clubes no son solo una burbuja estéril que nos aparta de realidad que nos insensibiliza.

Quiero contrariamente pensar y creer que los clubes, especialmente para niños como Roberto Emmanuel sean ambientes donde aprendan sobre principios y valores, donde no se tenga  queestar a la defensiva, donde no se viva en una opaca burbuja sino que desde allí se promueva recuperar la venezolanidad del venzolanaje, de donde surjan los genuinos ciudadanos que disfrutarán un mejor país.

Como dije, no sé si George se fue con un niño o un adulto, en el primer caso quiero pensar que unos buenos padres le enseñarán a respetar lo ajeno y que no vuelva va incurrir en esos hechos, mientras que en el segundo apelo por la sensatez de la conciencia y la recapacitación en cuanto a la privación que se le hace a un niño de sus ilusiones; ya bastantes nos las han robado a todos los últimos años.

Aunque saben qué, prefiero mejor pensar que George está haciendo travesuras con el Sr. Dinosaurio y los demás personajes que cada día son más onmipresentes alegrando día a día a los niños y a sus padres.

Buena noches George donde quiera que estés, fue un gran placer conocerte fuera de las pantallas.

Nos volveremos a ver eso es seguro.


Imagen tomada de: https://www.redbubble.com/es/people/good4u/works/21170943-george-pig?p=poster