lunes, 30 de noviembre de 2015

¿Es expropiar robar?


Ocurre que en las actividades académicas durante los últimos años en las que me ha tocado conversar sobre constitucionalismo, filosofía política, democracia y muchos otros temas de actual interés, cuando se toca lo relativo a la propiedad privada y a la expropiación, suelen surgir entre los asistentes opiniones antagónicas sobre el tema en los que un sector manifiestan que constituye una total injusticia que existan sectores de la población que carecen de medios esenciales de subsistencia frente a otros que según refieren, han amasado fortunas que les sería imposible consumir durante su vida y varias generaciones, y que es por ello que deben ser “expropiados” bienes, principalmente extensiones de terreno e industrias, en beneficio de aquellos que no tienen, por otra parte están quienes consideran que tomar diversos bienes tales como inmuebles, muebles, alimentos, medicinas, vehículos, repuestos, imponer precios y márgenes de ganancia por la comercialización de productos y prestación de servicios, no son otra cosa que “robar”.

Podrán ustedes lectores imaginar en la incandescencia de las discusiones, la dificultad de abordar el tema con la seriedad y transcendencia que amerita y la natural predisposición de los asistentes en resistirse a que su posición pueda no estar lógica y argumentativamente bien construida, lo que concluye en que finalizada la actividad, muchos de los asistentes salieran más aferrados a su idea originaria pero con cada vez menos fundamentos y sin saber por qué, negando toda posibilidad de tratar de entender los fundamento del otro sector, que tampoco han podido sostener con lógica su postura. De parte y parte, ni se exponen ni se entienden sus propios fundamentos, pero lo que tienen  claro es no aceptar los contrastantes.

Nos preguntamos, nuevamente, ¿Es expropiar robar? Veamos como abordamos y respondemos esta interrogante.

Mi intención no es otra que la de atreverme a arrojar algunas reflexiones y que con total conciencia crítica, sea su destinatario que edifique su propia conclusión.

Lo primero que hay que advertir es que ambos conceptos son eminentemente jurídicos, tanto expropiar, la institución de la “expropiación”, así como el robar, el delito de “robo”, se encuentran desarrollados en textos normativos y obedecen a naturaleza y fines distintos, por lo que una primera conclusión a la que podríamos arribar es que expropiar no es en modo alguno robar, se encuentran en planos distintos. Ahora, ¿dónde queda esa natural apreciación y emoción de quien tiene algo que lo siente suyo, que le pertenece, lo trabajó y logró adquirirlo, o lo recibió sus padres o abuelos, que lo cuida y mantiene, y de lo que es despojado y que siente que le están robando?, y que cuando pretende reclamar dicha acción se le responde que todo ello se debió sin más a un supuesto fundamento de necesidad o carencia de otros y se le dice que es “expropiado” y no le es siquiera reconocido y menos aún pagado el valor, el justo valor de su propiedad; claro que se siente “robado”.

Aquí observamos que más allá de la comprensión y entendimiento eminentemente jurídico, sino que a modo más personal, más social, más práctico, más visceral, efectivamente expropiar pudiera ser considerado robar y así lo siente el expropiado, le están desconociendo su trabajo, su esfuerzo, el legado de sus antepasados, la seguridad de los suyos, el futuro de sus hijos, la razón y motivo por la que trabaja y emprende; y más grave aún es cuando el que expropia, el “expropiador”, desconoce y niega la naturaleza tan importante institución constitucional como lo es “la expropiación”, que solo puede ser entendida como garantía del derecho de propiedad privada y debido proceso, siendo un verdadero avance y beneficio social, tanto para el expropiado como para la comunidad. (Se podrán imaginar como esa afirmación puede enardecer a ciertos sectores en los foros y exposiciones).

Para tener una más clara idea de los que es la expropiación y robo, y otras ilicitudes relacionadas, es más que evidente que debemos pasar a analizar otro tema y que en modo alguno es fácil su abordaje, incluso hasta más complejo que el de la misma expropiación y es el de la propiedad.

Sobre la propiedad, que ya se dijo, no es un tema sencillo de abordar, existen también diversos ámbitos del que pueda entenderse su alcance, y en este caso el jurídico es el menos importante, incluso, perturba para su entendimiento, ya que en estas discusiones, los peores intervinientes somos los abogados, que por lo general nos encerramos ciega y tozudamente a la letra de la Constitución y el Código Civil en cuanto a la facultad de “uso, goce, disfrute y disposición de la cosa”, pero no nos atrevemos, tal vez porque no sabemos, a opinar sobre el propósito, razón, fundamento y telos de la propiedad, necesario para su más amplia concepción. Debemos pues, para intentar comprender el tema de la propiedad, tratar de apartarnos de lo que dice el Código Civil, incluso de la Constitución, ya que su articulado no es otro que la conclusión de más profundas y existenciales reflexiones y estudios por parte de otras áreas, historia, teología, filosofía, economía, sociología e incluso antropología, para poder entender lo que es la propiedad, y de allí su íntima relación con la expropiación.

Comencemos. Imaginemos la etapa más primitiva de la evolución humana, los homíninos de hace más de 6 millones de años, cuya falta de raciocinio no los hacía muy diferentes a cualquier especie animal, ¿Qué pasaba cuando uno de ellos moría?, como cualquier otra especie animal, era allí abandonado a la suerte de la intemperie, no existía siquiera la conciencia de la propia vida. Mucho más adelante, algunos millones de años después, ante el reconocimiento de la propia existencia y el cuestionamiento sobre la vida misma y su transcendencia, empiezan a darse rituales mortuorios en los que ante un fallecimiento, los congéneres a modo de reconocimiento de respeto de la condición humana e identidad, bien inhumaban, cremaban, embalsamaban o cualquier otra fuese la práctica mediante la cual disponían de los restos mortales. Un tiempo después, en los procesos funerarios, y ante la pregunta existencial que sigue sin respuesta de cuál es nuestro destino después del paso por esta vida, a los fallecidos se les acompañaba de los instrumentos y bienes que era producto de su trabajo, de su esfuerzo, tales como vasijas, esculturas, armas, hondas, hachas, flechas, ropaje, joyas, incluso mascotas y alimentos.

Posteriormente, unos cuantos años y generaciones, y seguramente habrá sido producto del constante cuestionamiento del hombre frente a su propia existencia, la duda sobre el más allá frente a la vida real y palpable de acá, propia de quien asiste a un ritual funerario y tiene reflexiones y pensamientos frente al fallecido, pero es inevitable ese cuestionamiento e introspección sobre la propia vida y existencia, que habrá surgido la sensación y deseo de perpetuarse en la tierra que dejábamos, los padres, como última voluntad pensaron que en vez de ser inhumados con sus herramientas de trabajo, con sus vasijas para libar vino, sus joyas y demás enseres, las mismas podían quedar en la vida terrenal en mano de sus sucesores y legatarios. Vemos aquí como ya existe una idea y comprensión del derecho que transciende lo eminentemente material, en que tal bien específico, sea una joya, una lanza, una azada o una hoz, forma parte de la vida de su dueños, es extensión de esa persona, de su humanidad, de su esfuerzo, es decir, tiene una valor ideal y moral que supera el material, (algo así como los datos e información que tenemos en un teléfono inteligente, fotos, videos, recuerdos de viajes y amores, conversaciones, nombres, números y direcciones,  que ante su extravío, daño, robo o hurto, de no tenerse un respaldo, sentimos que el valor ideal de la propiedad del teléfono perdido supera muchas veces su valor material) bienes que luego pueden ser intercambiados con otros, que son tanto producto del propio esfuerzo como de los legados de nuestros antecesores, bienes que son algunos corporales, otros inmateriales, unos muebles, otros inmuebles, algunos con un valor comercial y de intercambio, otros con valor sentimental, pero todos con un valor que es imposible que sea único, dependerá de su dueño y de la situación particular en que se relacionen las personas entre sí y con los bienes, su naturaleza y destino, valor que no puede ser impuesto por quienes se encuentran fuera de esas relaciones (Es por eso que se siente tan bien lo adquirido con esfuerzo y trabajo y no así lo proveniente de la ganancia fácil. Es por ello que el valor moral e ideal del patrimonio y del dinero que lo mide es mayor cuando es producto del trabajo honrado y lícito que aquel valor material de lo proveniente de actividades ilícitas y delitos)

Para esbozar la idea más detalladamente, tienen las personas, naturales o morales, grupos de personas, pueblos, ciudades, países, sociedades y en sus correspondientes contextos históricos,  bienes de su propiedad que expresión exteriores de su entidad, su patrimonio, que no solo es material sino ideal y que es su naturaleza su dinamismo, la libre interrelación entre los interesados en sus respectivas propiedades, y que insistimos, trascienden al bien material en sí mismo.

Antes  lo señalado sobre la propiedad, y todavía manteniéndonos al margen de una apreciación jurídica, la misma se nos presenta como una doble dimensión en la que ha de ser entendida, una, la material, el objeto por sí mismo y que a veces no vale nada, la otra, la más importante, la ideal, la dimensión moral de esa propiedad, la del derecho de propiedad, la que hay que defender sea que cueste 1 o 100.000.000 cualquiera sea la base de medición, que sea de una persona o de un país, que sea material o inmaterial, la que si resulta afectada en su relación a la esfera de su titular, propietario o poseedor, por haberla adquirido directamente, legado o heredado, deberá ser resarcido e indemnizado, siempre, en todo caso, sea esta afectación legítima o ilegítima, de un particular o del Estado,  es esa la propiedad a que se refiere la Constitución, es esa la propiedad a que se refiere el Código Civil, es esa la propiedad que nuestra evolución como humanistas ha de propenderse y que en modo alguno va en contravía al progreso como indebidamente han pretendido ciertos sectores que atacan a la propiedad privada, alcance del derecho de propiedad que contribuye al fortalecimiento y mejoramiento de las sociedades, a la prosperidad de los pueblos, a su propiedad ideal.

Volviendo al tema de la expropiación…

Les expongo a los asistentes de diversas charlas y conversatorios, que la expropiación es una de las más nobles y buenas instituciones jurídicas (se oyen abucheos). Se les presenta un ejemplo: Imaginémonos una población de 200 mil habitantes y que tiene un excelente hospital con 200 camas con las que perfectamente se da abasto para la población. Resulta que el pueblo está en crecimiento y tiene una proyección de llegar a 400 mil habitantes en 5 años. Al lado del hospital hay una extensión de terreno que es de un particular, ¿Qué pasará? Si, en efecto ha de expropiarse la extensión de terreno  si en el proyecto de expansión del hospital resulta que debe ocuparse, si es de verdad necesario hacerlo y no existe otra posibilidad, ya que la expropiación es sólo en casos excepcionales; y además, es obligatorio, es necesario, es de la naturaleza de la institución de la expropiación que le sea pagado, sea indemnizando su dueño; ¿a qué valor?, al justo, que no es que sea caro o barato, el justo, por eso se llama justiprecio, que ha de pagarse tomando en cuenta lo que costaría de tener exactamente el mismo bien que se le expropió, de la manera más idéntica posible. Si era un terreno urbanizable tendrá un valor, residencial o comercial otro, si percibía renta será mayor, si tenía allí su negocio, etc., pero eso sí, el destino de esa expropiación, que es excepcional ha de reiterarse, será únicamente para utilidad pública, es decir, para el beneficio de toda la comunidad, como lo sería un aeropuerto, carreteras, hospitales, escuelas, estaciones de policía, bomberos, parques, plazas o cualquier otros, y que toda la población se vea beneficiada de esos trabajos, incluso el expropiado ya que vería aumentado el valor material de la propiedad circundante no expropiada de ser una extensión mayor, y no así para el uso de particulares, sean ellos unos pocos o muchísimas personas.

De lo referido en el párrafo anterior, que si bien es largo, resume los aspectos esenciales de la expropiación  y de su naturaleza, que ha de ser siempre por causa de utilidad pública o social y no para particular e individual, no importa que sean muchos individuos, es de carácter excepcional y extraordinario, solo procede ante la imposibilidad de lograr ese fin social por otras vías, y lo más importante, debe el expropiado ser indemnizado, justa, oportuna e íntegramente, ya que siendo la expropiación una garantía del derecho de propiedad, que no sea de esa manera no podrá ser tal expropiación ni puede así llamarse.

Creo que las reflexiones anteriores bien pueden ayudar a los lectores, sea que se identifiquen o no con su contenido, a arribar a su propia conclusión de si expropiar es robar o no. Por mi parte, creo que expropiar no es robar, técnicamente no lo es. Pero resulta que los actos mediante los cuales son expoliados bienes de particulares que no son destinados a uso público o social y no ha habido íntegra, oportuna y justa indemnización, tampoco es expropiar, y no siendo el derecho penal la rama de la profesión a la que me dedico, no puedo afirmar si existe alguna tipología que se identifique con tal práctica que técnicamente no son expropiaciones y sus consecuencias, lo que bien podrán los profesionales conocedores de esta área  desarrollar el tema desde esa perspectiva.

Pero así como ocurre con el concepto de propiedad, que claramente percibimos que existe una aproximación ideal y moral frente a la material; respecto al robo, el mismo igualmente tiene una aproximación material como lo es la eminentemente  jurídica que es la que pueden explicar los profesionales del área, pero también existe ese apreciación de “robo moral”, esa sensación de desamparo, de injusticia, de indignidad, de irrespeto, de vulnerabilidad cuando nos vemos privados del producto de nuestros esfuerzos y sus recompensas, de la sana lucha y sus logros, de las horas de estudio y preparación y el patrimonio moral, cultural, académico que lo premia, todo ese patrimonio ideal que forjamos nosotros mismos día a día y acrecienta el legado de nuestros padres, de nuestros antecesores, de nuestros libertadores, ese patrimonio que no es susceptible de ser indemnizado de ninguna manera si es mancillado, y por eso es que hay que defenderlo de quienes enfermizamente tratan de dañarlo, es por lo que no podemos dejarnos robar nuestro patrimonio, nuestra a propiedad, nuestra libertad.



viernes, 27 de noviembre de 2015

El asesinato judicial y otras reflexiones...


"El asesinato judicial, según lo califica acertadamente nuestro idioma, es el verdadero pecado mortal del derecho. Los cuidadores y guardianes de la ley se transforman en sus asesinos -es el médico que envenena al enfermo, el tutor que estrangula a su pupilo. En la antigua Roma el juez venal merecía la pena de muerte. Para la justicia que ha quebrantado el derecho, no hay ningún acusador más aniquilador que la figura obscura y amenazadora del delincuente a causa del sentido de derecho agraviado- es su propia sombra sangrienta. La víctima de una justicia venal o parcial es expulsada casi violentamente del cauce del derecho, se convierte en vengador y ejecutor de su derecho por la propia mano y no raramente, al sobrepasar el objetivo próximo, se vuelve un enemigo jurado de la sociedad, bandido y asesino."

(…)

"El sentimiento del derecho, abandonado por el poder que debía protegerlo, deja él mismo el terreno de la ley y trata de conseguir por sí la que la torpeza, la mala voluntad, la impotencia le rehúsan."

(…)


"A un pueblo en el que es práctica general que cada cual defiende valerosamente su derecho en lo pequeño e insignificante, nadie se atreverá a arrancarle lo más alto que tiene, y por eso no es ningún azar que el mismo pueblo de la antigüedad, que ha mostrado en el interior el más notable desarrollo político y hacia fuera la mayor fuerza expansiva, el romano, poseyese además el derecho privado mejor formado. Derecho es idealismo, por paradojal que pueda sonar. No idealismo de la fantasía, pero sí del carácter, es decir del hombre que se siente su propio fin y menosprecia todo lo demás cuando es lesionado en ese su germen más íntimo. ¿Qué le importa de dónde viene ese ataque a sus derechos, del individuo, del propio gobierno, de un pueblo extranjero? Sobre la resistencia que opone a esos ataques, no decide la persona del atacante, sino la energía de su sentimiento del derecho, la fuerza moral con la que suele afirmarse."

Pequeños extractos de “La Lucha por el Derecho” de Rudolf von Ihering. 1872.

Puede obtenerse de:



domingo, 15 de noviembre de 2015

Duele París



Inconmensurable es el dolor y la indignación por los ataques terroristas ocurridos en París, ciudad de la que desde el primer momento que tuve la bendición de conocer me enamoró, como a muchos ha enamorado durante toda la historia. Sus luces, particularmente las académicas, culturales, arquitectónicas; sus artes, sus parques, la vida de sus calles, sus noches, la interrelación de sus habitantes, de quienes si bien se les endilga parecer presuntuosos, tuve la suerte de ser atendido con una calidez y especial cariño que me han hecho sentir en casa las veces que allá he podido estar.

No puedo dejar de pensar en todos los especiales momentos que he compartido ese esa ciudad viva, vibrante, los especiales paseos y encuentros con personas  que me han marcado y serán muy especiales, quienes estarán siempre en mi corazón. Caminar sus calles a cualquiera fuera la hora, caminar por días enteros dentro y descubrir lugares especiales que no aparecen referidos en ninguna guía y uno los hace propios; sentarse en un banco frente al río o en cualquier parque, ver a la gente tranquilamente pasear, caminar sus perros; leer un libro en cualquier plaza, comprar una baguette, queso y un dulce, o bien unas sardinas y crema de absenta en un mercado callejero y disfrutarlo sentado en el césped de cualquiera de sus parques o en un balcón de una buhardilla de un edificio en departamento 12 a unas cuadras de La Bastilla, lugar testigo de grandes cambios de la humanidad. Muchas son las experiencias vividas en ese especial lugar que la historia y la providencia han escogido para ser una de las ciudades más importantes de la humanidad desde su propia fundación, lástima que esta vez sea por un hecho tan doloroso, mi luto es enorme.

No existe, no hay justificación alguna, no puede haberla, para quienes actúan de esa manera, no puede haber sustento o fundamento válido por el que  personas, grupos, ideologías o regímenes apoyen actos terroristas que atenten no solo contra una ciudad, porque no es solo París y las personas fallecidas y heridas, las víctimas somos todos, es la propia humanidad la que resulta atacada y gravemente ultrajada por estos actos de sin razón, por estos pensamientos y sentimientos  anti humanistas.

Graves, muy graves son estos atentados y los daños ocurridos, personales, materiales y más aún, los morales, que son consecuencia de la sin razón que observamos de la desviación de los verdaderos fines de religiones, de ideologías y de regímenes que a toda costa quieren mantenerse en posiciones de poder,  y para ello ocurren a prácticas radicales y extremistas.

En muchos aspectos, lo lamentablemente ocurrido en Francia, evidentemente es muy diferente a lo que ocurre en nuestra Venezuela, la Venezuela de la que también me enamoré y sigo enamorado como muchísimos otros lo esteremos siempre, de la que se podía caminar a cualquier hora y encontrarse con amigos, sentarse a tomar un café, leer un libro en una plaza, niños jugando en un parque, el desarrollo de las artes y muchas otras actividades que otrora vez eran normales. Pero hoy Venezuela sufre los efectos de otra clase de sin razón que general similares efectos, de ese empeño de sostener ideologías y pensamientos que son insostenibles, y resultan en su consecuencia material y sentimental en el mismo luto por las pérdidas de cientos de vidas.

No es que los fallecidos y deudos de algún lugar o ciudad sean más visibles o sensibles que otros, o que ello se convierta en una triste comparación de cifras en cuanto a víctimas en uno u otro lugar, o que pudiera afirmarse que estadísticamente una persona tiene más probabilidades de fallecer en Caracas víctima del hampa común que en París por un ataque terrorista, el tema de fondo es que no se puede permitir que la sin razón, la maldad, la desviación del telos de la religión, la perversión por lograr poder y mantenerlo a toda costa y como se ocupen espacios que le corresponden a la humanidad, a la bondad, al progreso, a la convivencia, al amor.

La lucha que nos corresponde acometer no es en modo alguno fácil, en París, en Francia, en Venezuela, en el mundo, es una lucha de preparación, de la luz contra la oscuridad, del civismo frente a la barbarie, de la libertad contra el totalitarismo, ¿Cómo se lucha?, ¿Cómo nos preparamos?, la lucha ha tenido, tiene y tendrá muchos frentes, pero el más importante, el general, el del ciudadano común, el de a pié, el que sale con sus amigos, su familia, sus hijos  en su ciudad a compartir, a un evento deportivo, a un concierto, a un parque, a un museo, esa es la lucha, ese es el frente primordial que debemos abordar y en el que todos podemos y debemos ser activos ya que recupera los espacios, las instituciones, la convivencia, ello se hace estudiando, trabajando, participando, anteponiendo el conocimiento a la ignorancia, la convivencia al sectarismo, la esperanza frente al temor, el amor frente al odio.


Estoy triste, estamos tristes, estamos dolidos, estamos de luto, pero tengo una noticia, una buena noticia pese al tiempo oscuro que vivimos, en París, en Francia, en Venezuela, en el mundo y es que tal como reza el propio lema de la ciudad francesa: “Fluctuat Nec Mergitur”, “es abatida por las olas, pero jamás se hundirá”, jamás nos hundiremos ante las adversidades que hoy nos toca y asumimos enfrentar.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Sobre el Estado social de derecho, su lectura, comprensión y procura



El día de hoy fue publicado el Anuario de Derecho Constitucional Latinoamericano 2015, el cual se encuentra disponible en línea para su descarga, en el que se incluyese un trabajo de mi autoría denominado “El pensamiento alemán y la idea del Estado social de derecho. Una breve aproximación general (desde Adenauer hasta Alexy)”.

En dicho trabajo lo que se hace es definir claramente los antecedentes del que hoy se denomina “Estado social de Derecho” y que pretende indebidamente señalarse como si de alguna manera fuese una creación latinoamericana, y en el más extremo de los casos, creación venezolana, cuando muy al contrario los efectos materiales de su indebida concepción lo que hacen es alejarse de lo pretendido por sus idearios primigenios de prosperidad y estado general de bienestar.

Bien merece recomendarse la lectura crítica del trabajo publicado, así como muchos otros que están contenidos en este Anuario, para tratar de respondernos interrogantes sobre el alcance del denominado “Socialismo del Siglo XXI” y muchas otras situaciones que sectores pueden catalogarlos de falacias frente a quienes en base a ese llamado Estado social de Derecho, sustentan la implementación sin empacho alguno y de manera abierta regímenes socialistas.

El trabajo que hoy se recomienda, tiene un poco más de un año desde que la idea surgió como una reflexión muy general y de la que se esbozaron unas cortas líneas, líneas e ideas que formaron un ensayo primigenio del que no se tuvo la intención de su publicación, menos aún en tan importante Anuario, pero luego de organizar las ideas de mejor manera y los conceptos tratados, así como la adecuación a la metodología propia de este tipo de publicaciones, resulta publicado y se presenta en un momento importante en la región en la que no es solo se encuentre en grave peligro la idea del “Estado social de derecho” sino que es el propio “Estado de derecho” el que podría sucumbir ante indebidas lecturas y concepciones de los verdaderos alcances y virtudes de la democracia y del constitucionalismo, los cuales estamos llamados a rescatar de sus captores.


Muchas gracias y espero sea de su agrado, y si no lo es, al menos sirva para ahondar en las reflexiones que son tan necesarias en estos días.

Roberto Hung C.


Incluye también el anuario temas de bastante interés como.

I. ¿Crisis del Estado de derecho?: perspectivas, transformaciones y propuestas 
• Pluralismo ante la erosión estatal y como exigencia del paradigma de la posguerra. 
• Estado de derecho: un intento de aproximación conceptual.
• Estado de derecho: ¿realidad o ficción? 
• La tensión entre lo material y lo formal en el contexto latinoamericano y el valor del rule of law. 
• El paradigma jurídico en crisis:(re)pensar el derecho en y desde Nuestra América. 

II. La protección de los derechos: entre la constitución y el derecho internacional 
• Reflexiones sobre la convencionalización del derecho y el control de convencionalidad en nuestros países, a propósito de lo sucedido en la experiencia peruana. 
• Jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos: ¿del control de convencionalidad a la supranacionalidad? 
• Control de convencionalidad en Colombia. Entre el control de la Convención y su aplicación. 
• Notas sobre el control ejecutivo de convencionalidad.
• De la supremacía literal de la Constitución a la material en el nuevo paradigma jurisprudencial de defensa de derechos humanos en México.
• El Tribunal Constitucional Federal y los tribunales supranacionales: problemas actuales de un sistema multinivel.
 • Aproximación al principio de supremacía constitucional y sus implicaciones en el sistema de justicia constitucional costarricense: estudio comparado. 

III. Tensiones de la justicia constitucional 
• ¿Estado democrático de derecho o Estado de la oligarquía judicial? 
• El Tribunal Supremo de Justicia como intérprete directo de la Constitución boliviana. 
• Interpretación constitucional y arbitrariedad judicial en la República Dominicana. 
• El avance necesario a la discrecionalidad y al decisionismo: de cómo no se deben entender los precedentes como un “mal en sí mismos”.
• Respuestas del legislador ante la interpretación de la constitución efectuada por la jurisdicción constitucional.
• Jurisprudencia de la Sala de lo Constitucional de la República de El Salvador. 

IV. Perspectivas del derecho constitucional en los contextos latinoamericanos 
• El pensamiento alemán y la idea del Estado social de derecho. Una breve aproximación general (desde Adenauer hasta Alexy).
• Derechos económicos, sociales y culturales: su fundamentalidad, exigibilidad y otras cuestiones en los ámbitos jurídicos internos y el desafío de su justiciabilidad directa en la Corte Interamericana de Derechos Humanos. 
• Análisis de los derechos fundamentales y de la plurinacionalidad en la Constitución boliviana de 2009.
• Tolerância ativa: a opinião, a discriminação e o preconceito.
• Laicidad y secularización: la tarea pendiente en la democracia colombiana. 
• Una mirada a la familia a partir de la Constitución Política colombiana. 
• La identidad de género como derecho humano: la legislación argentina.
• Una constitución política para la unión de los Estados latinoamericanos.



jueves, 5 de noviembre de 2015

Mi paso por el Colegio San Agustín de El Marqués




Hace unos días subiendo al Ávila por La Julia, tuve la grata sorpresa de toparme con Nelly, quien venía ya de bajada, quien además de amiga desde la niñez del Colegio San Agustín,  era vecina de La Urbina.

Como es común en ese tipo de encuentros casuales, luego de la salutación, la conversación giró en torno a preguntarnos recíprocamente sobre los conocidos, si habíamos pasado por el colegio, que será de la vida de los profesores, conversamos sobre ellos, las cortas visitas que les hemos hecho, en fin. Tratar de ponerlos medianamente al día de cosas que ya no eran de nuestra actual y madura cotidianidad.

Nos despedimos, ella siguió vía caracas, y yo, hacia el tanque…..

Que pasó…. Que desde ese momento, y mientras subía, no dejaba de pensar y recordar tantas experiencias, tantas amistades, tanto aprendizaje, tanta vida…. Incluso luego de ese día tuve un sueño en el que me encontraba en una fiesta y estábamos todos. Como es usual en lo ilógico de los sueños, son atemporales, pasas de una situación a otra, de una conversación a otra, lo único que era permanente es que tenía en la mano un vaso de buen güisqui, como esos que podía uno disfrutar hace pocos años y quien por razones de políticas monetarias estamos todos en mayor o menor grado mantenerse en la práctica, en fín…

Allí compartíamos y comentábamos, y nos preguntábamos, de donde habían salido esas barrigas, canas y calvas…..,  y como no, nos preguntábamos ¿cuándo perdimos nuestro país?, los que se han ido, los que quieren irse, los que están, los que han vuelto, los que no hemos tenido oportunidad de saludarnos…..

Simplemente quiero utilizar este pequeño momento para hacerle llegar a todos mi agradecimiento por haber estado en tan importante momento de mi vida como lo fueron mis pasos por el Colegio San Agustín,

Estoy tentado en mencionar nombres y anécdotas, de amigos, compañeros y profesores, pero además de contrariar la intención de estas cortas lineas, ya que se escribiría prácticamente un libro, podría resultar mayor dificultad mencionarlos a todos, los que nos graduamos juntos o no, ciencias y humanidades, los que tuvimos contacto más cercano luego de graduarnos, los que nos hemos acompañado en momentos de pérdida de familiares y nos hemos brindado apoyo y ofrecidos los hombros para calmar las penas, en fin muchas son las experiencias que nos unen.

Simplemente quiero manifestarles mi gran cariño y agradecimiento por haber estado y formado parte en una de las etapas más amenas y agradables de la vida.

Y ya que gracias a Agustín es que nos hemos topado en esta vida, en este magnífico país en el momento que nos tocó conocernos y compartir y al que estamos obligados de rescatar, quiero finalizar con dos pensamientos del propio San Agustín.

Obedeced más a los que enseñan que a los que mandan….

Nadie puede ser perfectamente libre hasta que todos lo sean…