domingo, 28 de agosto de 2016

CLAVES PARA ENTENDER EL GOLPE DE ESTADO…


… de 1851-1852 en Francia

Hace unos meses publiqué en el blog un trabajo que denominado “¿Qué es un Golpe de Estado? ¿Quiénes son sus víctimas?”, de manera general refería al antecedente como golpe de Estado que diera el llamado Príncipe Presidente Napoleón III (http://www.chinohung.com.ve/2016/05/que-es-un-golpe-de-estado-quienes-son.html). Ahora bien, en una investigación ulterior sobre el tema, en la que relacionaba la situación de Francia hacia la segunda mitad del siglo 19 con lo que aconteciera en nuestro suelo patrio en el mismo período, lo que nos obliga a  analizar lo ocurrido desde 1847 en adelante, me conseguí con un magnífico material en internet, una espectacular página en francés sobre la resistencia republicana al golpe de Estado de 1851,  entre el que se encuentra un trabajo de Philippe VigierLe coup d’Etat de Louis-Napoléon Bonaparte”. La página es “Association 1851 pour la mémoire des Résistances républicaines” (http://1851.fr/auteurs/vigier/).

¿Qué ocurría en Venezuela, durante ese especial período?

Las reflexiones de hoy serán dedicadas a entender el Golpe de Estado en Francia de 1851, pero brevemente recordemos qué pasaba en nuestro país en ese tiempo.

En 1847 había ganado la presidencia José (nombre real, Judas[1]) Tadeo Monagas, y en 1848 había protagonizado su asalto al Congreso en el que resultasen varios representantes asesinados y heridos. Monagas al ser increpado que tal actuación era inconstitucional profirió su célebre triste frase: “la constitución es un librito que sirve para todo”.

Años más tarde, habiendo asumido por segunda vez la presidencia de 1855 a 1859, propició la constitución de 1857 con la intención, como la de todos los autócratas de perpetuase en el poder. Al año siguiente se vio obligado a renunciar para evitar el enfrentamiento y derramamiento de sangre entre venezolanos, pidiendo asilo a Francia, entonces II Imperio Francés, cuyo emperador era Napoleón III.

Volvamos al tema que nos interesa, lo que ocurría en Francia, el Golpe de Estado y sus claves para entenderlo.

En 1848, Napoleón III, había sido elegido presidente de la Segunda República Francesa, el llamado príncipe presidente; funciones de presidente que ejercería conforme la Constitución del 04 de noviembre de 1848 por cuatro años únicamente, período que en que al finalizar no estaba prevista la reelección. Acercándose la finalización del período presidencial, y como ha ocurrido siempre en la historia de la humanidad, la intención de los autócratas ha sido  y es la de perpetuarse en el poder; el propio Napoleón III, el príncipe presidente, atesta en 1851, uno de los primeros antecedentes de lo que se conociese como “Coup d´Etat” o “Golpe de Estado”; que consistió en un primer acto como lo fue el famoso decreto del 02 de diciembre de 1851, mediante el cual, el presidente, en nombre del pueblo francés, disolvió la Asamblea Nacional, declaró un Estado de sitio suspendiendo las garantías constitucionales, abrogó la ley de elecciones pasando a restablecerse el sufragio universal, solo masculino, y convocando a un plebiscito mediante el cual se aprobaría una nueva Constitución.

No hacen falta mayores conocimientos de la lengua francesa para entender el contexto y alcance del Decreto. A continuación ejemplar del afiche publicado en las calles de París en la madrugada del 02 de diciembre de 1851:






y convocatoria en el que se le otorgan poderes al presidente para dictar una nueva constitución:




El 14 de enero de 1852, en Francia, se adoptaba un nuevo texto constitucional mediante la cual la institución de la jefatura de Estado y de gobierno le correspondían ya no de manera limitada cuatro años al presidente, sino que se extendió a diez años sin restricciones en cuanto a la reelección, jefatura que sería ejercida por Napoleón III. Surge así el II Imperio Francés, y su Emperador, no más que un simple dictador, Napoleón III. Llamado Imperio que duró hasta la muerte de su emperador en 1870.

De las claves para entender ese “Coup d´Etat”, ese “Golpe de Estado”, observamos que no necesariamente ha de provenir de agentes ajenos al poder, de quienes lo ejercen. La observación ha de hacerse ya que suele entenderse, erróneamente, que los golpes de Estado son solo aquellos que dan las fuerzas armadas y ello no es así. En el caso de Napoleón III, al igual que de Monagas, observamos que son perpetrados desde el mismo poder y con la intención de perpetuación en su ejercicio.

Esa clave, a su vez nos dirige a otra, y es que en modo alguno debe considerarse que los golpes de Estado se dirigen exclusivamente contra “las personas” que ejercen el poder, es decir, contra tal o contra cual persona específica. Tal como se señalase en el trabajo anterior sobre el tema, las víctimas, los sujetos pasivos de los golpes, son el propio Estado, en especial bajo el ejercicio de gobiernos legítimos, es por ello que se observa en la historia que constituye igualmente un golpe de Estado que poderes distintos al ejecutivo, como lo puede ser principalmente sectores de las fuerzas armadas con la procura de ejecutar un golpe dirijan  su acción a la jefatura de Estado o de gobierno, pero igual Golpe de Estado es que la propia jefatura sea quien lo haga, lo que con el tiempo se ha referido como auto-golpe o golpe de palacio, pero visto que el antecedente de Napoleón es el clásico y el tradicional, el originario, el que dan los autócratas desde el poder mismo para perpetuarse en el poder, no puede pasarse desapercibidamente que quienes en determinados momentos de la historia ejercer la jefatura, estén allí como consecuencia de un golpe de Estado o que para mantenerse en su posición acometan hechos asimilables a múltiples golpes de Estado, muchos de apariencia legítima.

Otro aspecto de sumo interés, es que tales golpes no han de verificarse en un único acto, ni tampoco tienen que ser expresos o estrepitosos. Con el desarrollo social, tienden a ser cada vez más solapados y hasta silentes, ello para procurar como todos, un velo de legitimidad. Así como la delincuencia general se adecúa a nuevos tiempos y tecnologías, los dictadores hacen lo propio.

Siempre los autócratas y dictadores, señalarán que sus actuaciones tienen sustento y a su vez como finalidad al propio pueblo, en su beneficio, y claro está en la propia soberanía. Observemos pocas líneas arriba el contenido del decreto del príncipe presidente Napoleón III, que prácticamente se rasga las vestiduras por su pueblo francés, incluso cuando restablece el voto universal masculino. Así ha sido, es, y será de todo régimen totalitario, que busca una ilusión de constitucionalismo y legalidad de su actuación, como si el hecho de contar con una constitución a su medida (minúsculas intencionales), validara de alguna manera las violaciones y abusos.

Mencionamos que tampoco un golpe de Estado se verifica en un acto único. No es así, por lo general existe un hecho principal, y luego diversos otros ejecutados como consecuencia de este primero que se puede tener como el propio acto del golpe de Estado. Pero también puede verificarse que de los múltiples actos, o hechos, tengan además de la importancia general de su interrelación y sucesión, lo que muchos han denominado un golpe continuado para mantener a los golpistas en el poder, tengan su propio gran valor individual.

En el caso del Golpe de Estado de Napoleón III, el acto originario y principal fue el decreto del 02 de diciembre de 1851, pero el golpe de estado en su consumación general y el mantenimiento en el poder no ya como presidente, sino como emperador, o más adecuadamente dictador, va acompañado de múltiples actos de sostenimiento del golpe, que pueden resultar de la ejecución del acto primigenio o no. En el caso del golpe francés de 1851-1852 y que durase hasta 1870, entre otros acontecimientos podemos mencionar: disolución de la Asamblea Nacional, Estado de sitio o de excepción, plebiscito para dictar una nueva constitución (con minúscula), aprobación de una nueva constitución en enero de 1852[2], desarticulación  de los poderes públicos, y así.

Con las claves que aquí de manera muy general se esbozan, la intención es la de suministrar herramientas,  que pueden tomarse en cuenta o no, para que con conciencia crítica el lector, ante los hechos históricos que bien pudieran parecer muy lejanos en el espacio y en el tiempo, pero que en modo alguno lo son, forme su propio criterio sobre la influencia en la historia universal de ese personaje que fue Napoleón III, el golpe de Estado que dio y el texto constitucional que promovió, especialmente sobre lo que es el constitucionalismo.

En conversaciones con profesionales con conocimientos en ciencias políticas y sociales, de filosofía e historia, especialmente de derecho constitucional,  sostenidas previamente al presente ensayo y en las que surgieran profundas reflexiones sobre esa decimonónica época que nos marcara hasta nuestros días, por supuesto que no escaparon las correspondientes precisiones sobre los aciagos momentos que padece Venezuela en el Siglo XX y la manera como recibió el Siglo XXI. Reflexiones, precisiones, afirmaciones y conclusiones que darían lugar a preparar no sólo una entrega del blog, sino obras que contarían de múltiples y amplios volúmenes.

Algunas de las tesis que surgen en dichas tertulias y que ameritan su mayor estudio y análisis al que se invita a ahondar, y para cual pudieran ser de ayuda las claves aquí expuestas, es que el último y más reciente golpe de Estado asestado contra el Estado venezolano, tuvo como hecho o acto con relevante importancia el día 02 de febrero de 1999, fecha en la que algunos pueden afirmar se concretó el golpe del que se sustenta la actual jefatura, cuando quien se juramentase como jefe de Estado, lo hiciera desconociendo el orden constitucional existente, incluso hay quienes afirman que no sujetándose a las fórmulas de juramento establecidas desde la creación de la república, tal acto es totalmente inexistente y por ello el ejercicio de la jefatura ilegítimo.

Se ha comparado el procedimiento de adopción de una nueva constitución con el mismo fin y propósito de Napoleón III de perpetuación en el poder, y que la ejecución de los actos del poder público referidos en ese texto constitucional no hacen más que mantener algo similar al régimen imperial de la Francia luego de 1852, que no fue más que una dictadura que duró 18 años, y que luego pasó a la Tercera República Francesa, que pudo suportar grandes embates de la historia antes que cediera en la Segunda Guerra Mundial.

Como se observa, nada fácil emprender esta tarea al estar próximo a acabarse el espacio dispuesto para este ensayo, por lo que dejo nuevamente al lector someta a su consideración personal este tema, formulando su particular opinión y moraleja, que en mi criterio personal sería la vigencia, hoy más que nunca, la resistencia de los ideales republicanos, de la verdadera república, ante los golpes de Estado que han mantenido en el poder a tantas dictaduras y regímenes totalitarios que dicen ser constitucionales y democráticos, y que para ellos tales expresiones no son verdaderos ideales sino simples sofismas y falacias acomodaticias para perpetuarse en el poder.


Fotografías tomadas de Association 1851 pour la mémoire des Résistances républicaines
Decreto del 02/12/1851: http://1851.fr/wp-content/uploads/2016/02/affiche_0212.jpg





[1] Su verdadero nombre era “Judas” Tadeo Monagas  y no José Tadeo. Nombre que coincide con el día de nacimiento la fecha de su santoral, el 28 de octubre.
[2] En página de internet del Consejo Constitucional de la República Francesa pueden observarse la Constituciones de 1848, de 1852, y todas las demás Constituciones de Francia. Asimismo hay una sección con todas las Constituciones de diversos Estados.

miércoles, 17 de agosto de 2016

Un nuevo aumento de sueldo, nuevamente más pobres



Hace pocos días se anunció un nuevo aumento salarial, el cual como siempre fue acompañado por parte de sus promotores y quienes lo apoyan como si el mismos fuese una gran reivindicación y que ayudaría a enfrentar las adversidades económicas actuales.

En este estado de cosas, en realidad no hace falta ser un genio de las finanzas ni de la economía, tampoco estudios profundos en cualquier área del conocimiento; es más, siquiera saber leer o escribir, para saber que cualquiera sea el incremento, porcentual o simplemente nominal, siempre va a estar por detrás del costo de la vida. pues lo que se paga por cualquiera sea los bienes y servicios, ello aumentan exponencialmente su valor.

Y es que pareciera que no quisiéramos entender, ni a los golpes, que las riquezas de un país, a pesar de que pueda medirse tomando en consideración una unidad monetaria determinada, ello no se agota allí, sino Zimbabue hubiese resultado prácticamente el país más rico y próspero en la historia de la humanidad.

(véase la opinión anterior “100 trillones de dólares … Harare a Caracas”. http://www.chinohung.com.ve/2015/06/con-100-trillones-de-dolares-para.html
y “¿Cuánto cuesta en realidad un dólar?”.

Nos estamos alejando, o mejor aún, intencionalmente nos han alejado de lo que representa la verdadera riqueza de una sociedad, su libertad, su libertad en el sentido más amplio, su libertad personal, su libertad de intercambio, libertad de mercado,  libertad de intercambio de divisas, su libertad de prensa y opinión, su libertad de poder comprar lo que se desee.

No en vano la historia ha demostrado que los países más libres son aquellos que son materialmente más prósperos, y lo que se traduce en una riqueza monetaria mayor, que es consecuencia y efecto de la libertad. Por el contrario, todas aquellas sociedades que han estado sometidas a regímenes dictatoriales, antidemocráticos y violadores de derechos humanos, suelen ser aquellas sociedades cuya calidad y nivel  de vida son paupérrimas y muy por debajo de los estándares generales. Sociedades en las que se verifican numerosas fallas de servicios públicos, seguridad ciudadana, alimentación, salud, educación, transporte público, fallas energéticas,  telecomunicaciones, controles de cambio, y así muchos otros desmanes más. ¿Conocen alguna sociedad en la actualidad así?

Resulta que desde hace 17 años, Venezuela se ha empobrecido nominalmente más de 160.000%, entiéndase “CIENTO SESENTA MIL POR CIENTO”. Que parte no entendemos, y ello no es más que consecuencia de las faltas de libertades, falta de democracia.

En efecto el problema económico es grave, pero no es una causa en si mismo, es solo la natural consecuencia de regímenes absolutistas,  es así ha sido así, y será así en la historia de la humanidad, todos los antecedentes lo demuestran, y no podrá en modo alguno salirse del atolladero sino por el lugar por el que entramos, estos es, apartándonos de toda práctica que no sea democrática, de libertades, entre ellas la libre empresa.

Y es que vivimos en un país plagado de obstáculos, todo es un obstáculo, incluso en el plano teórico y conceptual antes de pasar al plano de las realidades, todas las normas y directrices, para cualquiera sea la actividad que pretendamos emprender son tenidas e interpretadas como limitaciones y obstáculos que debemos superar cuando la realidad es que debe ser concebido de la manera contraria, esto es, para que se puedan hacer las actividades y negocios, para ser libres, para crecer, para prosperar.

Aprovecho esta  nueva entrada para destacar una importante obra relacionada con las reflexiones anteriores como lo es el libro disponible en formato digital “Socialismo del Siglo XXI, Después del boom de las materias primas”, en el que se señala como su introducción lo refiere  el “auge y deterioro de un modelo estatista y derrochador”, y en el que se estudian los cercanos casos de Argentina, Bolivia, Ecuador y claro está el de Venezuela.


Nuevamente, la intención no es otra que con conciencia crítica cada quien arribe a sus propias conclusiones.



Imagen: Portadas del libro “Socialismo del Siglo XXI, Después del boom de las materias primas”

martes, 9 de agosto de 2016

50 años en el foro judicial venezolano



50 años en el foro judicial venezolano

Una mirada crítica a la actual situación de la administración de justicia con ocasión a los 50 años de Roberto Hung y Asociados.

I

El día de hoy, se cumplen 50 años desde que se graduase en la promoción Dr. José Román Duque Sánchez de la Universidad Central de Venezuela, mi padre Roberto Hung Arias.

Si, son 50 años, que, desde que recibiera su título e inscripción en el instituto de Previsión Social del Abogado como requisito para el ejercicio de la profesión, incansablemente lo hizo hasta su último aliento hace diez años. Mi papá, el chino, no obstante su particular carácter, estoy seguro que para todos quienes lo conocieron y tuvieron la oportunidad de compartir con él como profesional del derecho, en efecto constituye ejemplo de constancia y dedicación a la carrera, lo que tuvo la oportunidad de confirmar durante sus últimos meses de de vida terrenal, al asistir con el mismo entusiasmo de siempre, a todas las audiencias y  actos procesales en ese aciago año de 2006 le tocó llevar. Aún recuerdo con claridad las notas en su agenda y calendario en las que alternaban la fijación de actos procesales como contestaciones de demandas, testigos, presentación de informes, asistencia a actos académicos y gremiales, entre otros, con las sesiones de quimio o radio terapia, y con puntualidad y buena actitud asistía a todas ellas.

No fueron fáciles esos momentos, pero en fin, un día a la vez, resolviendo uno a uno los asuntos mientras pudo hasta el último momento, baste decir que iniciadas las actividades tribunalicias luego del receso judicial de 2006, ya contaba con todos los informes, contestaciones, y demás escritos debidamente impresos y firmados, solo a la espera de la oportunidad de su consignación. Muchos de ellos tuve que reimprimirlos en su última página para suscribirlos y presentarlos yo. Se imaginarán, tarea tampoco fácil, pese al orgullo que sentía de continuar las estrategias procesales por él elaboradas y que luego se convirtió en el seguimiento general de la firma no obstante las necesarias adecuaciones y replanteamientos a nuevos tiempos.

Ante las dificultades que hoy nos ha tocado experimentar en estos últimos años, en la que el foro jurídico, en especial el judicial, el cual mi padre tuvo ocasión de conocer muy bien desde su interior, por haber sido funcionario judicial desde tiempos en los que apenas era estudiante de derecho, primeros años de la década de los sesenta, y luego entregar toda su vida al litigio; a menudo en la oficina nos preguntamos cuál hubiese sido su opinión frente a la destrucción a la que ha sido sometido el sistema de administración de justicia que padecemos por parte de este régimen absolutista del siglo XXI. Seguramente estuviera sumido en una gran tristeza al ver como todo lo que fue su entorno más preciado durante su vida, los tribunales venezolanos, principalmente los civiles y mercantiles, la entonces Corte Suprema de Justicia, posteriormente acercándose a sus últimos años, más hacia la materia administrativa y constitucional, y así al veces referido Tribunal Supremo de Justicia, de manera catastrófica la función jurisdiccional, la mística y profesionalización de los funcionarios judiciales, desde los más altos funcionarios como los magistrados del máximo tribunal, hasta los funcionarios de asistencia y administrativos en un tribunal de municipio, avergüenzan el deber ser de la administración de justicia, y deshonran la majestad que en otrora tiempos les era propia.

A lo dicho, ha de agregarse que afortunadamente dentro de tanta destrucción, intencional e insidiosa, aún pueden observarse muestras de vocación, de buenos profesionales, de deseo de hacer este un país mejor, un mundo mejor, y sé que esa es la visión que mi padre pudiese tener y la razón de seguir apostándole a la justicia venezolana a pesar de la adversidad, y es lo que motiva a que hoy, aniversario de la graduación de la Promoción de Abogados de la Universidad Central de Venezuela Dr. José Román Duque Sánchez de 1966, escribir estas líneas y a formular las necesarias reflexiones, y que estarán dispuestas en dos principales sentidos, el primero, los 50 años desde que iniciara la gesta de la firma, de la idea del ejercicio profesional de manera personal y directa a quienes lo necesiten y así lo requieran, ideal del que hoy me enorgullezco de mantener con vida en el foro jurídico, judicial y académico; y por otra parte, una visión crítica de la actividad judicial en general, desde los años 60 hasta esta segunda década del Siglo XXI.

II

Es sencillo decirlo, pero son 50 años, bueno, un poco más, desde que el hijo del chino, ya gastaba suelas en los tribunales de la República, primero como amanuense y un par de veces luego como Secretario, hacía del foro judicial caraqueño su estilo de vida, como dicen, su pateadero. Era la Venezuela de los años sesenta, en la que al graduarse no solo de la UCV, con los profesores de más alta calidad de la región latinoamericana, y lo que aún hoy le es característico, sino de todas las universidades de la época, de cualquier  institución de educación superior, media e incluso de bachillerato, otorgaban luces y herramientas intelectuales suficientes para formarse y formar una familia, para adquirir una vivienda, una oficina, para formar un país, u  país en el que bien se fuese originaria o un hijo de un inmigrante que siquiera hablaba la lengua de Cervantes podía superarse, era la Venezuela de la democracia.

Desde agosto de 1966, pudieran contarse por miles, los asuntos encomendados y atendidos por la firma, y por cientos todos los abogados y demás asociados, sus pasantes y asistentes, así como el personal administrativo y de asistencia, o los clientes que han pasado a ser más que amigos, prácticamente familia, y que todos hemos hecho vida en la oficina, desde la ubicada entre las caraqueñas esquinas de Torre a Madrices, en los 60 e inicios del 70, de Traposos a Chorro, de los 70 al 2000, o en la actualidad en la Avenida Venezuela. Incontables son los casos, infinitas las experiencias, innumerables los aprendizajes, tanto en las buenas como en las no tan buenas, muchos hemos sido quienes nos hemos acompañado cuando hay que tragar grueso, pero siempre sabiendo que como siempre hay que llevar un día a la vez y “todo pasará”, así como también hemos disfrutado tiempos en que hemos estado más o menos holgados, y aprovechamos ver en qué nuevo experimento nos metemos, así como en la vida.

Es natural que quiera traer a las reflexiones el nombre de muchos, tanto referenciales ya que no los conocía, sea por siquiera yo existir en los 60, o bien por haber sido yo muy joven y no haber participado en esos primeros años de formación de la firma, pero lo que si percibo y recibo a diario que paso por el foro judicial, son los saludos con mucho aprecio. Como señalase, pueden fácilmente contarse de cientos las personas que de manera directa o indirectamente se relacionasen en el foro con la firma, son 50 años, los 40 que directamente protagonizara mi padre, y más recientemente, hace 10 años, cuando el destino puso en mi, las riendas de llevar hacia adelante esa maravillosa idea que se hizo realidad, lo que espero poder llevar a la altura que demandan estos tiempos y que hoy cumple medio siglo.

No me cansaré de repetir, cuantas anécdotas, cuantos personajes. Quería hacer un recuento, aunque fuese general de los abogados, de los pasantes, asistentes, del personal administrativo, de los allegados, pero comprenderán que no es tarea fácil, por un lado por lo arduo y complicado de recurrir a los testimonios de otros que han tenido una participación previa a la mía, y por otra parte, y que constituye mi mayor preocupación, es que seguramente siempre existirán personas a las que no pueda referir, especialmente porque no tocó en mis tiempos conocer y compartir, además que sería totalmente injusto mencionar y referirme a unos sí y no a otros, cuando la verdad es que todos quienes hemos convivido en esa interesante experiencia de compartir la idea de Roberto Hung y Asociados hemos ayudado a forjar lo que somos. 

No obstante a que deliberadamente me resisto a mencionar a alguna persona en particular en la historia de la firma, ya advertí, sea abogado, pasante, asistente secretaria, personal técnico, quien sea, para evitar dejar de agradecer o mencionar a alguno en particular que pudiera pasar por alto, en efecto hay un particular personaje que es quien ostenta en la firma la mayor antigüedad, 34 años, y a quien quiero hacer una especial mención y dedicarle un muy merecido agradecimiento. Tengo el pleno conocimiento que todas aquellas personas a quienes en modo alguno menciono, y me resistiré en hacerlo, asentirán sobre su particular importancia, es el señor José Alberto Delgado, quien desde julio de 1982, ha formado parte de esta familia, y quien estoy plenamente seguro ha contado con el aprecio y total confianza de mi padre, quien con su personalidad y siempre buenas vibras e intensiones ha contribuido al desarrollo y crecimiento, no solo de la firma, sino de cada uno de nosotros que ha tenido la oportunidad de compartir con él.

Don Alberto, en el nombre propio, en el de la firma, en el de mi familia, el cual asumo en este momento, y en el nombre de todos los asociados, allegados, pasantes, asistentes, personal administrativo, todos, que estoy seguro confirman estas palabras, por ser tú la persona más insigne de esta idea hecha realidad, muchas gracias; no existen palabras para agradecer lo que has hecho por todos nosotros de tres décadas. Gracias por tus palabras, tu apoyo, tu ayuda, sin las que hubiese sido posible la necesaria cohesión en el equipo por el que hemos conformado. Mi papá te lo agradece, y yo te lo seguiré agradeciendo siempre.

III

Arriba señalé que dedicaría la parte final de la reflexiones en esta entrega a formular una apreciación crítica de lo que han sido los últimos 50 de la administración de justicia, no porque personalmente haya experimentado todos esos 50 años, aunque sí los últimos 26 y de los que se han verificado importantes cambios, entre ellos la aprobación de un nuevo texto constitucional que de manera expresa dispone que el proceso es instrumento fundamental de la justicia, lo que materialmente muchas veces ha sido así. En 26 años, algo son los pasillos del foro judicial que pueden andarse, más que pasillos, muchas son las escalinatas vinculadas con el ejercicio de la profesión, especialmente en el litigio, los he caminado, los he vivido, disfrutado, y en efecto últimamente padecido. Entonces, ese tiempo vinculado con el foro venezolano, particularmente la justicia civil, desde los otrora tribunales de parroquia hasta el hoy Tribunal Suprema de Justica, y además de haber escuchado no un testimonio, sino declaraciones de un protagonista como lo fue papá desde su pequeño escritorio y máquina de escribir como amanuense desde 1961, creo tener una idea general del tema.

Empezaré la idea con una dolorosa y cruda conclusión, y es que el sistema de administración de justicia en Venezuela, el poder judicial de manera general, nunca antes desde que nos declarásemos un Estado libre, una república independiente, había estado tan alejado de su esencial misión de procurar la justicia, de ser imparcial, de ser autónomo e independiente. Sí, hay que admitirlo, la corrupción en el poder judicial es total y ha alcanzado todos y cada uno de los aspectos relacionados, desde los más elementales como lo son las instalaciones donde operan los distintos tribunales y los instrumentos necesarios para su funcionamiento (siquiera tienen papel ni grapas y deben los usuarios suministrarlos), hasta las decisiones dictadas por las más altas instancias se encuentran expuestas ante las prácticas de corrupción que han buscado medios para infestar a todo el sistema.

No me desgastaré en hacer un desarrollo extensivo sobre el tema de la corrupción del poder judicial, y lo entredicho que se encuentra su debida independencia y autonomía, o las rutinarias, frecuentes, diarias y generales prácticas colusivas, que han dejado de ser un secreto a voces y más que aceptadas son promovidas desde las altas esferas, lo que a su vez las han llevado a prácticas extorsivas que van por el mismo camino de ser abiertamente aceptadas y luego pudieran ser directamente propiciadas. Ya sobre ello dediqué algunas ideas en otro trabajo de mayor extensión que se encuentra en fase de revisión sobre Corrupción y pobreza en Iberoamérica y que una vez sea publicado bueno será someterlo a discusión y claro está a críticas, pero del cual simplemente quiero tomar para estas reflexiones la difícil afirmación que en el sistema de administración de justicia venezolano actual, todas las actuaciones judiciales, sin excepción, desde las más simples y esenciales como la del acceso a un expediente para su revisión, hasta una sentencia en la más a la instancia jurisdiccional y en la que se haya de emitir un pronunciamiento sobre el alcance de derechos fundamentales, no son más que mercaderías sujetas a un precio que el mejor postor pueda pagar, que por lo general serán aquellos a quienes no les asiste ni la razón ni el derecho, pero logran adquirir un acto en forma de sentencia para encubrir sus ilícitas actuaciones.

Siempre habrá quien señale que en tiempos pasados también ha habido prácticas corruptas y desviaciones en la administración de justicia venezolana, y en efecto ha sido así, no podemos negarlo, incluso podemos retroceder a los propios antecedentes en la época independentista como el proceso que se le siguió al General Manuel Piar y del que resultó condenado a muerte en 1817 por los delitos de lesa patria, traición y conspiración, en un juicio que no habrá quien lo califique de vil montaje y fraudulento-, -hoy no se condena a la pena capital por fusilamiento pero si a su equivalente,  y así muchos otros graves episodios, de nuestra historia, y en modo alguno podemos pretender justificar desviaciones y perversiones sin importar cuando hayan ocurrido, pero la situación actual del poder judicial respecto a la existente hace 50, 25, 20, 17, o hace 10 años, es una muestra patente del mayor deterioro institucional que puede existir en nuestra sociedad.

Son muchos los años en el foro, muchas las personas relacionadas con la función judicial que ante presiones y amenazas no pueden libremente manifestar los graves hechos de lo que son testigos, coimas, muchas de ellas incluso en moneda extranjera, instrucciones expresas de no recibir ni tramitar acciones judiciales contra tales o cuales personas, alteración de actas procesales, sentenciar abiertamente favorable a tales personas, favorecer prácticas desleales, y hasta delictuales de determinados grupos, cualquier cantidad de prácticas más que corruptas, abiertamente criminales, que ante la confianza de simplemente sentirse escuchados por alguien que pueda ser medianamente objetivo, tal vez por necesario desahogo de informar los desmanes que día a día observan, nos hacen saber situaciones que parecen de ciencia ficción, pero acallados como se encuentran, ven en quienes no tienen compromiso con grupos políticos, económicos o de cualquier otro tipo, o que puedan ejercer presión directa, una manera de que sus voces sean escuchadas.

Será además de imposible, totalmente ajeno a la brevedad que ha de caracterizar este tipo de trabajos, desarrollar tantos aspectos sobre la administración de justicia y como se ha visto afectada en estos 50 años, pero dejo algunos puntos que cada quien pueda analizar e invitarles a formar su propia concepción crítica, como pueden ser entre otras, la situación actual infraestructura y equipamiento de los tribunales de la república que desdicen de la majestad que amerita la administración de justicia; la vigencia material de normas procesales y la grosera invasión e usurpación por parte del ejecutivo en la actividad jurisdiccional, lo que lejos de propender decisiones justas y ajustadas a derecho, son una limitación y restricción al acceso a la justicia, generan retardo procesal; los problemas de ejecución material de sentencias, la falta de adecuación a nuevas tecnologías que hagan el proceso más viable, la brevedad y oralidad que solo existe en papel pero que en el foro real son solo utopías, o mejor dicho materiales distopías, y así muchos temas que son de gran importancia, pero quiero destinar la reflexiones específicas a lo que considero uno de los aspectos más esenciales de a administración de justicia, al funcionario judicial, y entre ellos, al juez, sobre quien en abstracto recae la vital responsabilidad de sostenimiento del propio Estado de derecho, y el que en todo momento ha de ser independiente y autónomo del resto de los poderes públicos, lo que en los últimos 17 años ha estado en entredicho.

La ya preocupante falta de autonomía e independencia del poder judicial se agrava con la falta de estabilidad en la carrera judicial de quienes tienen verdadera vocación. En su mayoría, quienes ocupan cargos de jueces no son titulares, por lo que pueden ser libremente removidos sin ninguna verdadera razón, y aquellos que son designados de manera temporal, incidental o accidental, no son más que piezas políticas y ello se hace por compartir una misma línea ideológica o partidista, sin que tengan la preparación necesaria para tales funciones, incluso se ha sabido de casos de personas que han sido designadas jueces y que jamás habían siquiera pisado un tribunal sino hasta el momento de asumir el cargo.

Situaciones como la anterior, hace que tales operadores sean mucho más susceptibles a que sus decisiones puedan verse influenciadas por directrices políticas sin atender al examen jurídico de los casos, debiendo entonces estos operadores verificar si los fallos que emiten pudieran afectar intereses de personeros políticos o de sus allegados, y puesto que se les instruye a veces que han de decidir a favor de estos, es evidente la vulneración de la necesaria autonomía e independencia, mientras que, al no ser siempre visible a favor de quien pudieran proferir su decisión, ante el riesgo de afectar los intereses de “alguien”, no se dicta sentencia alguna, lo que a su vez es otra violación, la de restricción al acceso a la justicia.

A lo anterior hay que agregar, que ante tales situaciones, se genera en los usuarios del servicio de administración de justicia, la inducida práctica que para lograr una decisión en determinado sentido o contenido, o simplemente que la misma no se produzca, ello sea posible mediante alguna dádiva u otro favor personal, casi siempre económico, que ante una situación generalizada de afectación del poder judicial, se extiende en toda su estructura.

Para engrosar aún más los ingredientes de esta tormenta perfecta, en cuanto a la preparación académica y mejoramiento profesional, debemos destacar su deficiencia, lo que se traduce en criterios y conocimientos que no están a la atura de las exigencias de las funciones a las que están llamados a cumplir, mientras que aquellas actividades de formación promovidas por el sector público, tanto de jueces como el resto del funcionariado judicial no son más que formas de adoctrinamiento político. Cualquier programa de profesionalización de contenido jurídico y sin sesgo ideológico que desee efectuar algún funcionario judicial, además de tener que hacerlo con sus propios medios, pudiera incluso ser altamente recomendada su no realización para no afectar su permanencia en el poder judicial.

Y como aún quedan aspectos críticos que destacar, como si no fuera poco lo advertido, muy grave es que carecen los funcionarios judiciales en su totalidad, inclusive los jueces, y hasta las más altas magistraturas, de una remuneración acorde con sus funciones, lo que se extiende a las pensiones y jubilaciones, y no solo que los sueldos en modo alguno se identifican con la vital importancia en la sociedad de lo que es la administración de justicia, lo que agrava el ambiente propicio para las prácticas corruptas, lo que en los últimos 15 años se ha visto empeorado, que de por si nunca fue la mejor, otros servicios de gran importancia como el de atención médica, medio ambiente de trabajo, y muchos otros beneficios que lejos de mejorar pese a que constantemente se vociferan reivindicaciones sociales, muy al contrario, lo que es evidente en una gran pauperización de la calidad de vida de la población en general.

Desde archivistas, asistentes, relatores, y hasta jueces de tribunales de altas instancias, cada vez más, señalan abiertamente la dificultad, y hasta la imposibilidad de cubrir sus obligaciones familiares, alimentos, educación de los hijos, poder conseguir un lugar donde vivir, arrendar, adquirir un hogar, hacer y formar una familia, y así con cualquier otra obligación que en una sociedad moderna un funcionario de similar naturaleza debería poder sufragar sin que ello sea algo extraordinario, sin que haya de hacer esfuerzos sobre humanos, sin que sea inducido a prácticas corruptas para subsistir.

Grave, muy grave la situación planteada. Subo la mirada a las líneas anteriores, releo su contenido, y en realidad me entristece el escenario descrito, me genera decepción, muchos temores, indignación, y hasta rabias y malestar; pero, ¿Qué hacer? ¿Para qué luchar? ¿estaremos arando en el mar quienes creemos en un país mejor? ¿En un sistema de justicia eficiente?, y sin duda alguna me respondo, Sí, si vale la pena y demostraremos que si se puede lograr sacar a nuestro país de la pesadilla en que lo han convertido,  rescatarlo de las garras de quienes han utilizado al Estado, y principalmente al poder judicial como instrumento para sus fechorías.

No todo está perdido, producto de ese ir y venir por el foro judicial con un buen ojo avizor pueden observarse que tampoco todos los funcionarios judiciales son corruptos, ni todos los jueces están tarifados. Así como pueden observarse día a día todas las atrocidades y desmanes que en líneas anteriores se relataran, y de los incontables testimonios de bajas e inmorales prácticas que ensombrecen la idea de justicia, también puede verse el fulgor y brillantez, de quienes se niegan a sucumbir ante el  monstruo de la corrupción y los personajes abominables absolutistas. Muchos son quienes no obstante la adversidad, creen en dar lo mejor de sí; verdaderos jueces, verdaderos juristas, verdaderos funcionarios judiciales que con resiliencia todos los días estudian y enriquecen no solo sus criterios jurídicos sino también su espiritualidad, tanto los que actualmente son funcionarios,, como los que lo han sido en el pasado, incluso los que lo serán en el futuro, y que saben el verdadero, alcance y contenido de la justicia y que sus conciencias no tienen precio alguno, funcionarios judiciales que han podido experimentar el deterioro en sus condiciones de trabajo y calidad de vida en estas últimas décadas y que todos los días se preparan, que no desaprovechan ni un solo caso, ni una sola experiencia para aprender de ellas, que reconocen el valor de los profesores y que ávidos de conocimientos no pierden la oportunidad de preguntarles en los tribunales sobre sus inquietudes.

No solo que no todo está perdido, y es que si bien la dificultades pueden a veces sacar lo peor del ser humano, hacen también lo contrario, sacan, destacan y afloran lo mejor, el deseo de sobreponerse, de alcanzar ese estadios superior tanto individual como general, sino que se cuenta con el mejor recurso personal y profesional, se observa, se siente y se percibe, que a pesar de tales adversidades, sobresalen los mejores profesores, en consecuencia, los mejores estudiantes, en todos los áreas del conocimiento, no soplo jurídicas, y en definitiva, los mejores ciudadanos, esos que sabrán cumplir con su responsabilidad y la misión que la historia les ha encomendado.

Como hace 50 años, el 9 de agosto de 1966, hubo quienes se graduaron enamorados del derecho y nos dejaron el respecto y el cariño por la profesión y su estudio, y hoy, 9 de agosto de 2016, otros nuevos abogados reciben sus títulos como abogados de la república, y entre quienes se encuentran jóvenes que me consta son también enamorados del derecho, y que con toda responsabilidad sabrán transmitir tanto sus conocimientos como los ideales de libertad, democracia y justicia que son menester en estos tiempos; mis palabras de reconocimiento, gratitud por no desfallecer ante las dificultades, y mis mayores  felicitaciones, así como mis palabras de apoyo, ánimo y esperanza de que todos los esfuerzos no han sido en vano, merecemos un gran país y lo tendremos.


Caracas, 09 de agosto de 2016. 

miércoles, 3 de agosto de 2016

La gestación de una constitución materialmente inconstitucional



El 3 de agosto, pero de 1999, tuvo lugar uno de los acontecimientos de mayor importancia en la historia de Venezuela, un hecho que marcó definitivamente un antes y un después. Se instaló la Asamblea Nacional Constituyente que en definitiva produjese el texto que hoy todos denominados Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, y cabe preguntarnos: ¿En qué ayudó? ¿En qué sirvió ese procedimiento constituyente? ¿Somos un mejor país? ¿Un mejor Estado? ¿Una mejor nación? ¿Mejores ciudadanos? ¿Vivimos mejor? ¿Somos más prósperos? ¿Tenemos más justicia? ¿Mayor seguridad?

Muchas son las preguntas y muchas más las dudas e inquietudes que se generan al tratar de dar respuestas a esas interrogantes, y las muchas otras que salen a flote cuanto se toca el tema

Como siempre, cada uno de nosotros debe responderse a sí mismo arribando a sus personales conclusiones, y las reflexiones que aquí se hacen no tienen  otra intención que la de generar conciencia crítica de tales situaciones, independientemente de las perspectivas y sentimientos que genere.

(¿Sabe usted el valor de la moneda nacional frente al dólar norteamericano en agosto de 1999? Era de Bs. 620,40 por dólar, 17 años después, iniciado el mes de agosto de 2016, es, según se mida de: (i) BsF. 10,00 es decir Bs. 10.000,00 por dólar a la tasa DIPRO; (ii) BsF. 644,64 es decir Bs. 644.640,00 por dólar a la tasa SIMADI, y (iii) la verdadera “sensación” de intercambio a la que las personas estarían dispuestas a materialmente “vender”, es de BsF. 1.003,00 es decir Bs. 1.003.000,00. Esto es, que el valor de intercambio de la moneda patria ha disminuido en más de 1.616 veces, o lo que es lo mismo, en sólo 17 años, por lo menos nominalmente, nos hemos empobrecido más de 150.000%. Aquí podemos ir sacando algunas conclusiones preliminares)

Tratemos cada uno de recordar quiénes fueron esos 131 representantes de pueblo que resultaron elegidos para tan importante misión. Sus luces, su ilustración y conocimiento en tal vital función. Salvo muy poco de ellos, la abrumadora mayoría, personas con casi, prácticamente, sin ningún conocimiento jurídico, menos aún constitucional. Ni siquiera sabían, ni aún ahora creo que sepan lo que es una Constitución. Entonces, hoy a más de tres lustros después, podríamos afirmar que  jamás el producto de esa misión podría ser llamado una verdadera Constitución en el sentido material. Claro está que contamos con un texto publicado en el órgano de publicación oficial, ello pese a que también se verificaron irregularidades entre la aprobada, la sometida a aprobación mediante referendo, la publicada en una primera ocasión y luego una segunda vez con una exposición de motivo que aún se desconoce su autoría ya que jamás se presentó a la aprobación de la asamblea.

Baste leerse el artículo XVI de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 para siquiera tener una idea de cómo en la época pre independentista se entendía lo que es una Constitución, y que muy lastimosamente desde los inicios de nuestra época republicana se desconoce, y hoy peor aún se reniega. En ese desconocimiento se encuentra el germen de muchos, la mayoría, de los males que hoy nos aquejan y de los que podemos encontrar sus antecedentes poco tiempo después de nuestro primer texto constitucional de 1811 y que valga recordar, una de las primera Constituciones no solo del continente americano sino del mundo, únicamente precedidas por las constituciones de los Estados Unidos de Norteamérica (1787), Francia (1791) y Haití (1801), por lo que es muy lamentable que siendo Venezuela uno de los primeros Estados en conformarse como una república y un Estado de derecho regido por una Constitución, a más de 200 años permanezca ciego en su alcance y significado, resultando en una situación material que podemos catalogar simplemente de Estado de cosas inconstitucional.

Señala la Declaración Universal:

XVI. Una sociedad en la que la garantía de los derechos no está asegurada, ni la separación de poderes determinada, no tiene Constitución.

Pero no, aquí no significa eso, aquí quisimos, o mejor dicho, nos indujeron, nos obligaron, a preparar un texto parecido a una Constitución pero con una finalidad totalmente contraria, y es que desde el inicio de toda esta locura, de toda esta barbarie que padecemos desde hace un poco más de 17 años, exactos hasta hoy,  hay quienes pueden decir, y nos les falta razón, que todo eso que se llamó el proceso constituyente de 1999, no fue más que una estratagema para deshacerse de una verdadera Constitución que limitaba el ejercicio de poder, para sustituirlo por algo no mucho distinto a una patente de corso que permitiera a sus promotores originarios y  luego a sus seguidores, a la abierta expoliación, al botín de guerra, algo que algunos pudieran denominar el derecho de conquista del siglo XXI.

Y es que desde el primer momento que se llamó a tal misión de “refundar la República”, era evidente que abiertamente se desconoció lo que en realidad es una Constitución, un instrumento de limitación y restricción del ejercicio del poder, y jamás lo contrario, un mecanismo para la imposición irrestricta de órdenes y mandatos de los que se han valido para la comisión de cualquier cantidad de atropellos, tropelías y expoliaciones; ha sido, precisamente desde esa época, que se ha dado un golpe a la institucionalidad democrática, al porvenir, al progreso, al más elemental civismo.

La Constitución no puede ser entendida como herramienta o instrumento de poder; ni ayer, ni mañana, ni nunca. Pensar que el texto constitucional está para favorecer los regímenes políticos de turno, no hace más que fomentar la existencia de tiranías y generar los más aciagos momentos en las sociedades que la padecen. La Constitución no es un librito que sirve para todo, bien lo debe saber aquel personaje que por asuntos de la historia que por ser posterior a Alighieri, no se lo pudo conseguir en su viaje al infierno, estamos hablando de José Tadeo Monagas, quien desde conjuntamente con otros que han incurrido en el pecado de sembrar discordia en sus pueblos, se han de encontrar en la fosa destinada a ellos en el octavo círculo.

Retomando el famoso artículo XVI de la Declaración. ¿De verdad tenemos Constitución?


Ilustración de la novena fosa del octavo círculo del infierno de Alessandro Vellutello. Disponible en: