viernes, 24 de agosto de 2018

Entre antenas de radio, banderas falsas y drones explosivos.



Hace 79 años. Entre la noche del 25 de agosto y 1 de septiembre de 1939, ocurrieron unos hechos que afectaron a la humanidad, hechos cuyo conocimiento y estudio resulta de interés para entender actuales situaciones.

En el marco de la llamada operación Himmler creada por el régimen nacionalsocialista para justificar su invasión a Polonia. El primero de los hechos fue el llamado incidente Jablonkow en la noche del 25 de agosto que consistía en asaltar el paso fronterizo entre Polonia y  Eslovaquia, hoy parte de la República Checa, asalto que no se verificó al percatarse Hitler que se había firmado un acuerdo entre Polonia y el Reino Unido de defensa militar.

El 31 de septiembre ocurrió lo que se conoció como el incidente Gleiwitz, una actividad más elaborada que la del ataque anterior qué consistió en que agentes nazis haciéndose pasar por polacos asaltaron y tomaron la antenas de Radio alemana en esa comunidad haciéndolo ver cómo si las agresiones eran perpetradas por agentes polacos, incluso resultó asesinado como parte de la treta un ciudadano alemán, todo lo cual lo tomaron los nazis como justificación para invadir Polonia dándose inicio con esa acción inventada a uno de los hechos más infames de la humanidad.

El 1 de septiembre de 1939 iniciaba la Segunda Guerra mundial con la llamada operación Fall Weiss, la cual estuvo precedida por las ya conocidas intervenciones del führer ante el Reichstag en las que no dejaba de señalar las agresiones sufridas por el pueblo alemán que eran imputables a los polacos, quienes eran responsabilizados por esas acciones.

Ese tipo de operaciones en las que mediante ardides y estratagemas se hace creer que existe un enemigo que está atentando en contra de los propios agentes para así justificar acciones y agresiones es lo que se conoce como operaciones de bandera falsa, cuya verdadera planificación y alcance suelen saberse al final de los conflictos y por lo general en los procesos de condena de delincuentes de guerra.

En el caso de la Segunda Guerra Mundial, empezó efectivamente el 1 de septiembre de 1939, pero ya previamente el nacional socialismo como régimen totalitario tenía tiempo instaurándose, incluso antes de la acomodaticia Ley Habilitante de marzo de 1933, también conocida como la Ley para solucionar los peligros que acechan al pueblo y al Estado y antes de la instauración del sistema de justicia de pueblo con su propio supremo tribunal.

Hoy, casi 16 lustros más tarde en este país caribeño, muchos hechos extraños han ocurrido en los que la opacidad propia de los organismos oficiales, lejos de aclarar su ocurrencia, han dado lugar a gran número de especulaciones.

Hace par de semanas ocurrió la explosión de 2 drones y no pasaron pocos minutos cuando los voceros oficiales señalaron que se trataba de un intento de magnicidio, los días siguientes se produjeron allanamientos, detenciones, levantamiento de inmunidades parlamentarias y señalamientos sobre responsabilidades –ante un inventado y acomodaticio Reichstag al mejor estilo del otrora führer-, hechos sobre los cuales y su apego a los más elementales derechos fundamentales no nos ocuparemos, pero vista las particular forma de conducirse este régimen, da pie para que muchos puedan crees que estamos ante una gran bandera falsa, lo que no sería descabellado pensar vistos los perfiles de los ideólogos del llamado socialismo del siglo XXI y su manera de conducirse mediante ardides, argucias, falacias y estratagemas.


Así como ocurrió con los hechos de hace 79 años, la verdad se sabrá y quedará a descubierto los verdaderos artífices, mientras tanto, así como no debe descartarse la idea de la bandera falsa, tampoco podemos dejar de analizar los hechos a la luz del antiguo principio del derecho romano "cui prodest scelus, is fecit"

Otra vez víctima del hampa, una misma frustración.


Hace par de horas (jueves 23/08/2018 10:20 pm) fui víctima, si bien no técnicamente otro robo, ya que rompieron el vidrio de carro y al sonar la alarma sus perpetradores huyeron, si de la misma transgresión de la que somos víctimas todos los venezolanos,  la de ver nuestro día a día reducido a un constante envilecimiento, a padecer la tortura de observar como nuestro estilo de vida se torna en una situación cada vez más miserable, a vivir, o intentar hacerlo, presos en cuatro paredes dentro de  las que incluso no podemos escapar de la humillación de no contar con los mínimos existenciales de agua corriente , electricidad, y qué decir de seguridad ciudadana, entre otras más humillaciones.

Experiencias como la particularmente experimentada, así como las que todos los venezolanos, a menos que se cuente con un nivel cinismo superior que bien merezca no ser llamado  venezolano, de ver mermada nuestra calidad de vida, que nuestro trabajo nada vale por recibir una moneda que no es más que una burla, que no existe institucionalidad alguna, que en estricta apreciación técnica estamos ante un régimen totalitario y dictatorial que actúa con un nivel de maldad que ha superado los peores episodios de la historia y sin embargo se nos impone a vivir como si ello no existiese, cuando la realidad es que todos los puestos públicos, y cercanos, ocupados por los seguidores del régimen, sean estos voluntariamente o inducidos por las circunstancias, no son más que vulgares criminales y hezócratas,  por acción u omisión,  desde las más altas magistraturas hasta las más básicas posiciones, lejos de hacerme desistir de mi cruzada personal de hacerle frente a la ignominia y al venezolanaje, me da más energía y determinación para hacerlo, en primer lugar porque me niego a ser esclavo de este régimen que pretende quebrar nuestra dignidad, porque son ellos los indignos, los ruines, los truhanes, y en segundo lugar, porque no le dejaré a mi hijo la idea de que su padre se doblegó ante la infamia y la tiranía.

Seguiré denunciando más que nunca la impostura que desde hace dos décadas se instaló en lo que era Venezuela, lo que era porque esto que tenemos ahora hace tiempo dejó de ser un país, perdió lo que es necesario para ser una patria, Venezuela nos la robaron, la secuestraron, esto no es más que un Estado fallido convertido en guarida de los peores malhechores que han dilapidado y expoliados todo lo que han podido en esta tierra de gracia.

Pronto se iniciará un pequeño proyecto en el que se promoverá recuperar la idea de propiedad y su protección, propiedad  no solo en su dimensión material, sino en su dimensión moral, se señalarán las violaciones a las que todos hemos sido víctimas, desde cómo se ha pervertido desde la idea más básica de propiedad ante las mal llamadas expropiaciones, hasta de cómo los controles de cambio y reconversiones monetarias no han servido sino para empobrecernos a todos, a generar  miseria y  su gestión como instrumento de poder, en la que la complicidad se extiende a muchos agentes, funcionarios, empresarios, particulares, amas de casa, jueces, abogados, diputados, todos nosotros, de alguna manera, por acción y omisión,  tenemos alguna responsabilidad por haber permitido que esta locura haya llegado hasta aquí. Ser pasivos, quedarnos callados, no luchar, no oponernos a esta infamia, a esta tiranía, nos hace automáticamente cómplices y responsables de cada muerte, de cada robo, de cada expolio.


Rehúso ser víctima, me niego a ser cómplice.

lunes, 13 de agosto de 2018

Entre abortos, drones y magnicidios.



Vaya que la semana pasa fue bastante intensa, más que en la ocurrencia de hechos específicos de interés, que los hubo, resultaron ser más en las opiniones y reflexiones que devinieron luego.

Por un lado, la noticia, y más que ella, las consecuencias ulteriores del episodio de sendos drones que estallaron en Caracas en un acto oficial en la principal avenida del país y que han sido referidas como intento o frustración de magnicidio, y por el otro, la no aprobación por parte del senado argentino de un texto legal que relajaría la interrupción voluntaria del embarazo, expresión que muchos catalogan como eufemística para referirse al aborto, más si tal se identifica como un tipo penal; tema de la tipicidad penal que también es otro asunto que ha surgido al final de la semana, pero del cual nos es ajeno tratar hoy.

Manifestaciones y opiniones de todos los sectores no se han aguantado para hacerse públicos, muchos de ellos con contenidos racionales, otros no tanto. No es intención de estas lineas la de someter a un examen más profundo y pormenorizado sobre tales opiniones, menos aún sin haberse estudiado con la seriedad que ameritan esos temas los detalles de las intervenciones en el legislativo argentino, en el caso de la legalización del aborto, y de las actuaciones que han rodeado en Venezuela el del referido plan conspirativo que procuraría un magnicidio, sin embargo, a pesar de no haberse analizado con la debida dedicación para emitir una opinión técnica elaborada, a pesar de la distancia entre argentina y Venezuela, y los contextos en que se dieron los hechos, hay un elemento esencial común, en ambos casos, el tema del derecho a la vida, sea que se entienda como la frustración en que ella se origine o desarrolle, bien sea su supresión o eliminación. Lo que ha de llamarnos la atención es la banalización con que se está tratando la idea y concepción que se tiene de la vida humana, y no desde situaciones específicas de afectación del derecho a la vida de las que se pueda tener conocimiento, sino del propio ideal y concepción de la vida como valor superior de la humanidad, mucho más allá que como derecho subjetivo.

Basta con ver las encarnizadas discusiones y posturas de quienes por un lado defienden el referido por ellos derecho a la suspensión voluntaria del embarazo frente a quienes lo condenan, así como el arsenal de argumentos de toda clase en apoyo de sus postulados, desde científicos, filosóficos, pragmáticos, religiosos, culturales y hasta económicos, pero más allá de lograrse un consenso común de reconocer el valor d ella vida en abstracto y de allí analizar situaciones concretas en los que sería no penalizable e incluso permisible esa “interrupción”. Lo que resulta evidente, es que, esa ruptura y distanciamiento social y visceral, la negación del otro al buen estilo schmittsiano, pareciera ser la verdadera intención de quienes dicen apoyar algunos movimientos sociales que si bien les pudiera asistir y sería legítimo reclamar tales reivindicaciones, ello no es utilizado sino con fines instrumentales de regímenes poco identificados con la idea de democracia.

Como se advirtiera antes, a pesar de tenerse una postura muy propia y particular sobre el tema del aborto, al igual que de otros álgidos temas de actualidad, no es este el foro para su divulgación, menos aún ante las especificidades de tales posturas, sin embargo, lo que si se ha de destacar y siempre ha de considerarse y tenerse en cuenta como aspecto esencial, es que para para entrar a evaluar esta clase de temas se logre el acuerdo previo entre los participantes sobre el núcleo duro de los derechos que pudieran resultar afectados, más aún si se está presente ante los más importantes derechos fundamentales como lo son la vida, la libertad y la propiedad.

Caso contrario, es decir, no darles la debida importancia y lugar que ellos merecen a la hora de abordar cualquier discusión, puede dar como resultado posturas que devienen en su propia negación, como tales son los casos del yerro de considerar que los llamados derechos sociales tienen preeminencia sobre los individuales cuando no son más que instrumentos para su materialización, hasta situaciones que por más que parezcan inverosímiles y hasta fantasiosas, como podría ser que existan sectores que promuevan a la par de la legalización del aborto, la legalización del magnicidio fundamentado que si bien la vida de un nasciturus que nada en absoluto, ningún daño ha hecho, su derecho a devenir en un ser vivo pueda ser interrumpido, similar suerte de interrupción pudiera correr quien se haya desviado de sus deberes ciudadanos y desatendido la protección del pueblo que le habría otorgado mandatos para su ejecución.