sábado, 30 de abril de 2016

Cuando Bolívar recomendaba a Flores temas sobre la "declinatoria" del poder.


No obstante el importante numero consideraciones y reflexiones, incluso reparos, que puedan formularse sobre la vida de Simón Bolívar, sus pensamientos y creencias que expusiera en su abundante correspondencia, para tratar de entender su posición en cuanto a “declinar” o renunciar a las magistraturas,  nos resulta de mucho interés una comunicación que poco antes de su fallecimiento, dedicara al General Juan José Flores, el primer presidente constitucional de Ecuador, en el que le hiciera diversas recomendaciones y otras precisiones,

Comunicación que como otros trabajos anteriores invitamos a leer con conciencia crítica para arribar a nuestra propia conclusión:

Se trata de una misiva fechada el 9 de noviembre de 1830 en la que Bolívar expresaba:

La primera revolución francesa hizo degollar las Antillas y la segunda causará el mismo efecto en este vasto Continente. La súbita reacción de la ideología exagerada va a llenarnos de cuantos males nos faltaban o más bien los va a completar. V. verá que todo el mundo va a entregarse al torrente de la demagogia y ¡desgraciados de los pueblos! ¡ y desgraciados de los gobiernos!

Mi consejo a V. como amigo es que en cuanto V. se vea próximo a declinar, se precipite V. mismo y deje el puesto con honor y espontáneamente: nadie se muere de hambre en tierra.

Previamente a lo destacado, Bolívar afirmaba:

V. sabe que yo he mandado 20 años y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos. 1°. La América es ingobernable para nosotros. 2°. El que sirve una revolución ara en el mar. 3°. La única cosa que se puede hacer en América es emigrar. 4°. Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todos colores y razas. 5°. Devorados por todos los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán conquistarnos. 6°. Sí fuera posible que una parte del mundo volviera al caos- primitivo, este sería el último período de la América.


Foto tomada de: http://desderubio.com/wp-content/uploads/2014/01/juan_jose_flores.jpg

viernes, 22 de abril de 2016

La Ciudadanía en una República. Del 23 de abril de 1910 al 23 de abril de 2016.



El día de hoy, 23 de abril de 2016 se cumplen 106 años desde que Teodoro Roosevelt declamase su discurso llamado “Citizenship in a Republic”, que al parecer resulta más vigente que nunca y sobre el cual yo me refiriese en un trabajo denominado “Ultreia” que elaboré el 16 de febrero de 2014.

Hoy, siendo 23 de abril, me permito traerles un extracto de dicho trabajo:

(...)

Es de referir que algún tiempo ha pasado desde el día 23 de abril de 1910, cuando en un importante campus universitario, un entonces líder mundial pronunció un discurso que ha resultado de gran inspiración a siguientes generaciones y gran influencia ha tenido en el constitucionalismo y el Estado moderno.

No estamos en 1910, ni nos encontramos en el Gran Anfiteatro de la Sorbona en París, pero en nuestro contexto regional y en nuestro tiempo, resultan hoy más que nunca de utilidad las ideas contenidas en el discurso declamado ese día por Teodoro Roosevelt denominado “Citizenship in a Republic”, -La Ciudadanía en una República-, en el que se halla el fragmento denominado “The man in the Arena” – El Hombre en la Arena.-[1]

Roosevelt, en medio de su razonamientos trata aspectos sumamente importantes sobre la ciudadanía y las obligaciones ante la patria, así como el esfuerzo para realizar un gobierno de sentido pleno por, de y para el pueblo, la calidad del ciudadano promedio individual indispensable para el éxito de las repúblicas, el cumplimiento de los deberes en los asuntos ordinarios de todos los días, como ha de ser el ciudadano promedio un buen ciudadano, lo cual constituye fuente principal de poder y grandeza nacional; sobre lo perjudicial que es para una nación el elevar y admirar falsos niveles de éxito y como no puede haber recompensa que no venga precedida del esfuerzo; también reflexionó, refiriéndose a la injusticia, que ningún individuo que se precie y ninguna nación que se auto respete, puede o debe someterse a lo que le resulte perjudicial.

Es en este famoso discurso cuando de manera meridiana expresa la importancia de la preparación constante, la entereza, la acción y el bien con que deben actuar todos los ciudadanos, declamando lo que en definitiva refiere como “El Hombre en la Arena”, el cual reza:

“No es quien critica el que importa; ni quien señala como el hombre fuerte se tambalea, o cuando pudo alguien hacer algo o actuado de mejor manera. El reconocimiento pertenece realmente al hombre que está en la arena, cuyo rostro resulta desfigurado por el polvo, por el sudor y por la sangre; a quien se esfuerza valientemente, al que yerra, a quien falla una y otra vez,  ya que no hay esfuerzo sin error o fallo; pero quien realmente se empeña en lograr su cometido; quien conoce grandes entusiasmos, grandes devociones; quien se entrega a sí mismo a una causa digna; quien en el mejor de los casos encuentra al final el triunfo inherente al logro grandioso; y que en el peor de los casos, si fracasa, al menos fracasará con grandiosa entereza, de manera que jamás estará entre aquellas almas frías y pusilánimes que no conocen ni la victoria ni el fracaso.”


Es ante el contexto y contenido de dicho discurso, así como el momento histórico en que fue declamado, que hemos de preguntarnos, cuál entonces puede ser el destino de una República en la que lejos de atenderse al reconocimiento y respeto del otro como fin y elemento esencial de la sociedad, existe descalificación, un lenguaje en sentido figurado plagado de metáforas que no constituyen más que perorata, charlatanerías  y bufonadas, en el que el diálogo y la comprensión son la excepción frente a un verbo agresivo y soez, de improperios no dignos de gente civilizada sino de bárbaros que invita es a la negación y destrucción del otro, en que para lograr sus postulados lo hace no solo mediante coerción física, sino mediante el chantaje económico y emocional, donde no se cuenta con la altura suficiente en sus razonamientos, fundamentos así como en su modo y forma, en que la concepción de justicia no es más que una resentida vindicta.

Una llamada república donde se rechaza, niega y aborrece la profesionalidad, la debida y constante preparación, la conciencia crítica, así como los méritos que han de tener a quienes se les encomienda su dirección, mientras que por el contrario se enaltece la informalidad, la improvisación, la imprevisión, la ineficacia e ineficiencia, la callada y ciega sumisión, adulación o la conveniente aceptación, que no tienen otra lógica consecuencia que la mediocridad y franco deterioro de la calidad de vida de sus habitantes, y ante ello lo que es peor, no sólo que no se tome la mínima conciencia para adoptar los debidos correctivos, sino que, como si no fuese poco tan abominable situación, se insista en ejecutar prácticas totalmente contrarias a las que son menester, acogiéndose modelos arcaicos que en modo alguno constituyen un ambiente propicio para la prosperidad y desarrollo de la República sino que inversamente ello lo que tiende es a su destrucción.

Es necesario partir de la premisa elemental que para que exista un Estado sano, una República sana, que haya un reconocimiento de la existencia de otras posiciones distintas, lo que en definitiva va en procura del  interés general y bien común, que muy distinto es al interés de la mayoría.

Afirmaba Aristóteles en La República respecto a la finalidad de la Polis, que en este caso hemos entender que se identifica con la finalidad de la República, que no es otra que “ser feliz, vivir bien y honradamente”, así entonces, hemos de observar e indudablemente afirmar que cuando de alguna manera se vea afectado uno de esos elementos que conforman la finalidad teleológica del Estado, sea la felicidad, sea el vivir bien o sea la honradez, graves fallas y grandes males le acechan, y como con las enfermedades ocurre,  que pueden surgir síntomas visibles y otros que no tanto, como igual ocurre con el cuerpo, tales males, infecciones y síntomas pueden presentarse en diversas partes, así en la República, pueden presentarse en el gobierno, en las relaciones sociales, en el pueblo, en su calidad de vida, en el acatamiento de las normas, -las verdaderas normas-, en la economía, en la salud de los habitantes, en la seguridad, -jurídica y personal-, en la administración de justicia, en el respeto de las relaciones interpersonales, en el debido trato de las clases y grupos que las conforman.

(…)

Amigos, hermanos, compañeros, colegas, compatriotas, todos nosotros, entre quienes existe y tenemos diferencias, pero también identidades, grandes y pequeñas, tanto expresas como implícitas, no puedo más que concluir mis reflexiones que extendiéndoles una invitación a que nos reconciliemos, pero más que una reconciliación entre nosotros, una reconciliación interna, entre uno mismo y lo que es la verdadera ciudadanía y su debido ejercicio para poder salvar la República, no la perdamos, tenemos las herramientas, tenemos el conocimiento, tenemos la razón, la moral y las luces, reconciliémonos con el Bolívar de 1819 y su entonces ideario, así como todos nuestros próceres y quienes como ellos defendieron la patria, hoy nos toca a nosotros hacerlo, los invito pues a ir más allá y más arriba de lo que hemos venido haciendo, “ultreia et suseia[2]” como resulta del aprendizaje del camino de la vida, los invito a empeñar todos nuestros esfuerzos a luchar con fuerza y entereza por las causas nobles, a salvar la República.

Fotografías tomadas de:




[1] Como nota curiosa, es de mencionar que se comenta que distinto a como apareciera en la película “invictus” basada en hechos reales del gran líder que fue Nelson Mandela, en la vida real, éste hace entrega al capitán del equipo surafricano de rugby François Pienaar, un ejemplar del discurso de Roosevelt y no el poema de William Ernest Henley también denominado “invictus”.
[2] Ultreia (del latín ultra -más allá- y eia -interjección para mover-). Originaria salutación que se proferían los peregrinos del Camino de Santiago para apoyarse y animarse entre sí y que significaba  "Vamos más allá". Cuando se profería ultreia a un peregrino, éste contestaba “et suseia”, “y más arriba” a modo de indicación que el camino no sólo llevaba a los peregrinos a un estadio ulterior sino espiritualmente superior “más alto”. Con el tiempo la salutación devino en "¡buen Camino!", tanto para saludar como para responder, pero permanece incólume la intención y el deseo al otro de una buena jornada de peregrinación y que el estadio espiritual alcanzado lo acompañe especialmente en el camino que inicia luego de arribada a la meta y agradecido a Santiago Apóstol en la Catedral donde permanecen sus restos.

La Asamblea Nacional debe desconocer a la Sala Constitucional


Hace pocos días el profesor José Amando Mejía Betancourt, a propósito del choque institucional entre la Asamblea Nacional y el Poder Judicial, que se baten en una arena de lucha entre la democracia y el totalitarismo, publicó un interesante y extraordinario trabajo, explicado detalladamente las razones para desconocer a la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, trabajo cuya lectura es recomendada para la mejor comprensión de los actuales acontecimientos.

El trabajo se encuentra publicado en Internet y disponible en:


miércoles, 20 de abril de 2016

Sobre las llamadas uniones cívico militares


Hace mucho tiempo que tengo pendiente la tarea de exponer algunas observaciones sobre las llamadas uniones cívico  militares a las que suelen referirse, bien con esa exacta expresión o mediante algunas similares, dirigentes políticos para justificar la intervención en la vida civil y actividades cívicas de las diversas sociedades por parte de componentes  militares, con la excusa de pretender un desarrollo más adecuado de las mismas y una interrelación  mas directa entre civiles y militares lo que a la postre como se referirá, suele ocurrir con la principal intención de una dominación política de los espacios ciudadanos de espaldas al principio de pluralidad política necesario en las sociedades democráticas.

La primera observación que ha de hacerse, es que tales reflexiones y ocurrencia del poder a ese eufemismo de endulzar la denominación  de esa situación de material intervención en la civilidad del poder castrense, no ha sido, ni es, ni será exclusivo de ninguna sociedad o régimen determinado, así como de ningún lugar específico, no obstante, siempre habrá  ejemplos más evidentes, mas reciente, mas actuales, más cercanos, y en consecuencia, mas graves para quienes lo padecen.

Resultado de lo anterior, ha de mencionarse que en tal sentido,  las reflexiones que se exponen, no se dirigen  a ninguna situación particular de regímenes que apoyan su actuación  en el sustento y justificación  de las uniones cívico militares,  por el contrario, no es otra la intención que las mismas sean lo más amplias y generales posibles, y como siempre,  para que cada lector con conciencia crítica asuma su personal postura y conclusión.

Pudiera decirse que desde el inicio de la misma humanidad, se  ha debatido en torno a si las sociedades han de ser regidas mediante criterios  y personeros  castrenses, ya que suele relacionarse a los mismos con la idea de orden y disciplina, conceptos que resultan  muy apropiados y necesarios para la formación  y sostenimiento  de una sociedad, pero más que orden y disciplina, lo que le es más natural a los regímenes militares son los principios de subordinación y obediencia, que en muchos casos es traducido como ciego seguimiento de órdenes  superiores que no puedan ser cuestionadas, siquiera observadas por los obligados, lo que puede  resultar en una vulneración de otros principios humanos como el libre albedrío, libertad de conciencia, e incluso atentar con valores y principios democráticos como los de justicia, pluralismo y libre desenvolvimiento de la personalidad,  entre otros; por ello no en vano observamos que a lo largo de la historia, los regímenes totalitarios y absolutistas hacen uso de los componentes militares para intervenir en los aspectos civiles y de esa manera ejercer el dominio sobre las personas que hacen vida en dicha sociedad.

Antecedente histórico que merece señalarse es el de los Lacedemonios, cuya sociedad fue erigida en torno a la formación de hoplitas, no teniendo otro norte que el de la constante preparación y ejercicio para la lucha armada como el de la Batalla de Termopilas de la que recordamos la versión cinematográfica en ·300. .

Ninguna otra sociedad como la de Esparta  nos ofrece ese importante ejemplo de una sociedad militar y el constante entrenamiento y preparación  para acciones bélicas. Sociedad que  atendiendo a su bien general, justificaba que cualquier recién nacido que tuviera  una mínima deformidad debía ser sacrificado, ya que era inaceptable que existiesen individuos  que no fueran soldados, olvidando, y dejando de lado la formación en las luces de la población.   Preguntémonos, ¿Qué ocurrió con Esparta?, respondámonos nosotros  mismos.

Por otro lado, observamos el caso de Atenas, en la que se desarrolló de manera mucho más  amplia la educación cívica, las letras y las artes, la filosofía, la ilustración, y cuándo  era necesaria la defensa militar,  si sus componentes no resultaban  suficientes, no tenía inconveniente alguno de contratar  mercenarios para las especificas contingencias ¿Qué  ocurrió con Atenas? Que se erigió como cuna de la civilización y pensamiento occidental, de la democracia y sus instituciones. Ciudad y sociedad que hasta hoy subsiste no obstante las dificultades que ha debido afrontar y que ha  padecido como muchas otras sociedades.

Otro episodio de la historia al que podemos referirnos es cuando Roma estuvo  a punto de perderse por las actuaciones contra cívicas de los militares, recordemos la famosa conjuración de Lucio Sergio Catilina para asesinar a miembros del senado, conjuración que fue advertida y evitada por Marco Tulio  Cicerón cuando ante la asamblea  develó los planes de los militares conspiradores contra el poder civitatis del Senado. Acertadamente  Cicerón  concluía y afirmnaba: "cedant arma togae, concedat laurea lauri", que las togas precedan a las armas, que los laureles sean concedidos a los méritos.

Luego, con el surgimiento del constitucionalismo y posteriormente con los procesos independentistas del continente americano de finales del siglo XVIII y hasta mediados del XIX, con el entendimiento del estado de derecho y la separación de poderes como elementos esenciales, más que de estados democráticos, de sociedades civilizadas y que han podido superar estadios de barbarie y tribalidad, puede perfectamente afirmarse que deben las fuerzas armadas, todos los componentes militares, el poder militar, estar sometidos a la autoridad civil, que es la que imparte las razones e ilustración que ha de guiar el uso de la fuerza en caso que resultase necesario hacerlo, mientras que lo contrario, el sometimiento de la autoridad civil a la militar deviene generalmente en una receta perfecta a base abusos y sin razones que atentan contra la libertad  y prosperidad de esas sociedades.

La historia reciente, de los últimos 100 años, nos ha brindado múltiples ejemplos de sociedades en la que la calidad general  de vida de sus miembros se ha pauperizado, en las que es evidente la carestía de servicios públicos de calidad, donde se observa a diario el incremento de la criminalidad, debilidad institucional, aumento de hechos de corrupción, militarización de los organismos de seguridad ciudadana; sociedades que generalmente han tenido, y tienen como signo distintivo y elemento común, la injerencia del componente y pensamiento militar en la vida civil, unas veces abierta y expresamente, en otras, disfrazado con retoricas falaces como la justificación de las llamadas uniones cívico militares.

Tuve la oportunidad una vez de presenciar un ceremonial militar y no dejó de impresionarme la preparación de sus participantes, la solemnidad del acto, el orden y la disciplina que les son propios y al que están llamados, y claro está que visto el desempeño en el acto, no  es extraño que la muestra de tal cerrada disciplina puede presentarse como perfecta justificación de quienes propenden que la dirección de los destinos públicos sea ejercida por parte de militares, refieren a la necesidad de un orden tal para superar situaciones sociales adversas, pero como se ha comentado, cuando las estructuras e instituciones castrense se hacen o acercan a posiciones  de poder, terminan casi siempre por corromperse y utilizar las armas para dominar a la sociedad civil a la que se le deben.

Y es que si bien debe haber un sometimiento estricto del poder militar al civil, entre ellos debe existir también un balance en cuanto a la relación de luces y virtudes entre ellos y frente a la sociedad, ya que como hemos dicho, siempre deben estar sometidos al estado de derecho y principio de legalidad, de manera que la voluntad de la autoridad civil no se mueva por objetivos totalitarios haciendo uso del poder militar como una herramienta partidista entre facciones y ejecutor político envileciendo sus funciones naturales.

Una autoridad, un poder militar, ordenado, preparado y obediente, se debe a uno civil, también ilustrado, preparado, probo, y más importante aún virtuoso y tendente a la justicia,  lo que no se alcanza sino teniendo claros los principios democráticos y constitucionales de separación de poderes y la sujeción de su actuación a la ley, a la constitución como limitación de ejercicio de poder y no como instrumento para ello, por lo que debe ser constante la educación y preparación, tanto de la autoridad civil como de la militar en estos vitales principios. Siendo la verdadera Constitución y verdadera democracia los remedios contra los regímenes  totalitarios que intentan imponerse haciendo uso del poder militar escondiéndose detrás de la falacia de las llamadas uniones cívico militares.


Imagen tomada de http://www.daviddarling.info/encyclopedia_of_history/C/Cicero.html

martes, 5 de abril de 2016

Venezuela, Estado potencia o Estado Potemkin



En el marco del 157 período  de sesiones de la Comisión  Interamericana de Derechos  Humanos, en las cuatro audiencias relacionadas con el Estado Venezolano, de las exposiciones de los representantes del Estado, perfectamente podemos extraer enseñanzas magistrales sobre  argumentación, o pretendida argumentación.


Espectaculares fueron las muestras de retórica, falacias, sofismas, el claro uso del oxímoron, y muchos otros recursos argumentativos y lingüísticos de los que se ha echado mano para justificar lo injustificable y de los que a pesar de muchos estar acostumbrados y sabíamos que no podía esperarse algo distinto, nunca perderemos nuestra capacidad de asombro.

Desde la excusa de inasistencia de la delegación de alto nivel que asistiría a exponer con conocimiento directo sobre las materias a ser tratadas, lo cual no ocurrió por no habérsele concedido las correspondientes visas, que vale la pena destacar que al parecer fueron solicitadas solo con 48 horas antes del evento y lo que hace patente  es la improvisación (o acostumbrada ineficacia y nueva falacia), hasta la relación  de los logros alcanzados en el país en materia de avances sociales en los que destacaron las maravillas patrias en el derecho a la vivienda, a la salud y muchos otros derechos de contenido social que lo que nos recuerdan es el caso de cuando a finales del siglo XVIII, el flamante mariscal Potemkin le mostraría a la emperatriz Catalina II de Rusia los avances y magnificencia de las poblaciones erigidas en los territorios tomados en Crimea, ello no era más que simples fachadas y parapetos que parecían edificios, ciudades y comunidades prósperas  y avanzadas cuando la realidad era otra totalmente  diferente, escasez, pauperización generalizada, y podemos imaginar que con seguridad, criminalidad, falta de servicios  básicos,  restricciones al acceso a medicamentos, y otros, de allí el concepto de Pueblo  Potemkin.

A Catalina  no le dejaron entrar a inspeccionar los grandiosos pueblos para constatar la realidad detrás de los parapetos y argucias.

Se verá a la Comisión y la comunidad internacional como Catalina La Grande . .. ?


Audiencias sobre Venezuela del día 4 de abril de 2016:

Fotografías tomadas de: