jueves, 7 de julio de 2016

La historia y suerte del adulador Alessio Interminelli.





En todas las sociedades y en todos los tiempos de la humanidad, ha existido un ser indeseable, totalmente despreciable, conocido popularmente como “lame botas”, “jala bolas”, “lambuscón”,  “chupamedias”, “panegirista”, “jaleti” y de muchas otras maneras más, pero que no creo necesario seguir refiriendo la específica denominación que en cada sociedad le haya podido dar históricamente o que se le dé en la actualidad, todos conocemos el carácter de ese ignominioso personaje, quien a pesar de la repulsión que genera, toda sociedad está condenada a tener a algunos en sus esferas, en unos tiempos más que otros, en algunas sociedades más que otras, pero allí estará siempre el adulador, el lisonjero.

Cabe afirmar que la existencia de este perverso personaje social siempre existirá y jamás podremos librarnos de el en tanto que por otro lado exista el sujeto pasivo de esa práctica de adulación y lisonjeo, el adulado, figura que a su vez en aquellos casos de constituir personajes igualmente detestables como lo sea su séquito de lisonjeros y exagerada adulación  puede todo ello degenerar en lo que se conoce como  el culto a la personalidad, la cual puede ser dirigida hacia artistas, cantantes, líderes religiosos, autoridades civiles o militares, jefes de Estado o de gobiernos. En cualquier ámbito, público o privado, nacional o internacional, incluso el culto a la personalidad puede darse respecto de personas vivas o ya fallecidas. Los casos de culto a la personalidad tan variados que podemos evocar, recordar e imaginar muchos. Infinidad de situaciones y personajes simplemente recordemos los casos de los faraones o los emperadores romanos, o acercándonos más a nuestro tiempo el famoso antecedente del que denominan “Líder Supremo” y “Presidente Eterno” de Corea del Norte Kim Il-sung, luego sucedido en su liderazgo supremo por el héroe Kim Jong-il, hasta el actual Kim Jong-un. Antes de referirnos a casos en del continente americano, tenemos el recordado “Caudillo de España por la Gracia de Dios” Francisco Franco y ya en tierras más cercanas y más recientemente al  “Chivo” Rafael “Chapita” Trujillo como ejemplo caribeño. Pasan por nuestra mente  muchos otros casos, cada país, cada sociedad, cada comunidad y su entorno, en mayor o menor grado, tienen el suyo, a ver, cada quien puede recordar e imaginar el suyo, pero como estas reflexiones no son sobre el culto a la personalidad –tema de interés que bien podemos abordar en otra ocasión- , sigamos con el de los aduladores.

Hace unos cuantos días al observar noticia en la que aparecía un personaje una abierta y descarada manifestación de adulación y grosera genuflexión ante algo que es totalmente un sin sentido que raya en absoluto cinismo (cada uno puede imaginar una situación inverosímil en nuestras sociedades, no es difícil), quise comparar ese denigrante comportamiento con algún personaje de la historia universal que haya sido conocido por habilidades de lisonjería, buscar pues en el laberinto de la humanidad el ser más “jala bola” que haya podido existir. Tarea no fácil, pues los exponentes del presente parecen opacar cualquier heroica empresa pasada de ganarse la vida arrastrándose y sometiéndose a la voluntad de otro, como bien refería a mediados del Siglo XVI Étienne de La Boétie, sometiéndose a una “servidumbre voluntaria”.

Basta con poner en cualquier buscador en internet “adulación” o “adulador” y de los resultados podemos observar que es un tema más que trillado y espinoso, porque casi siempre se habla del adulador en abstracto, como un personaje perverso del que todos sabemos como es, su proceder y lo reconocemos, pero ello ocurre sin identificarlo plenamente, menos aun señalar con sus nombre a estos cínicos y perversos seres, a pesar de conocer todos nosotros los nombres y apellidos de los que son nuestra cuota en este tiempo y espacio .
 (Incluso aparece la canción venezolana del Jala Bola de  Rafael Garrido https://www.youtube.com/watch?v=meM2CzEsseU )

Del resultados de una búsqueda general en internet son múltiples las frases que sobre adulación se le atribuyen a personajes históricos que se hayan pronunciado contra la adulacion como lo son, Michel de Montaigne: “Prefiero ser inoportuno e indiscreto antes que adulador y taimado”, William Shakespiare: “Aquel a quien le gusta que le adulen es digno del adulador”, Jean de La Fontaine: “Todo adulador vive a expensas de quien le escucha”, Francisco de Quevedo: “La adulación, bajeza del que adula; engaño del adulado y aún bajeza de los dos; porque su bajeza muestra el que gusta de su adulación, que no se fía en el valor de sus méritos”y hasta a Aristóteles se le refiere como autor de afirmaciones como: “Un adulador es un amigo que es inferior a nosotros o que pretende serlo” y “Todos los aduladores son mercenarios, y todos los hombres de bajo espíritu son aduladores”.

A pesar de la magnífica herramienta de investigación que es Internet, no es tarea fácil encontrar referencias directas a los aduladores sobre esta especial característica de su personalidad, en serio resulta difícil, hagan el siguiente experimento, pongan en cualquier buscador al personaje que usted considere más lisonjero, más “jala bola” en su entorno social, el más “arrastrado”, por lo general suelen ser aquellos que están al servicio de regímenes dictatoriales y tiránicos, cuya actuación no es otra que la de ser sumisos y cumplir sus más bajas misiones y que por lo general resultan siendo uno de los personajes más radicales en la ejecución de las prácticas violatorias. Pongamos como ejemplo el de Nikolái Ivánovich Yezhov, quien a pesar de su total sumisión y genuflexión ante Stalin, al no serle más útil literalmente lo “borraron de la foto”. El hecho es que difícilmente conseguiremos referencia directa a los aduladores por tal comportamiento sino a la adulación como un mal muy despreciable.

Pues siguiendo con mi investigación y afán de ubicar al personaje más adulador de la historia de la humanidad, conseguí dos casos específicos, el primero el de Waylon Smithers, personaje ficticio de la serie Los Simpson que es el adulador del Señor Burns, que si bien es un personaje interesante de estudiar, no despertó mayor interés en continuar en ello. El segundo caso y que sí considero es de relevante importancia, lo conseguí nada más y nada menos que en el octavo círculo del Infierno de Dante, específicamente en el segundo aro, que es el reservado especialmente a los aduladores.

Lo relevante de este hallazgo no solo es que Dante Alighieri ubicase de manera tan profunda en el infierno a los aduladores, con lo que queda en evidencia la bajeza de esta práctica, más profundo que el de los homicidas y ladrones, sino a la condena a que están sometidos que no es otra que la de encontrarse inmersos en excrementos humanos, y es en este profundo nivel del infierno que pudo el poeta identificar a dos personajes conocidos, uno de ellos es Thais, una prostituta a quien Terencio refiriera en una de sus obras ya en el siglo II antes de Cristo, y el otro, un personaje que al percatarse que el poeta lo observaba lo increpó y Alighieri lo señalase con nombre y apellido "Alessio Interminelli", y para que no quede duda alguna señala su pueblo “Lucca”.

Así habrá sido el comportamiento, la sumisión, el nivel de adulación y genuflexión de Intemrinelli para terminar allí, será que es de alguna manera comparable con las prácticas de reciente data? en nuestras sociedades? cuantos más estarán compartiendo la misma suerte de Interminelli? cuantos más la compartirán en un futuro? hay puesto para tanta gente en esa paila del infierno?

A continuación el XVII canto de El Infierno de Dante Alighieri. Como siempre, arribe el lector a sus propias conclusiones:

"Llegamos a un extremo, donde alcanza
el arco con sus bordes a juntarse,
y es pilar de otro puente que se avanza;
siento de allí una grita levantarse,
con bufidos de gente condenada,
y unos a otros coléricos golpearse.
La pendiente está toda embadurnada
de sucio orín, que la nariz ofende,
y que náuseas provoca a la mirada.
En vano el ojo penetrar pretende,
aquella hondura, sólo percibida
de la alta roca a cuyo pie desciende.
Vimos allí una turba zabullida,
que chapoteaba en una cloaca inmunda,
a estercolar humano parecida;
y en medio a la asquerosa baraúnda,
uno de ellos, que clérigo barrunto,
con excremento su cabeza inunda.
«¿Por qué me miras», preguntó el del unto,
«y no a esos brutos?» Con el ojo fijo,
le respondí: «Porque eres un trasunto,
«de uno limpio de pelo, y bien colijo,
eres Alessio Interminei, de Luca:
por eso en verte aquí me regocijo.»
Y" él, entonces, golpeándose la nuca,
dijo: «Aquí purgo la lisonja aviesa,
que con la lengua al prójimo embauca.»
«Ahora, adelanta un tanto la cabeza,»
dijo mi guía «y mira hacia adelante,
para que tu ojo clave con fijeza
«esa descabellada lujuriante,
que se rasca con uñas de merdosa,
y se acuesta y levanta a cada instante.
«esa es Thais, la puta licenciosa,
que al decir su cortejo: ¿Estoy en gracia?
 le contestó: ¡Y muy maravillosa!
¡ vamos! ¡ qué tanta podredumbre sacia.!"


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