sábado, 22 de abril de 2017



LAS MUJERES DE MI VIDA

… de y por Roberto Hung Cavalieri [1]

... O una historia de amores

(Lo que a continuación leerán, no son más que transiciones de notas, pensamientos y reflexiones surgidas en un viaje de exploración cultural, histórica y emocional durante el mes de abril de 2017; ideas que pueden presentarse sin orden alguno, algunas inconclusas, sin otra intención que la de recoger algunas de las reflexiones sobre múltiples temas, propio de quien viaja sin otra compañía que la de su conciencia crítica y sus recuerdos.)
                                                                              
La idea…

Cuarenta y Cinco años de edad, divorciado, más que caraqueño, enamorado de esa bella ciudad y de Venezuela, aunque desde la primera vez que la vi, la conocí y me acogió, París ha estado en mi mente, en mi corazón y mi alma; algunos kilómetros andados, nacional e internacionalmente; abierta y expresamente egoísta, en el adecuado sentido de la filautía y no del egocentrismo; defensor de la vida, la libertad y la propiedad como valores superiores; estudioso del amor, pero no solo de ese amor que se profesan las parejas, o dicen profesarse; el amor, el verdadero, el elevado, el que no puede reducirse a simplemente una relación entre personas, entre dos personas, ello sería vaciarlo de contenido y disminuida su importancia vital; admirador y defensor de los besos como la práctica más sublime en la intimidad de los amantes, ese es el que hoy escribe.

(Valga destacar que en este mismo momento en que escribo estas líneas recibo un mensaje de un gran amigo que a sabiendas de mi intención de plasmar mis pensamientos y pareceres. Reza el mensaje “Para sus escritos y reflexiones, dice Marañón que “la gracia de la mujer es cualidad intermedia entre lo físico y lo espiritual” / Buen viaje y un fuerte abrazo!”)

Me he enterado que, no de ahora, sino que de hace un tiempo para acá, hace ya unos años, que en mi círculo de amistades y conocidos, con gran preocupación sobre si condición amorosa y de relaciones de parejas se expresan y manifiestan de maneras que resultan muy contradictorias entre sí.

Por una parte, hay quienes lamentan que a pesar de las diversas relaciones que he vivido, no he conseguido a ESA persona que en definitiva me haga sentar cabeza y que de manera permanente me tenga a su lado, para estas personas claro está que consideran que vivo en una eterna desdicha, en desamor y desamparo, en tristeza y soledad. Contrariamente a esa posición y opiniones, se encuentra la otra, que lejos de ver tal situación como un pesar y desdicha, la consideran una gran fortuna, señalando incluso que me asiste la gracia providencial de conocer y haber compartido experiencias muy gratas con mujeres que son seres excepcionales, hermosas en todos los sentidos como hembra de la especie humana, excelentes estudiantes, buenas hijas, maravillosas madres, exitosas profesionales, llenas de alegría, inteligentes, intrigantes, cariñosas, buenas novias, esposas, y claro está… magníficas amantes; y es que no tengo empacho en afirmar, no solo en cuanto al estilo particular de personas con quien quiero relacionarme y mantener trato, en general y no solo de género femenino, Yo si discrimino y soy prácticamente intolerante,  y es que no me gusta la gente vacía y más aún no me gustan las mujeres brutas.

No quiero y me niego a compartir con gente que nada tenga que aportar a mi vida en cuanto a principios, valores, conocimientos y experiencias enriquecedoras, gente así simplemente no tiene cabida en mi ser, espacio en mi alma y cabida en mi corazón.

¿Es una desgracia o una fortuna? ¿Durará esto toda la vida? de mi vida, ¿debemos seguir los convencionalismos impuestos? Aún no lo sé, no me lo he respondido en definitiva y son esas las reflexiones que me inspiran a escribir estas líneas.

Creo que son cosas de lo que llaman la crisis de los cuarenta, que me ha dado por reflexionar y escribir cosas distintas al derecho y filosofía política y tal vez, solo tal vez, durante su desarrollo de este proyecto personal, puede que alguna luz, alguna leve idea surja para arribar a una personal conclusión, la cual pueda, o no, compartir;  en todo caso, sépase que nada más hacer memoria de tantos momentos y experiencias para poner medianamente en orden las ideas aquí plasmadas me ha hecho revivir una vez todos esos especiales instantes que conforman la vida, “Instantes” como dice ese poema que se le atribuye a Borges y que sin embargo al parecer no se conoce a ciencia cierta su autor, poema que por asuntos también casuales, o mejor dicho providenciales, hace pocos días fue centro de conversación entre buenos y nuevos amigos en Madrid; en fin, este ejercicio, el de aprovechar un nuevo viaje sin otra compañía que la de mis recuerdos y pensamientos, en antecedentes de amores y desamores, al menos para mí, egoístamente, es una tarea que desde ya, desde las primeras líneas lo estoy disfrutando grata y enormemente, comparable con los reencuentros con amistades de las épocas de niñez y adolescencia, de estudiantes, de familia, épocas de la vida, y los amores con quien se vivieron con las excelentes mujeres que me acompañaron.

Los invito antes de seguir leyendo, hagan el ejercicio de tratar de recordar sus grandes amores, tanto los ideales, aquellos platónicos no materializados, o que estuvieron a punto de hacerlo pero que no ocurrió y aquellos frustrados  intentos son también de grata recordación y vivencia, así como aquellos con que compartieron importantes momentos, los bailes, las salidas al cine, las playas, los besos, la intimidad… sabroso ejercicio. A la salud de los amores.

Un asunto de viajes.

Se le atribuye a Agustín de Hipona la frase de “El mundo es un libro y quien no viaja solo lee la primera página”, pues a esa reflexión puede agregársele aquella de si en realidad quieres conocer a una persona viaja con ella. De veras, si en realidad existe una actividad en la que se promueve el conocimiento efectivo entre personas es el viajar. “Si quieres conocer a alguien viaja con ella”

Una persona puede afirmar  que conoce muy bien a otra, sean amistades longevas desde la niñez, compañeros de larga data de trabajo o estudio que incluso comparten en eventos familiares, primos, incluso los hermanos, ponen a prueba la convivencia al momento de compartir un viaje.

Son muchas las historias de amigos, padres e hijos, hermanos, incluso parejas que luego de un viaje resultan distanciados y sus relaciones jamás vuelven a ser las mismas, y no necesariamente en cuanto a incrementar su apego.

Asuntos sobre la coordinación de transporte, horarios, puntualidad, actividades, hospedaje, alimentación, gustos, higiene, gastos, incluso de dar direcciones e instrucciones (Recordemos las discusiones antes de que existiera el GPS, que con voz al buen estilo español nos dice a cada instante –recalculando-, pero que abstrae de toda responsabilidad al conductor y copiloto y demás acompañantes de aquellas estrepitosas pedidas en lugares descocidos”

Nuevamente reitero: “Si quiere conocer a alguien, viaje con esa persona”, creo que por lo menos en esto hasta los momentos difícilmente puede objetarse esa conclusión, ya empezaremos con otros temas que si diferiremos.

Ahora  bien, resulta que si, en efecto viajar con alguien hace que lo conozcamos mejor y se incrementen los lazos de confianza, de amistad y de amor. Pero muchas son las veces que por viajar y conocer a otros  nos olvidamos de la persona  que es más importante, nosotros mismos. No nos conocemos  bien y así como funciona  con otras personas, viajar con nosotros mismos ayuda a conocernos y extendernos mejor, a estrechar nuestra confianza, nuestra amistad y amor hacia nosotros mismos.

Se de quienes jamás  han viajado solos, siquiera cortos viajes dentro de su misma región, es así que incluso tengo conocimiento de allegados quienes consideran que es algo totalmente fuera de lugar y una especie de desviación a quienes lo hacemos. Me atrevo a decir y afirmar que el ser humano necesita muchas veces estar solo en fase contemplativa, en tiempo de ensimismamiento, de evaluación, para analizar las metas propuestas en la vida y su alcance, y que mejor manera de hacerlo sino en la total individualidad que ofrece un viaje solo, preferiblemente a un lugar desconocido.

Los invito a conocerse a analizarse, a compartir un viaje con la persona más importante de su vida, ustedes mismos, a generar mayor confianza en sí mismo, a mayor amor a sí mismo, a que sea usted mismo su mejor compañero de viaje, a estar solo en un lugar desconocido y experimentar plenamente la llegada allí, los colores, los olores, los acentos, la luz, calles nuevas, otras perspectivas, hablar y conocer gente nueva, reconocer y sentir  que el mundo es más grande que nuestro propio medio ambiente, incluso experimentar una cosas las cosas más extrañas como lo es tener un dejá vu en una ciudad en la que jamás habías estado y poder predecir breves acontecimientos en esa visita, atrévanse a jugar a ser alguien más en este mundo, sea un parisino, un madrileño, un romano, un porteño, un limeño, un londinense o mancuriano al igual que se puede ser merideños, valenciano, barquisimetano o pampanero, alquile una bici en París y pasee de Notre Dame a  La Bastilla a las 3 de la mañana, o camine también en la madrugada  en Buenos Aires del Cementerio de Recoleta al Teatro Colón, o atrévase a intentar acabarse la existencia de vino espumante en Puerto Madero, son infinitas las posibilidades; no se arrepentirán, lo que no es infinito es el tiempo para hacerlo, por eso es que el ya, hoy, en este momento debemos actuar. Acabo de leer en un libro que sobre el amor leo en este viaje, “El Collar de la Paloma” escrito en el siglo XI por el autor musulmán Ibn Hazm de adquirir y forma parte de mi reciente experiencia de viaje: “Aprovecha la ocasión, porque has de saber / que las ocasiones pasan más deprisa que un relámpago. / ¿Cuántas cosas que eran hacederas dejé para más tarde, / y luego, una vez idas, se hicieron nudos en mi garganta! / Date prisa a coger el tesoro que hallaste; / arrebata la presa como el halcón en acecho

¿Por qué escribir ahora? / El lugar ideal para reflexionar y escribir sobre el amor.

Por lo general dejo por escrito mis reflexiones y pensamientos, principalmente aquellos que sobre derecho y filosofía política suelen revolotear en mi cabeza, pero ante el constante cuestionamiento y personales posiciones y conclusiones sobre otros temas como lo son la vida, la muerte, el amor y desamor, y otros de elevación existencia, hace tiempo que he querido hacer lo mismo con estos temas, y pues ante una de esas fases de visitante, en la intimidad que brinda el viajar con no otra compañía que la de mis propios pensamientos, en tiempos y lugares foráneos, me arriesgo hoy a hacerlo.


El lugar ideal

Como energía vital que mueve al mundo y a la humanidad, sobre el amor se puede reflexionar en todo lugar en todo momento, así  es y ha sido en toda la historia basta recordar que mucho antes del famoso Banquete, Fedón y Fedro, muchos otros ya habían plasmado sus pensamientos  y sentimientos sobre el tema.

Si bien cualquier lugar y momento se presta para estudiar y escribir sobre el amor, la providencia me ha bendecido con la posibilidad de conocer dos ciudades que lo hacen de manera especial, la primera es Atenas, en la que pude sentarme en el areópago al atardecer con el Partenón y el Ágora como testigos de haber finalizado la lectura como si se tratase de una tarea pendiente y sobre la cual tendría que presentar un examen, el leer La Política  de Aristóteles (sobre esto podremos largamente conversar en otra ocasión).

La otra cuidad, París, la ciudad luz y la ciudad del amor, no en vano así es que también se le conoce.


Ahora bien, aunque pudiera parecer una paradoja, si quiere conocerse a sí mismo, y también por qué es que se llama a esa urbe la luz y del amor; París es un destino ideal para viajar solo, caminarla, leerla, analizarla, vivirla, ensimismarse en ella y todo ello sin la mínima distracción de nadie que lo acompañe y que desvíe la atención y sensación de la ciudad que te seduce a hacerla tuya; que como bien describe Ernest Hemingway en “París era una Fiesta”, una vez que conoces París, jamás podrás ser el mismo, decía el novelista: “Tú me perteneces y todo París me pertenece, y yo pertenezco a este cuaderno y a este lápiz”, así como también “La idea de que todos los días debían ser festivos me pareció un descubrimiento maravilloso”, y por último aprovechando que estamos en el mes de abril en plena primavera “Con tanto árbol en la ciudad, uno veía acercarse la primavera de un día para otro, hasta que después de una noche de viento cálido venía una mañana en que ya la teníamos allí”.
Si, parece extraño pero atrévase a ser una versión parisina de usted mismo, la ciudad a sus pies, nuevos acentos, nueva gente, colores, sabores, y luces…. 

También del todo casual es que haya estudiado humanidades, la última promoción de Humanidades del san Agustín de El Marqués;  una lástima no solo que se haya suprimido esa especialidad, por una parte por el perfil e importancia de Agustín de Hipona, no solo en el cristianismo sino para la humanidad, también porque si algo de hace falta a Venezuela hoy en día para su recuperación son humanistas, mucho humanismo, y deben los colegios ser fuente de su creación.

Allí  vi francés, con el peor profesor de la historia, que hoy pienso que nunca supo él ese idioma, también latín e  historia del arte; nunca en ese momento me hubiese imaginado que 14 años  después estaría viviendo en Francia, no precisamente en París, pero una vez que conocí esa ciudad me enamoré perdidamente, ciudad a la que llegué solo y así me recibió hace ya 17 años la torre de hierro que la identifica, lugar en el que había acordado encontrarme con una amiga a la que le tengo todo el agradecimiento y cariño del mundo por haberme presentado e introducido en la ville lumiere; que maravillosa sensación  el experimentar  sus colores, la atención de su gente, su "bonjour" con su particular pronunciación y con sonrisa incluida.

Por supuesto que es espectacular, algo de película, indeleble en la mente, el caminar  con un gran amor por la ciudad tomado de la mano por París, sentarse en una terraza, tomar champaña, comer crepes, caminar por los mercados y hasta poner un candado con las iniciales de los amantes en "pont de l´alma" y lanzar las llaves al Sena; pero si tiene oportunidad  de ir solo, aunque siempre haya deseado hacerlo con alguien, un amor, porque eso nos han metido en la cabeza, aunque sea su primera vez, no lo piense y hágalo, recuerde lo que nos advertía desde el siglo XI Ibn Hazm; llegado allí, escoja cualquier lugar, parque, plaza, esquina, siéntense solo y simplemente espere, no pasará mucho cuando la ciudad  se comunicará  con usted y le mostrará por qué es la ciudad del amor, el amor no reducido a la simple relación entre dos personas sino ese que va mas allá, el amor dirigido a destinos más abstractos, más elevados, más sublimes, más duraderos, por la ciudad, a la urbe en general, al conocimiento, a las luces, es amor en su plenitud.

Todo  esto viene porque otra causalidad providencial me pone otra vez en esta ciudad de la luz de la que me enamoré desde el primer día, pero además no solo coincidió en días de plenilunio que ayudan a afinar esa sensibilidad necesaria para poner por escrito todas esas ideas en la cabeza, que no con desorden, sino con particular  se encuentran y fluyen con cada paso, cada vista, con cada amor recordado.

Un antes y después…

Quienes  hace mucho tiempo me conocer  saben y pueden dar fe de ello que mi vida tiene un antes y un después de un gran amor de juventud o pudiera  decirse un gran desamor, en fin, mi vida no fue ni ha sido la misma luego de esa marca en el corazón. Luego de una depresión jamás conocida hasta esa edad, el tiempo se encargó de reencontrarnos, por supuesto que ello no ocurrió sin que hubiese algo de obstinada insistencia de mi parte, pero claro que ya no éramos los mismos y ella no era entonces solo ella ya tenía  a quien dedicarle de manera exclusiva y irrenunciable su atención.

Muchas otras veces, sin expresamente proponérnoslo nos hemos cruzado, y nos hemos manifestado la importancia que de cada uno para el otro en nuestras vidas; pero por las distintas circunstancias y contextos en que nos encontrásemos no hemos intentado rehacer una relación juntos; creo y siento que es porque si se llegásemos a intentarlo y luego terminase, se pondría fin a esa icónica sensación de haber  superado un desamor de temprana juventud logrando in nivel de confianza que rara vez las relaciones amorosas regulares pueden tener, poniendo en riesgo el mayor cariño que puede existir entre dos personas que aprendieron mucho de una separación como pareja de juventud rehaciéndola en una gran relación de amistad de adultos pese que pueden pasar muchos meses incluso años sin que nos veamos.

En adición a lo referido, es importante señalar el contextos histórico, y personal, segundo año de la carrera universitaria, momentos en los que todo lo que nos ocurre nos marcan de modo muy especial, hay quienes en esa edad reprobar una materia o una ruptura amorosa sienten que el mundo se les puede venir encima. Antes de esa época en mi vida claro que si hubo enamoramientos, y bastantes, en eso creo que no he cambiado mucho, soy muy enamoradizo, y no me refiero necesariamente de las damas, de las ciudades, del país, del derecho, del deporte que practicase y que pasa a ser parte de la vida misma, de la vida, de amor como energía que mueve al mundo.

Antes de esa niketica experiencia si me había enamorado, prácticamente cosas de muchachos; chicas de clase que a uno le gustaba y que no llegó  a mayores, o como el caso de una niña puertorriqueña de 12 años (yo tenía 14 es de advertir) que vivía en Santo Domingo R.D., y hasta nos escribíamos cartas tradicionales, de las que había que ir a comprar las estampillas y llevarlas al correo, no la teníamos tan fácil con whastapp y facebook; la novia de la época de estudiante de intercambio con quien tuve esas primeras experiencias de ausencia y separaciones por viajes, así de cómo te puede cambiar la vida en 11 meses de estudio en el exterior, o el caso del breve enamoramiento con la chica noruega también de intercambio en las frías noches de Minnesota.

Qué decir de cuando se inician estudios en mi querida Universidad Católica Andrés Bello, esos primeros  avistamientos y cortejos universitarios, pero no fue sino luego de esa presentación  inicial en un centro comercial caraqueño y luego de un encuentro  fortuito  en un pasillo -estaba yo en el segundo año de la carrera -, un tímido beso en un ascensor y una declaración  de amor en plena autopista vía oriente para que iniciara una experiencia y marca en el corazón que me cambiaría para siempre y de la que estaré agradecido por el crecimiento que aportó en mi vida.


El estudio del amor. La inteligencia del amor.


El amor, el asunto del amor, y con ello lo que podríamos llamar las artes amatorias, son algo complejo de endentecer y que amerita su concienzudo y arduo estudio, si ya bastante difícil es padecerlo directamente y aún así no logramos descifrar qué es esa sensación, esa fuerza que mueve al mundo, que sin necesidad de aprender a amar, ya que no es algo aprendido sino que nos es connatural, es esa avidez del ser humano de conocerse la que nos lleva a observar, estudiar y leer sobre el amor.

Se imaginarán la gran cantidad de discusiones que he sostenido con un bastantes personas que simplemente no entienden que es dedicarse a estudiar el amor, incluso llegando a afirmar que el amor simplemente se siente y ya, que no es necesario analizarlo ya que se racionalizaría algo tan humanamente propio que debe dejarse a la sensibilidad y experiencia, pues por el contrario creo, y esas discusiones me lo confirman, que si, si se debe estudiar el amor ante su gran importancia, hay que comprar libros, desarrollar cursos, hacer conversatorios; no hago referencia a literatura de novelas amorosas, tampoco de esa proliferación de obras que las catalogo del genero de “autoayuda” que particularmente se venden en las librerías de aeropuertos como las de Cala, Bucay, Fraga, Rizzo o Coelho, o las de PNL, y otros asuntos relacionados, dígame la nueva moda del “coaching motivacional” que todavía sigo sin entender qué. Con el respeto que merecen sus autores y el grado de preparación según sea el caso de cada uno de ellos, a pesar de que personas puedan considerar tales como “cursilerías” o “charlatanerías”, mientras que para otros son las ideas y conceptos más preclaros que hayan podido recibir y en virtud de los cuales han progresado en sus vidas, que también hay quienes pueden consideraros puras obviedades a las que cualquier mortal por cuenta propia; la verdad es que tal proliferación de lecturas, con ese lenguaje sencillo y fácil de entender, invita como vemos que ocurre a que la gente lea, a pesar de los países que no tenemos cultura ni habito para ello, busque respuestas a sus pensamientos y reflexiones, a sus interrogantes existenciales, lo que debemos entender que es latente esa necesidad de estudiar el amor, que reiteramos no se agota con el de la relación de parejas, es más, si bien es muy importante, no es el que más, por lo que esta clase de obras son una invitación a que mas allá de quedarse en su lectura, su destinatario luego procure otras con mayor profundidad y transcendencia.

En la historia de la humanidad siempre ha habido quienes han escrito sobre el amor, desde, hacia y en el amor, desde el amor a la patria, a los hijos, a la pareja, a la humanidad a los amigos, a todo tipo de amor, el frugal, el apasionado, el concupiscente, el imposible; en prosa, en verso, que halagador y reconfortante es que le dediquen palabras de amor mediante un poema, una canción o notas de voz; así como por todos los medios, lienzos, tablas, libros, cuadernos, post-its, grafitis en las paredes, y hoy en día en Facebook, Twitter, Instagram o cualquier medio, el amor ha generado infinitas manifestaciones y obras de amor.

El tratar de recopilar todas las obras para su estudio es una tarea más que imposible, totalmente estéril, ya que solo recopilarla y luego leerla, nos quitaría el tiempo esencial para amar, aunque ya esa ardua tarea sea per se un acto de amor; no obstante lo anterior, hay obras que todo estudioso del amor ha de someter a su examen y reflexión, lecturas que si bien carecen de la sencillez de aquellos de “autoayuda”, una debida concentración y dedicación las hacen comprensibles.

No puede faltarle al estudioso del amor entre otras, las obras de Platón, especialmente El Banquete, Fedón y Fedro; de Aristóteles, todas son importante, Ética Nicomaquea es imprescindible, de Cicerón, Sobre la Amistad y Sobre la Vejez, de San Agustín, Confesiones, y muchos otros que ahora en este momento, ante otras cosas que pasan por mi mente y otros trabajos que he de entregar no he podido buscar bien en el archivo de los recuerdos, pero no puedo dejar de referir a “Estudios sobre el Amor” de José Ortega y Gasset, quien hiciera el prologo a una reciente edición de “El Collar de la Paloma” de Ibn Hazm que notas antes señalásemos, y como no, los clásicos de los maestros del amor Giacomo Casanova en “La Historia de mi vida” y Ovidio con su ultra famoso manual de conquista escrito que cuenta con más de 2000 años y cuyo contenido tiene muchas veces más vigencia que nunca antes “Ars amatoria”… El Arte de Amar, en el que además se solicitarle a su seguidores que le dedicasen sus conquistas logradas y advertía cuando se le señalaba de aquellos que con riquezas tenían más probabilidades de éxito de hacerse con el premio del amor  “Soy el poeta de los pobres porque como pobre amé



 
El amor inteligente o la inteligencia del amor

Tiende a señalarse y hasta a afirmarse vehementemente, y hasta tozudamente, que el corazón, el amor, no escucha razones, y que es no solamente imposible, sino indebido mezclar la razón con ese sentimiento, pues no es nada nuevo este choque existencial entre amor y razón, entre Apolo y Dionisio, los dioses que desde antes de la existencia de la humanidad se disputaba cada uno de ellos como proceder, representando en Apolo la razón y  en Dionisio las emociones.

El hombre, el ser humano, la humanidad, a imagen y semejanza de los dioses, en este caso de Apolo y de Dionisio, ambos hijos de Zeus, llevamos en nuestro ser características, y más aún, virtudes de ambos, tenemos, unos más que otros, un tanto de lo apolíneo y de lo dionisíaco, algo que a Nietzsche y a muchos otros atrajo y quedan allí sus obras, que decir de Freud.

El hecho es que no somos sólo razón, y no solo emoción, por lo que no puede pretenderse excluir a la razón, a la inteligencia en las cuestiones del amor, y en este caso, de la inteligencia emocional, clase de inteligencia y de relación que puedo decir que muy bien conozco y de muy cerca. Tuve la fortuna de conocer y convivir con la muestra y mayor expresión de inteligencia emocional que pueda existir, inolvidables momentos, que como ya hemos reflexionado formaban maravilloso contexto que no es el de hoy, agradeciendo siempre a los dioses las experiencias vividas, el aprendizaje y la elevación espiritual alcanzados, deseando la mejor de las fortunas.

En el tema de la razón y las emociones, la cabeza y el corazón, quien quiera adentrarse en el estudio del amor, no puede dejar de leer una obra magistral de un gran personaje de la historia, gran pensador y político, la humanidad no hubiese sido la misma sin su paso por el universo, todos hemos de alguna manera conocido su obra, sin embargo jamás nos hubiésemos imaginado que también sobre el amor escribió, específicamente entre esa estrecha, humana y compleja relación entre la cabeza y el corazón, lo cual hace el 12 de octubre de 1786, precisamente estando aquí, en la ciudad del amor y de las luces, en París, se trata de Thomas Jefferson, quien luego de la partida de una dama a la que se le atribuye haberle robado su corazón, y según entendemos también algo de su razón; la dama, que estaba casada, respondía al nombre de Marìa Cosswell, señalaba el amante Jefferson en su carta:


Estando yo sentado junto al fuego, solitario y triste, el siguiente diálogo se llevó a cabo entre mi cabeza y mi corazón:

Cabeza. Bueno, amigo, pareces estar en un buen aprieto.

Corazón. Soy sin duda el más miserable de todos los seres terrenales. Abrumado por el dolor, con cada fibra de mi cuerpo distendida más allá de sus poderes naturales que pueda soportar, yo estaría dispuesto a sufrir cualquier catástrofe sin dejarme nada que sentir ni temer.” (…)

No solo Jefferson, todos los grandes hombre y mujeres de la humanidad han sucumbido ante el amor, imposible es pensar que no, somos humanos, llevamos como descendientes de Apolo y Dionisio, razón y emoción, ello aunque cada quien lo perciba y exprese de la manera que quiera, recordemos que el amor no se agota con la exclusiva relación entre dos simples humanos mortales.



Pudiéramos pasar horas, meses, años platicando y discutiendo sobre el amor de los grandes personajes de la historia, de aquellos héroes que nos pintan desde niños en las escuelas, de Bolívar, los de Miranda, que decir de Napoleón, solo para referirnos a la época decimonónica del amor ya que iniciamos la reflexión con Jefferson, pero quiero concluir esta sección simplemente con una referencia a la relación amorosa de otro importante personaje de finales del siglo XVIII y principios del XIX como lo fue el almirante Horacio Nelson, quien además de las  graves heridas de guerra y fortaleza de espíritu por ellas generada, no pudo dejar de sucumbir ante el amor y la pasión de una muy hermosa dama, que aunque también casada, mantuvo una estrecha relación de la que resultase una hija, siendo tan imposible para las integrantes del circulo amoroso el dejar de compartir que hasta convivieron juntos, la dama Emma Hamilton, esposa de William Hamilton.

Las artes amatorias. Los abrazos y los besos como su más genuina expresión.

Volvamos a las ideas del maestro Ovidio, sobre el título de su obra, Las Artes Amatorias, en efecto amar es un arte, y como todo arte, puede ser ejecutado de diferentes maneras, las más variadas técnicas; hay para quienes algunas artes les puede resultar más natural y habrá otros que no.

No todas las pinturas le gustan a todo el mundo, al igual que ocurre con otras artes como música, la danza, la escultura o la arquitectura o cualquier otra, no muy distinto tiene que ser el arte del amor, el de los amantes.

No hablamos aquí del “performance” del acto amatorio, aunque sobre eso mucho podríamos discutir en otro trabajo, por lo que literatura antigua clásica hindú sobre el amor y el sexo, el Kamasutra, pero debemos afirmar que también es un interesante libro para la biblioteca especializada, más de esta obra tomemos como referencia el capitulo 2 que desarrolla ampliamente el tema de os besos y de los abrazos, prácticas estas que son esenciales en el amor, no solo del amor intimo que lleva a la copula, sino que son la manifestación física de toda clase de amor, ya que hay amor y abrazos de hermanos, de padres, de amigos, e incluso de personas totalmente extrañas y no por eso no deja de existir la posibilidad de existir amor entre ellas, el amor que es necesario en nuestra sociedad.

Me declaro abiertamente defensor de la práctica más  íntima  de los amantes, el beso, y a la vez manifiesto  mi gran preocupación ante el riesgo de su extinción en muchos de los foros del amor.

Claro que la intimidad y la cercanía  de los amantes los llevan a fundirse en un solo cuerpo de amor, pero es el beso el mayor instituto del amor y a veces no se le presta la debida atención que merece.

Con un primer beso, por pequeño se sea, con toda su carga emotiva, si es proferido con el "voltaje" y "amperaje" adecuado puede generar la chispa que inicie una llama de pasión y entrega que dure toda una vida, incluso más de una vida, eso para los que creemos en la transcendencia y reencarnación en el amor.

Con un simple beso, incluso con un abrazo se puede saber si se es amante, cómplice, compañeros de vida, hasta si hay traición, Judas  lo sabía y Jesús lo percibió

De todos los actos y prácticas de los amantes se puede fingir, se puede hacer creer muchas cosas, con los besos, con  los verdaderos  besos no, por ello que por sobre tosas las cosas, deben ser sinceros y para así demostrar de mejor manera el amor que trasmiten, sean estos desde aquellos amicales de salutación, hasta aquellos inolvidables que marcan vidas, épocas, culturas  y hasta sociedades.


 
El poder de un beso es tal, que no solo pueden resultar irresistible a los humanos, también hasta los dioses y semidioses, ya que hasta el propio Apolo, el mayor exponente de las luces y la racionalidad sufrió ante la negativa de Dafne de caer en sus brazos dejándose besar y amar por el dios. Hay besos que incluso han sido objeto de veneración e inspiración de grandes artistas, baste recordar el famoso beso de Francesca y Paolo recogido por Rodin en una de su más famosa escultura con ese mismo nombre, o como es el otro caso de la ilustrísima pintura de Gustav Klimt también llamada igual.





No es un asunto de cantidad sino una cuestión de contexto.

Claro que a medida que me interno en mis recuerdos vienen a mi mente y a mi corazón las imágenes y sentimientos de aquellos importantes pasados momentos en mi vida, momentos que no solo a mí, sino a todos, no seríamos quienes hoy en día somos, para bien o para mal. Nuevamente he de agradecer a la providencia haberme puesto en el camino, en el viaje por la vida, los mejores compañeros y amigos del mundo, en especial haber tenido la oportunidad de compartir e intimar en las distintas etapas de mi vida con damas que, además de ser hermosas, inteligentes, tienen los más nobles y sinceros sentimientos de amor, y que a pesar de que la vida por cualquiera  haya sido las circunstancias nos ha trazado caminos diferentes, a diferencia  de como he podido ver de relaciones de otras personas  y amigos  que refieren y reniegan sobre pasadas incómodas relaciones, yo no guardo en mi corazón y mi cabeza más que lo mejor de los recuerdos y mis mejores deseos, hacer lo contrario, incluso el ser indiferente con quien se haya compartido momentos esenciales sería negarse a sí mismo e incurrir en una contradicción existencial.

¿Cuántas han sido mis experiencias? Muchas o pocas, todo depende del contexto que se le quiera  dar, y en ocasiones el error consiste en ubicarse, voluntaria o involuntariamente, mal o bienintencionadamente en contextos que no son los adecuados.

No crean que no he estado tentado, muy tentado, en relatar con la suficiente especificidad algunos interesantes episodios de mi vida en estos contextos y foros, incluso  identificando a sus protagonistas y participantes, tal vez aguas abajo en estas líneas lo haga, tal vez no.

Pudiera también ocurrir que me lo reserve para otra escritura privada y que sea publicada posteriormente, o tal vez ya esas anécdotas están redactadas a modo como ya lo hiciera el gran personaje de la historia, el filósofo y pensador del amor, jurisconsulto e importante actor en la obra de los amores Giacomo Casanova.

Más, podría verificarse totalmente lo contrario, es decir, que apelando al principio universal, aunque no muchas veces practicado por muchos, de que "Los caballeros no tienen memoria", queden tales  episodios  y actores en la estricta privada y reservada intimidad de mi memoria y mi corazón, en todo caso, como expresara al inicio, puedo alegremente afirmar que el solo ejercicio de recordar con todo el cariño del mundo, pasados amores, así como los no tanto, ha sido muy agradable, además de lo emocional y espiritualmente enriquecedor de revivir esos momentos de mi vida, desde mi mocedad en los enamoramientos pueriles hasta la vigente etapa de mi vida recién cumplidos 9 lustros y escribiendo estas líneas durante profundos momentos de ensimismamiento que solo se logran con la sola compañía de los recuerdos.

No se trata de que sean muchas o pocas, así como quien lleva las estadísticas de una competencia en la que resulta hasta ahora indiscutiblemente victorioso Umberto Billa, quien pareciera más bien poseído del espíritu de Casanova, al parecer el foro veneciano como que algo tiene que ver, en fin, el asunto es que no es del todo caballeroso el reducirlo todo a vacías cifras, aunque provoca hacer el ejercicio, pero nuevamente el principio principesco ha de imponerse, además, de que la finalidad última de todo caballero es y ha de ser en todo momentos el de complacer a la dama, bien en lo que ella expresamente desee o en caso de no estar totalmente clara y definida, sea también misión del caballero la de suministrar dichas luces, aquí en que bien cabe la perfecta aplicación del principio “in dubio pro amatoris” al que deben acogerse todos los amantes, o aquellos que pronto lo serán.

Cierro los ojos y multicolor, además de atemporales, como ocurre con los sueños, son mis recuerdos de mis vivencias formando así como una gran película en las que todos los lugares son uno solo, y todos los años, meses, días, horas y segundos, son solo un parpadear; en un mismo segundo, un pestañear y revivo el libar el néctar imperial directamente de los firmes y suaves labios de la amada; el caminar calles interminables tomados de la mano, sean el conversar temas elevados, de poseía, historia, idiomas, viajes, filosofía, y hasta derecho y política; que gratificante es el compartir con personas con luces; el fundirse en un fuerte abrazo que inicie en Caracas y al abrir los ojos estar en Liverpool, pasando tanto por Barquisimeto y Barcelona, como los Campos Elíseos, la Gran Vía, en la cima del Ávila o en Choroní, o simplemente lugares imaginarios, esa extraña pero deliciosa sensación como la de manejar una moto por una isla del Caribe las primeras horas del primer día de un nuevo año, el pasar toda una noche bailando; verse a los ojos y fundirse con la persona de la amada, entrando a través de sus ojos en su mente y su alma; la misión encontrar un perfume único a través de calles que una vez sirvieran a la resistencia a la tiranía; la creación de una neolengua que únicamente emplean y usan los amantes inventado sus propias palabras y que solo ellos son capaces de entender, interpretar y traducir; el incondicional apoyo durante el compromiso matrimonial mientras se atendía el tratamiento del cáncer de mi padre; y el también absoluto apoyo en momentos que  flaqueaban las fuerzas para de seguir estudiando la carrera y con el mayor cariño del mundo me invitaban a estudiar suministrándome el material de estudio y hasta nos tomábamos el necesario café que nos mantendría despierto esas largas madrugadas de eternal lectura  discusión –aunque fuese yo el que siempre caía dormido pero me las arreglaba para soñar con los temas y así aprenderlos-; en todo eso, y un poquito más, se recuerda, se piensa se siente; en un solo segundo, un mismo momento, en una solo instante, pero que dura toda una vida.

Momentos y sentimientos que no puede pretenderse sean encerrados y limitados a ser expuestos fríamente en un escrito; ello sería vaciarlos de la importancia y transcendencia en sus momentos y sus contextos. Claramente que no podrán ser los mismos contextos de los amores pasados, sean estos de la temprana edad estudiantil o mucho más recientes, y que azares del destino se presentan nuevamente con mayor intensidad, pasión y entrega, aunque temporalmente; que aquellos casos de atracciones secretas en las que jamás expresamos tal gusto y atracción, y no es hasta que nuevamente el destino nos pone frente a frente, sea en una oficina pública, en la universidad, o en una equina cruzando la calle, que dejamos esa reservada actitud e invitamos a salir a esa persona que siempre nos atrajo, tal vez primero un café, a un evento académico -que para muchos puede ser bastante aburrido-, un almuerzo, un vino, unas cervezas, y así hasta pasar a encuentros más privados, más propios, más íntimos.


De musas y ninfas desconocidas y amores secretos.-

Así como existen monumentos y homenajes a los soldados desconocidos, de igual manera ha de reconocerse y honrarse a los amores y musas desconocidas, y cuando se hace tal referencia, no se está hablando a aquellos amores, y sus encuentros, en los que se desconoce su identidad, lo que puede ocurrir por la fugacidad de la relación o cualquier otro motivo, aunque también pudiera aplicar un poco algunas reflexiones.

Al hablar de las musas desconocidas, nos referimos a aquellos amores que mantenemos en total discreción, para nosotros mismos, en absoluto silencio, así como el colegial que se sienta todo el año escolar al lado de la chica que le roba el alma y jamás de dirige palabra alguna, o el alumno que está perdidamente enamorado de la profesora; el médico de su enfermera, la paciente de su médico, compañeros de deporte, de trabajo, el vendedor y oficinista de su cliente, y hasta del juez con la persona del enjuiciado, y así todos aquellos que llevan todos los días estoicamente a cuestas ese peso de verse atraído de la otra persona a quien no se atreve, o no debe, manifestarle sus deseos y emociones, a declararle su amor, ya por temor, ya por otras validas razones como la de la imprudencia en el ambiente académico o laboral, de debida distancia y recato, o la razón mayor de abstención de cualquier manifestación de atracción y amor, sencillamente que se trate de una persona ajena.

Evidentemente que en estos casos, esas musas y ninfas desconocidas nos hacen ser mejores versiones de nosotros mismos cada día y nos hacen avanzar a estadios más elevados de nuestra existencia, todo ello a pesar de las restricciones, limitaciones o prohibiciones, nos invita a asistir a clases, ir al trabajo, a estudiar, a arreglarse, a tener una mejor actitud todos los días a pesar de la incomodidad de sentir frente al ser admirado y amado en silencio las brasas internas que nos queman y ese nudo gordiano en nuestra garganta que nos impide manifestar nuestros sentimientos.

No se puede recomendar en modo alguno si se debe o no manifestar o no a las musas y ninfas el amor represado, no existe fórmula mágica para saberlo, menos aún si se trata de una ninfa ajena; pero en todo caso, será cada situación la que dará indicios o no para ello dependiendo de las particulares señales de cada musa, según sean ninfas de agua o de tierra, ya que dada una de ellas tiene su forma especial de encantar.

En cuanto a los amores secretos, ello son tan secretos que siquiera deben ser comentados con persona alguna fuera de aquellos cómplices directos, sobre esto es de recordar que un caballero además de carecer de memoria, especialmente en estas aguas si es que las nada, deberá atender a la protección y dignidad de la dama que lo ha invitado a su más secreta intimidad, por lo que es un deber sagrado para el caballero evitar en todo momento y bajo ninguna circunstancia que la dama pueda resultar mal puesta y afectada en tal condición, incluso habiendo podido incurrir ella en verdadera ignominia, jamás será el caballero juez público de ello, siendo cualquier opinión o creencia para su estricta intimidad.




Entre despedidas y retiradas.-

Son verdaderas muestras y fases del amor, y en consecuencia así han de saberlo los amantes,  es que no siempre es sano para el amor como fuerza y valor humano esencial, que quienes se amen se encuentren siempre en permanente, eterno y exclusivo contacto.

Sin que necesariamente signifique que el amor se acaba, ya que aceptarlo así tan alegremente sería restarle valor y vaciarlo de su contenido esencial, podemos afirmar que muchas veces quienes de verdad se aman han de separarse y entender que la mejor muestra de ese amor y mejores deseos sean el de permitir que el amado atienda a su propia esencial, a su naturaleza y que ascienda a otros estadios, aspectos que a veces, no necesariamente de manera consciente o malintencionada se ve limitado por la incompatibilidad del otro amante.

Así como ocurre entre padres e hijos y llega un momento que los primeros deben dejar a los otros salir del hogar para lograr sus propias metas, estudiar, crecer aventurarse solos en el mundo, incluso en casos extremos como los de familias que viven en países con altos índices de criminalidad y sometidos por regímenes tiránicos, que por cierto siempre lo negarán, en que los padres ven partir a sus hijos a otras latitudes en las que puedan ser verdaderamente libres y desarrollar su vidas, tal separación si bien es muy dolorosa, en modo alguno puede considerarse que es un acto de desamor, por el contrario, entender la naturaleza del otro, su esencia, sus fines existenciales en este mundo y dejarlo ir para que ello se haga realidad, es una muestra de verdadero y puro amor.

Hoy en día cuantas familias no se encuentran separadas debido prácticas despóticas en nuestros países y que pese a la distancia permanece más vigente que nunca ese gran sentimiento que es el amor, no solo entre sí, entre los miembros de las familias, sino ese amor general al país secuestrado, aquel al que a pesar de la distancia y el tiempo nos duele como cada día más, ese amor que se ve herido cada vez que el país es maltratado y ultrajado por sus captores. Cuantas muestras y grado de amor hay en Santiago de Chile, en Loulé, en Bogotá, Miami, Manchester, Londres, Lanzarote, Madrid, Medellín, Buenos Aires, Nueva York, Toronto, Edmonton, Calgary, Barcelona, París, Panamá, San José, Atlanta, ciertamente que la venezolanidad y el amor venezolano no termina, no se agota en el espacio geográfico de un país, el amor no puede encerrarse, es demasiado grande, siquiera es concebible que quepa en algo más de 900 mil kilómetros cuadrados, Venezuela, la verdadera Venezuela no cabe allí, se desbordó por todo el planeta; pero en fin… me estoy desviando.

Salvando las evidentes diferencias de contextos, en el amor de pareja, las relaciones de parejas, en muchísimas ocasiones nos hemos dejado convencer por la idea de que ha de lucharse, a veces estoica, sacrificada y heroicamente por objetivos y proyectos comunes, como fuese posible definir y establecer metas comunes de dos personas totalmente distintas, con antecedentes diferentes, valores familiares y morales particulares, si una misma persona a lo largo de su vida tiene diversas maneras de percibir determinadas situaciones, que podría resultar de aquellos que son completos extraños hasta que esa fuerza esencial que es el amor lo une. Ahora bien, ¿Qué ocurre cuando a pesar se sentarse y proferirse amor, entre los protagonistas  se sabe que tiene intereses, gustos, apreciaciones sobre  la vida o deseos que son distintos? Sean tales diferencias preexistentes y no declaradas o sobrevenidas, conscientes o inconscientes, ¿Deberán los amantes pese al amor que se tienen y profesan separarse si el estar juntos de alguna manera afecta el desarrollo personal de uno o de los dos? ¿Deben los amantes soportarse resignada y estoicamente a sabiendas que permanecer juntos merma las posibilidades de lograr sus metas personales? ¿No será eso un acto de egocentrismo que es contrario a la idea de amor?  ¿Una verdadera muestra de amor no debería ser la de dejar libre al otro o uno salir de la relación con tal fin?

Como comprenderán nada sencillo es el tema, y cualquier decisión sobre ello que tomen los protagonistas del amor dependerá de las particulares condiciones de cada una de las relaciones: Lo que sí creo es importante tomar en cuenta aquí es que si algo NO es el amor, es privación, penas y pesares, preocupaciones, apegos patógenos o martirio, por el contrario, amor es y ha de ser siempre libertad, creación, elevación, por lo que quienes se encuentran unidos en base al amor, deberán hacerlo y permanecer así por voluntaria convicción de conveniencia, ésta en el sentido de estar en pleno conocimiento de las ventajas que les reporta a cada uno, individualmente, el es estar con el otro, y no con alguien distintos, incluso solo, así como de entender que al otro le es igualmente provechoso, y que de no sentir esa libertad propia del amor y de ella estar juntos, o de creer que es más adecuado el continuar el camino de la vida con alguien más, o de ser el caso de manera individual, evaluar la conveniencia de, y las manera para, bien sea apartarse de la relación o simplemente dejar ir.

Ojala fuese tan fácil como parece y que de manera fluida puede exponerse en par de párrafos, o como los autores de esas obras que señalase del genero de “autoayuda” felizmente venden libros y libros, pero como se advirtió, no es nada fácil en tema, y no mejora en lo absoluto cuando existe entre los protagonistas del amor un patrimonio común, descendencia y obligaciones conjuntas, además de aspectos como la costumbre, la repetición y el aburrimiento, pero para no invadir las parcelas de esa literatura especializada, baste con señalarse que uno viene a este viaje que se llama vida  siquiera con el derecho, más bien con la obligación de ser feliz, dejando y colaborando con aquellos a quienes se ama a hacer lo mismo, procurando por todos los medios posibles permanecer juntos al amado y superando conjuntamente las dificultades coyunturales que puedan presentarse, más si ello no es posible, la mejor muestra de amor es simplemente apartarse o dejar ir, lo antes posible, la vida pasa y no espera, y uno no puede retrasar el cumplimiento de nuestra obligación de ser libres y felices, así como de ayudar a quienes amamos a hacerlo.

En múltiples ocasiones he tenido que marcharme, mientras que en otras he tenido que dejar ir, en todas he tenido la convención, tal vez no de manera inmediata, que ha sido siempre lo mejor, y ello lo confirmo cuando se que con quien en determinado momento es transité caminos de suma importancia, hoy se encuentran en estadios de permanente felicidad y prosperidad; quiero pensar y creer que en algo colaboré, como tengo la plena convicción que así ocurrió en la formación que hoy soy.

A mi verdadero amor, al que siempre he de volver y no me importa compartir.-

Ya finalizando, no solo estas líneas que pueden resultar tal vez un poco alocadas y desordenadas, pero también concluyendo el viaje que hiciese con no otra intimidad y compañía que la de mis pensamientos y reflexiones, y que solo pocas de ellas están aquí expuestas y quería compartir abiertamente, embarga mi corazón una profunda intranquilidad que me ha acompañado desde hace muchos años pero que particularmente estos días se ha acentuado y es el destino de uno de mis primeros y verdaderos amores, mi país, Venezuela, que hace tiempo que no la veo, pregunto por ella y nadie sabe dónde está, hace uno poco más de 17 la secuestraron, me la quitaron, nos la robaron, eso que está allí, ese espacio al norte del sur de un poco mas de novecientos mil kilómetros cuadrados no es Venezuela, siquiera se llama igual, tampoco puede eso llamarse un país.

Venezuela fue y es mi primer amor, el que a pesar de los años no solo subsiste en mi corazón sino que ha incrementado. Hace años que quiero volver y no la consigo, vuelvo al lugar donde estaba y pesar que algunos edificios y calles se parecen, su cutricidad y deteriores delatan que no es la misma, busco a su gente, mi gente, mi identidad, y entre otros igualmente perdidos como yo consigo más que pedigüeños, a zombis escarbando en la basura para conseguir algo de comer; trato de buscar algunas señales de respeto y decoro de nuestras instituciones y valores republicanos que en otra épocas nos identificaba, y o queda ya nada de ello, unos monstruos se lo robaron.

En pocas horas tomaré un vuelo para encontrar a mi amor, a mi primer y verdadero amor, y me hago la ilusión de que allí estará esperándome, y me duele el alma saber que al llegar ese no es mi amor, esa no es Venezuela, mi Venezuela, es otra cosa.

Hay que luchar por el amor, por lo que se ama, como refiriese antes, incluso separarse y dejar ir, muchas veces son muestras de verdadero amor. Venezuela nos ama y nosotros a ella, la que está secuestrada y no esa impostura que siquiera se llama igual y pretende hacerse pasar por la autentica, la de hombres libres, la próspera. A muchos de sus hijos en diferentes tiempos nos ha dejado ir, algunos permanecen fuera, otros estamos de manera permanente en el territorio en que estaba y solo por motivos específicos es que hemos salido, pero unos y otros, sin excepción, somos víctimas de los secuestradores, y nuestra obligación es, cada uno en su propia trinchera luchar por su liberación.

No me queda más que disculparte por haber abusado de su tiempo en someterlos a esta extensa lectura que como señalar más bien parece un sueño, una experiencia surrealista, en la que se pasa de manera desordenada de una a otra idea, reflexión, sensación, así soy yo, el lugar y lo que he bautizado en este viaje como “el alicoramento ilustrado” ayudaron a ello.

Por último, aunque haya identificación expresa, gracias a las mujeres de mi vida, en particular a ti Venezuela, donde estés has de saber que no te abandonaremos y te rescataremos, aguanta un poco más.


París, 22 de abril de 2017






Fotografías: igualmente de manera surrealista cual un sueño, sin orden establecido.

Ejemplar de los libros de poesía de Pierre de Ronsard. En tienda de libros raros en el Mercado de antigüedades de París St. Ouen.
Forografía de Ernest Hemingway.
Fotografia de Gregorio Marañon.
Fotografia de Jefferson.
Fotografía de Hamilton, Emma y Nelson.
Tienda de libros raros en el Mercado de antigüedades de París St. Ouen.
Fotografía de reproducción de la pintura de Gustav Klimt “El Beso”.
Vitrina de librarìa Madrid en la que se invita a leer y enamorarse.
Plenilunio en Madrid. Templo de Debod.
Plenilunio en Madrid. Cibeles.
Mesas y sillas d corcho que invitan a un buen vino.
Leyendo El Collar de la Paloma en Londres “Tube”.
Prosecco en Londres.
Escultura Ninfa dándose un baño. Liverpool.
Escultura Amor Secreto- Liverpool.
Detalle pintura Muerte de Nelson. Liverpool.
El Beso. Rodin. Ejemplar en bronce en el Jardín de las Tullerias.
El Beso. Rodin. Ejemplar en bronce en el Jardín de las Tullerias. Hasta que los conseguí, a Francesca y Paolo.
Fotografías de obra de Van Gogh. De un apartamento.
Fotos del apartamento en París que invita a escribir.
Composición de fotografías de L´Artisan Perfumeur.


[1] Aquí no escribe el abogado, el especialista en tal o cual materia jurídica, filosofía del derecho o filosofía política, es el Roberto Hung enamorado y observador de la vida, del mundo, del amor, de las amistades y de las mujeres, la hembra del la especie humana como la más graciosa y hermosa creación de la providencia. rhungc@gmail.com

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