lunes, 13 de agosto de 2018

Entre abortos, drones y magnicidios.



Vaya que la semana pasa fue bastante intensa, más que en la ocurrencia de hechos específicos de interés, que los hubo, resultaron ser más en las opiniones y reflexiones que devinieron luego.

Por un lado, la noticia, y más que ella, las consecuencias ulteriores del episodio de sendos drones que estallaron en Caracas en un acto oficial en la principal avenida del país y que han sido referidas como intento o frustración de magnicidio, y por el otro, la no aprobación por parte del senado argentino de un texto legal que relajaría la interrupción voluntaria del embarazo, expresión que muchos catalogan como eufemística para referirse al aborto, más si tal se identifica como un tipo penal; tema de la tipicidad penal que también es otro asunto que ha surgido al final de la semana, pero del cual nos es ajeno tratar hoy.

Manifestaciones y opiniones de todos los sectores no se han aguantado para hacerse públicos, muchos de ellos con contenidos racionales, otros no tanto. No es intención de estas lineas la de someter a un examen más profundo y pormenorizado sobre tales opiniones, menos aún sin haberse estudiado con la seriedad que ameritan esos temas los detalles de las intervenciones en el legislativo argentino, en el caso de la legalización del aborto, y de las actuaciones que han rodeado en Venezuela el del referido plan conspirativo que procuraría un magnicidio, sin embargo, a pesar de no haberse analizado con la debida dedicación para emitir una opinión técnica elaborada, a pesar de la distancia entre argentina y Venezuela, y los contextos en que se dieron los hechos, hay un elemento esencial común, en ambos casos, el tema del derecho a la vida, sea que se entienda como la frustración en que ella se origine o desarrolle, bien sea su supresión o eliminación. Lo que ha de llamarnos la atención es la banalización con que se está tratando la idea y concepción que se tiene de la vida humana, y no desde situaciones específicas de afectación del derecho a la vida de las que se pueda tener conocimiento, sino del propio ideal y concepción de la vida como valor superior de la humanidad, mucho más allá que como derecho subjetivo.

Basta con ver las encarnizadas discusiones y posturas de quienes por un lado defienden el referido por ellos derecho a la suspensión voluntaria del embarazo frente a quienes lo condenan, así como el arsenal de argumentos de toda clase en apoyo de sus postulados, desde científicos, filosóficos, pragmáticos, religiosos, culturales y hasta económicos, pero más allá de lograrse un consenso común de reconocer el valor d ella vida en abstracto y de allí analizar situaciones concretas en los que sería no penalizable e incluso permisible esa “interrupción”. Lo que resulta evidente, es que, esa ruptura y distanciamiento social y visceral, la negación del otro al buen estilo schmittsiano, pareciera ser la verdadera intención de quienes dicen apoyar algunos movimientos sociales que si bien les pudiera asistir y sería legítimo reclamar tales reivindicaciones, ello no es utilizado sino con fines instrumentales de regímenes poco identificados con la idea de democracia.

Como se advirtiera antes, a pesar de tenerse una postura muy propia y particular sobre el tema del aborto, al igual que de otros álgidos temas de actualidad, no es este el foro para su divulgación, menos aún ante las especificidades de tales posturas, sin embargo, lo que si se ha de destacar y siempre ha de considerarse y tenerse en cuenta como aspecto esencial, es que para para entrar a evaluar esta clase de temas se logre el acuerdo previo entre los participantes sobre el núcleo duro de los derechos que pudieran resultar afectados, más aún si se está presente ante los más importantes derechos fundamentales como lo son la vida, la libertad y la propiedad.

Caso contrario, es decir, no darles la debida importancia y lugar que ellos merecen a la hora de abordar cualquier discusión, puede dar como resultado posturas que devienen en su propia negación, como tales son los casos del yerro de considerar que los llamados derechos sociales tienen preeminencia sobre los individuales cuando no son más que instrumentos para su materialización, hasta situaciones que por más que parezcan inverosímiles y hasta fantasiosas, como podría ser que existan sectores que promuevan a la par de la legalización del aborto, la legalización del magnicidio fundamentado que si bien la vida de un nasciturus que nada en absoluto, ningún daño ha hecho, su derecho a devenir en un ser vivo pueda ser interrumpido, similar suerte de interrupción pudiera correr quien se haya desviado de sus deberes ciudadanos y desatendido la protección del pueblo que le habría otorgado mandatos para su ejecución.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario