miércoles, 12 de octubre de 2016

Dictadura es Dictadura aunque se pretenda llamar con otro nombre. Con ocasión a la “cosa” que con pretendida forma de sentencia dictó la otra “cosa” que se dice llamar justicia.



Nuestro idioma es muy rico, existen palabras que sin ser rebuscadas ni desconocidas definen con suficiente claridad nuestros sentimientos, emociones, frustraciones, situaciones económicas y sociales, y claro está la forma de ejercer el poder, o podemos decir, imponer el poder.

Cómo puede llamarse a un régimen político, a un gobierno, que amparado en supuestas situaciones de emergencia, que no solo es generada por él mismo, bien por ineptitud o conveniencia, pretender “legislar”, o mejor expresado, “mandar” sin control o limitación alguna, especialmente por el órgano contralor por naturaleza como lo es el Poder Legislativo sea el Congreso o Asamblea Nacional, que es el que tiene mayor representación democrática.

Hemos sido testigos en la historia de casos extremos en los que quienes ejercen el control absoluto y totalitario, han pretendido mantenerse al margen de tal control, incluso pretendiendo que el presupuesto del Estado y su endeudamiento no se haga frente al legislativo, sino que bajo el pretexto de supuestas situaciones emergenciales de excepción, se considere que pueden actuar fuera del Estado de derecho.

Una situación como la anteriormente narrada, nos la recuerda el régimen del nacional socialismo que entre febrero y marzo de 1933, al margen del Reichstag, aniquiló la república de Weimar y creo lo que llamasen el tercer Reich, todo ello sustentado en leyes habilitantes y decretos de estados de excepción y emergencia.

Pues sí, nuestro idioma tiene un nombre para ello y es dictadura, las cosas hay que llamarlas por su nombre, dictadura. Cuando se está frente a una dictadura hay que llamarla así desde el momento que se verifica y no esperar que la misma sea superada para hacerlo, ya que ello puede hacer más difícil y frustrante su superación. Está en nosotros en abordar las circunstancias con la entereza que obliga y ha obligado a los ciudadanos a resistir a sus opresores, no en vano ello es un derecho humano consagrado desde el propio siglo XVIII.

Por su parte, los regímenes dictatoriales, los que en efecto lo son, tienen dos formas elementales de actuar ante tal reclamación; la primera y más frecuente, la de negar que son tales dictaduras, y por el contrario señalan, afirman y gritan a los cuatro vientos que no lo son, se auto califican de democráticos y que toda su actuación es para proteger al Estado mismo, que suelen confundirlo con el gobierno y partido, así como para proteger a sus ciudadanos, incluso no dudarán en lograr hacerse de decisiones de las más altas instancias judiciales como de las Cortes o Tribunales Supremos, ya de esto nos referiremos un poco luego.

Ha habido también casos en la historia, en la que lejos de negar esos regímenes totalitarios tales dictaduras, la asumen, pero intentan reivindicarla y ennoblecerlas, tratando de justificarlas y hasta de rescatar esa idea de salvación del Estado en su concepción en la antigua Roma al buen estilo de Hobbes con su Leviatan. Coincidencialmente la existencia de los regímenes dictatoriales se justificaba así mismo ante la circunstancia de emergencia y urgencia, fuese esta real, ficticia o autogenerada. Aquí el ejemplo es el mismo, el del régimen dictatorial del nacional socialismo, en el que su defensor e ideólogo Carl Schmitt, hasta escribió una obra en la que justificaba dicha dictadura, ya sabemos en qué consistió y devino luego todo el tema del nacional socialismo desde 1933 hasta 1948.

Hay una excelente y reciente (07/10/2016) presentación en Prezi del Profesor de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Enrique Huerta Cuevas, sobre la obra de Schmitt “Die Dicktatur”, disponible en: https://prezi.com/i7nmgvcpfje-/die-diktatur-carl-schmitt/

Arriba mencionamos que aquellos regímenes dictatoriales que niegan llamar su actuación como tales dictaduras, que no hacen como el caso del nacional socialismo, que pretendió abiertamente justificar la institución de la dictadura como poder absoluto al identificarlo con la urgencia y necesidad de poder en un solo hombre o facción la totalidad del poder; que si a ver vamos resultaría mucho más loable que mediante estratagemas y vulgares eufemismos a los que recurren más recientes regímenes; éstos, para tratar de justificar su actuación totalitaria y antidemocrática han llegado incluso a la desvergüenza de gestionar y obtener de las más altas instancias judiciales, sean estas Cortes o Tribunales Supremos; Cortes, Tribunales o Salas Constitucionales, que por lo general son apéndices del régimen, por lo que carecen de total autonomía, independencia e idoneidad, falencias propias de su total genuflexión y servilismo.

Casos como esos son muchos, unos más recientes otros más lejanos, unos más cercanos, otros más distantes, tomemos como ejemplo el de las sentencias de los casos Municipalidad de Buenos Aires vs. Mayer, la del caso Arlandini, o el de Ziella Egidio vs. Smiriglio Hnos., con los que se justificó, o se pretendió justificar e implementar la teoría de la validez de las actuaciones de los gobiernos de facto y en las que luego se sustentaron los regímenes como la denominada revolución argentina o el proceso de reorganización nacional, denominaciones estas que no fueron más que burdos eufemismos para las dictaduras argentinas, como igualmente son utilizados otros más recientes eufemismos para referirse a otros también más recientes y hasta vigentes regímenes dictatoriales.

Luego de las “cosas” que pretenden ser sentencia, y que no lo son por atentar contra todo derecho y los más básicos principios democráticos y de justicia, hemos podido experimentar, muchos son los más recientes, los más cercanos, los más caribeños, los más gravosos contra la democracia, pero en el fondo, no son más que lo mismo.

Dictadura es dictadura, cualquier sea el nombre que le quiera imponer el propio régimen, sea socialismo del Siglo XXI, revolución bolivariana, o cualquier otra por el estilo.

Imagen del Leviatan; http://institutoacton.org/wp-content/uploads/2015/07/Hobbes-Leviathan-672x372.jpg

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