jueves, 11 de febrero de 2016

Receta para la solución de los problemas económicos y políticos que nos aquejan.



Si hay algo en que casi unánimemente los venezolanos estamos contestes en que estamos padeciendo, -no se puede llamar viviendo-, una grave crisis económica, (hace muy poco tiempo ciertos sectores lo negaban absolutamente), así como también, no casi de manera unánime, pero si ampliamente mayoritaria, se reconoce que existe una grave crisis política, que más que política, bien podemos afirmar que es una crisis social.

Muchos son aquellos quienes ante tal situación han aportado ideas y posibles soluciones, unas que pueden ser consideradas creíbles y sensatas, otras, que por el contrario, aparecen como burdas y descabelladas, (para aquellos lectores que no son venezolanos, créanme cuando se les dice que a la actual crisis incluso se le ha atribuido causas que supuestamente se remontan no solo a hace mas de 30 años sino que señalan se generaron  en la época colonial, incluso existe quienes apuntan la responsabilidad al ataque de animales a instalaciones de generación energética, o quienes proponen como solución y como política pública la siembra de alimentos en botellas y otros recipientes dentro de casas y apartamentos, o que no hay nuevos emprendimientos en el país porque existe una huelga de inversionistas), en fin. No me detendré a mencionar, favorecer o descalificar propuestas específicas ya que ante lo variopinta de ellas serían muchas las horas y páginas sin que necesariamente se arribe a una conclusión, simplemente me circunscribiré a ideas un poco más generales y amplias, que si bien muchas veces consideramos obvias, al no implementarse, dejan de ser obviedades y resultan algo más que excepcional, mágico o legendario.  

Es patente la preocupación general, no hacerlo sería una sociopatía, sobre la inseguridad personal, no existe lugar alguno en el territorio nacional que no esté afectado por este flagelo; por la corrupción, las graves fallas en la prestación de servicios públicos, fallas en la recolección de desperdicios y tratamiento de aguas servidas, que trasciende de la simple limpieza y ornato de una ciudad y se presenta como un agravamiento de las condiciones de salud; fallas del trasporte público, vías de comunicación, desabastecimiento de los más elementales productos necesarios para la básica alimentación, higiene y cuidado personal; que decir de medicamentos y los equipos necesarios para cirugía y hospitalización; crisis energética y de agua potable; pérdida constante, a diario, del valor del signo monetario patrio en su valor real de intercambio no solo equivale a décimas o centésimas, sino a milésimas de las monedas generalmente utilizadas para cotizaciones internacionales, y hacen falta más de una decena de billetes de la mayor denominación para adquirir una sola unidad de moneda extranjera, en fin una pauperización generalizada de la población, no solo un empobrecimiento material, sino que peor aún, un empobrecimiento moral y espiritual.

Las relaciones entre conciudadanos es cada vez más hostil, siquiera tribal, sino propio de la barbarie. Se ha perdido la mínima consideración entre congéneres en el trato diario, vergonzosas son las trifulcas entre personas que a diario procuran la obtención de alimentos, medicinas y artículos de higiene personal, caras largas y cuerpos lánguidos cual zombis alineados uno tras otro a la espera de lo que cualquiera sea puedan conseguir, escenas que simplemente pueden referirse como dantescas.

Para intentar proponer una receta que de alguna manera sirva para abordar lo arriba dicho, y muchas otras penurias que a diario nos aquejan pero que no nos desgastaremos en señalar ya que las conocemos todos, tanto quienes las entienden como quienes las niegan, es entender que todas ellas, sin excepción, no constituyen el problema en sí mismo, y atenderlas como si fueran el problema en sí, no resultaría suficiente para enfrentarlos. Lo anterior no quiere decir en modo alguno que no sea importante que se tomen las medidas para atender directamente los problemas de salud, de seguridad, económicos u otros, es entender que tales problemas no son más que la parte visible de situaciones mucho más complejas y que se presentan como sus efectos materiales y palpables, ante lo cual se debe ir estudiando las causas superiores de esos efectos e imprimir los correctivos principales allí, en esas causas.

Es de observar que de todos esos males, que en efecto lo son, son propios de sociedades que carecen de instituciones fuertes, que es totalmente distinto a regímenes fuertes, lo que a su vez se refleja y es propio de regímenes totalitarios, y que carecen de un aparato productivo que permita básica autarquía que garantice estándares mínimos para la vida de sus ciudadanos, una simple y única palabra, “producción”, que es con lo que se combaten los problemas y las crisis económicas. Es decir, todos los esfuerzos, todas las ideas, toda interpretación de actividades y normas de una sociedad debe propender a aquellas dirigidas a la producción, a la generación de empleo, de riqueza y bienestar, no a la restricción, limitación, sectorización, cartelización, injerencia o intervención en las actividades económicas, lo que más bien se identifica con históricos modelos autoritarios.

En cuanto a las crisis políticas, que como se mencionase no son más que sociales, ello al entender la política como la vida y desarrollo en la “polis”, la vida en sociedad  y no en su acepción agonal o existencial, nuestra observación también nos lleva a afirmar que las sociedades con menos crisis y conflictos políticos, mejor dicho, con menos problemas y conflictos sociales, como los que hoy nos aquejan, son aquellas más democráticas, con verdadera voluntad democrática, mientras que por el contrario, las sociedades con mayores carencias democráticas suelen ser las que adolecen de tales dificultades de sociabilidad de sus congéneres.

Aquí debe destacarse que cuando se hace referencia a democracia y a voluntad democrática, no se está simplemente haciendo referencia al carácter electivo de los representantes del ejecutivo y de otros poderes públicos, ya que ello, las elecciones, constituyen el aspecto menos importante de una democracia, entender lo contrario, considerar que el simple hecho de resultar determinada persona o fracción electa para determinados cargos, por determinado tiempo y determinado número de veces sea lo más importante en una democracia, genera el grave peligro que tales personeros y mandatarios de la soberanía popular puedan dictar totalitarias imposiciones sobre la población contrariando el interés general y al propio Estado de Derecho, justificando su actuación  y supuesta vocación democrática en dichas elecciones, cuando en realidad es lo contrario y su comportamiento no es más que contrario a la Constitución.

Tan marginal es el asunto de las elecciones en materia de vocación democrática frente a otras instituciones democráticas, que bien pueden válidamente formularse conceptos de democracia sin que sea necesario hacer alusión a la elección de funcionarios, tal es el concepto ofrecido por el gran pensador y jurista argentino Germán Bidard Campos cuando afirmaba: “Nos es fácil volver a nuestro personal concepto de la democracia. La democracia es una forma de organización política que se basa en el reconocimiento de la dignidad de la persona humana, de su libertad, y de sus derechos. Tal nos parece ser su esencia, que para su instrumentación demanda la tutela de esos derechos, más un organigrama de poder limitado, distribuido y controlado.”

Como se nos hace patente, no solo por el concepto antes citado, sino de las múltiples y variadas concepciones que dentro de un verdadero constitucionalismo tenernos sobre lo que es democracia, lo que le es esencial y que conforman verdaderas instituciones democráticas es el sometimiento del poder al Estado de Derecho, su limitación y distribución de manera que se formen los pesos y contrapesos necesarios para su eficaz ejercicio, y el irrestricto respeto de los derechos humanos, poniendo al alcance de los ciudadanos medios eficaces para garantizar su goce y les permitan llevar una vida digna.

Mucho comprende la democracia y constitucionalismo más allá de la simple elección de autoridades como se ha dicho, siendo esencial que tales autoridades, en las distintas ramas de poder público tengan presente que democracia, además de su designación es separación de poderes, alterabilidad, representación de las minorías, debido proceso, derecho a la defensa, respeto a la propiedad y a la autonomía de la voluntad de las partes en asuntos privados, el libre desenvolvimiento de la personalidad, la libertad de expresión, la transparencia y el acceso a la información pública, autonomía e independencia del poder judicial, interpretación progresiva de los derechos, interpretación restrictiva de las facultades de los poderes públicos, autonomía e independencia de las autoridades con competencia de políticas monetarias y así muchos otros propios de la vigencia del Estado de Derecho, que a la postre es lo mínimo que se requiere para atender los problemas que hoy padecemos.

Consciente que la dificultad de los asuntos planteados pero que sin demora deben ser atendidos para evitar así incurrir en situaciones y condiciones mucho peores, y quedando claro y en evidencia las causas mayores de los problemas que nos aquejan, a modo de conclusión bien podemos afirmar que los problemas económicos no pueden solucionarse sino con producción y los sociales con democracia, parece de Perogrullo, una total obviedad, pero hace tiempo que no se ve ni producción ni democracia, se encuentran secuestradas y no habrá mejoría mientras no las liberemos día a día de sus captores.

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