lunes, 29 de febrero de 2016

Soberanamente totalitario o totalitariamente soberano



Ya antes había referido de como muchas veces podemos ser, individual o colectivamente, víctimas  de falacias por parte de quienes con perversas intenciones manipulan el lenguaje, así como del verdadero y legítimo alcance de ideas e instituciones, manipulación que bien puede ser generada de manera intencional o bien por desconocimiento de los interlocutores de las mismas.

De la entrada anterior sobre las falacias, aquí el link: http://www.chinohung.com.ve/2015/07/poco-felices-sistemas-falaces.html.

Como bien se advirtiese y se desarrollase en la obra denominada “La neolengua del poder en Venezuela. Dominación política y destrucción de la democracia[1]”, notamos que últimamente, digamos en los últimos 17 años, al buen estilo Orweliano, unas de las palabras y expresiones que se ha pretendido acuñar con intenciones que todos entendemos desviadas es la de “soberanía”.

La acepción y alcance de un término tan complejo como el de “soberanía”, solo puede ser superado en su abstracción y la siempre pretendida manipulación por la de “democracia”, de la que ya se ha señalado no se acaba en la simple elección de autoridades, que es lo menos importante de la democracia (pensé había ya publicado unas líneas sobre lo menos importante que son las elecciones frente a otros aspectos y principios democráticos, estoy en deuda, prometo publicarlo).

Entre otras muchas expresiones, hemos escuchado sobre soberanía nacional y territorial, soberanía alimentaria, soberanía energética, soberanía monetaria y hasta de soberanía farmacéutica, y otras suertes de soberanías,  más sin embargo, al momento preciso de elaborar estas líneas, existen grandes extensiones de territorio que son inequívocamente de Venezuela y no hay acciones concretas para su protección, sólo vociferaciones con finalidad de políticas agonales; existe una gran carestía generalizada de alimentos, una paupérrima prestación de servicios públicos, de agua potable, recolección de residuos sólidos, falta de medicamentos, incremento de enfermedades, en materia energética, dificultades para encarar la disminución de precios del petróleo al no haberse fortalecido otros sectores cuando los precios estaban en alza; racionamiento y suspensión de servicios de energía eléctrica, y muchos otros, lo que no obliga a preguntarnos si en realidad se está entendiendo lo que  significa ese tan vociferado término de “soberanía”, que al parecer ha sido confundido con otros términos que bien pueden definir de mejor manera lo que en definitiva creemos se quiso tratarse, cuando los de autarquía, auto sustentabilidad u otros pudieron ser más adecuados, nos hacen respondernos y concluir que  definitivamente estamos frente a nuevas falacias cuando se apela al término de soberanía con no otra intención que la de actuar al margen del estado de derecho.

Ya se advirtió de lo complejo del concepto y alcance de lo que es soberanía, y en efecto son muchos los intentos a lo largo de la historia de propender un concepto cerrado del mismo, pero es ante su importancia y dinamismo que resultará de difícil concretización cerrada, ya que la misma deberá ir adecuándose como ha ocurrido ante nuevos hechos absolutistas, totalitarios y violadores de derechos humanos.

Más que tratar de definir lo que es la soberanía, no obstante luego  traeremos una importante precisión de finales del siglo XIX, mejor y más adecuado es señalar lo que no es soberanía. Soberanía no es que un Estado viole los derechos humanos y que pretenda que la comunidad internacional no se pronuncie al respecto y que cualquier opinión la considere injerencia; no es, que no preste a satisfacción los servicios públicos  a que está obligado, y menos aún que limite a los particulares el ejercicios de sus derechos, que se pretenda que sea irresponsable y permanezca indemne por los daños que cause, que puede libremente actuar sin control alguno, sin sujeción a las normas que sean impuestas por el verdadero soberano que es el pueblo, que se expresa mediante la institución democrática que le es propia como lo es el Congreso o Asamblea, que dicta las leyes que el Poder Ejecutivo debe cumplir y al que está obligado, y al que el Poder Judicial debe condenar en caso de no hacerlo.

Se expresaba Alexis de Tocqueville sobre la soberanía:

“… se puede, propiamente hablando, definir la soberanía como el derecho de hacer las leyes.”

Así las cosas, ante tal afinación, nos aparece más que evidente, que quien hace las leyes, a quienes les corresponde hacer las leyes, al soberano, mediante el poder legislativo,  dicta las leyes, que deberán ser obedecidas por todos, tanto por el mismo soberano, el pueblo, pero más aún, y aunque sea una obviedad decirlo y se repita más de una vez, principalmente el Poder Ejecutivo.

Aprovechemos seguir citando a Tocqueville:

El presidente es igualmente el ejecutor de la ley, pero no concurre realmente a hacerla, puesto que, al rehusar su asentimiento, él no puede impedir que existe. Np forma pues, parte del soberano; sólo es su agente.
(…)
El presidente está colocado al lado de la legislatura, como un poder inferior y dependiente.”

Nuevamente, como en anteriores comentarios, quedará en cada uno de nosotros las conclusiones personales sobre lo que debe entenderse por soberanía, y que al parecer, el autor francés tenía una muy clara idea de ella.




[1] “La neolengua del poder en Venezuela. Dominación política y destrucción de la democracia” (Editorial Galipán, Caracas, 2015). Antonio Canova González, Carlos Leáñez Aristimuño, Giuseppe Graterol Stefanelli, Luis A. Herrera Orellana y Marjuli Matheus Hidalgo.

2 comentarios:

  1. Los discursos totalitarios y, algunos de corte democrático también; suelen utilizar palabras y frases pre fabricadas, aunque no improvisadas con fines de manipulación de las voluntades. De aquellas voluntades que actúan desde posiciones de debilidad y débiles per se. El manejo doloso del lenguaje, es parte de las históricas estafas políticas y de cualquier otro tipo. No hay estafa, sin manipulación a través del lenguaje. Tema de nunca acabar.

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  2. Excelente Roberto! Soberanamente acertado tu comenmtario!!!
    Me permito tomar tus palabras para hacer un comparativo con mi materia: (condominio)
    La Asamblea de copropietarios vendría a ser EL SOBERANO, pues unánimemente puede modificar su documento de condominio las veces que quiera y en sus 3 cuartas partes podrá modificar su reglamento; en cambio el PRESIDENTE y su junta de Condominio (como si fuera el PODER EJECUTIVO) resultaría ser su simple vocera sin mayor facultad de disposición como dice la Ley de Propiedad Horizontal.
    Concluyo que no sería igual:
    "Un Inmueble con condominio" (donde rige soberana y democráticamente su documento de condominio)
    a "Un inmueble in Condominio" (donde rige totalitaria y anarquizante la milicia, colectivos y comunas como son la Misión Vivienda)
    Disculpa si mi lenguaje aquí pareció perversamente manipulador, pero es una consecuencia directa de la indignación producida por como se estan torciendo las leyes.

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