domingo, 11 de septiembre de 2016

La Tiranía, una moneda y como todas, tiene dos caras.




El 11 de septiembre de 1973, fuerzas militares lideradas por Augusto Pinochet mediante una acción militar dan un golpe de estado contra la República de Chile, del que resultó el derrocamiento del presidente Salvador Allende, quien se suicidara en misma fecha y con ello la caída del gobierno con ideología de izquierda de la coalición electoral “Unidad Popular”, surgiendo desde ese momento el régimen dictatorial del Augusto Pinochet.

No resulta sencillo para quien escribe estas líneas emitir opiniones sobre tales acontecimientos en cuanto al sustento de la investigación necesaria y para la que desearía más que una investigación documental, la de contar con entrevistas con personas que estuvieron presentes en ese tiempo y en ese país.

El Chile de hoy, la actual Venezuela, nuestra Latinoamérica, el mundo, evidentemente son muy distintos, a pesar de que apenas no se llega a medio siglo, que el contexto de aquellos tiempos de mediados del siglo XX de la posguerra, en la que el mundo era disputado entre una ideología liberal democrática por una parte y el comunismo por la otra.

Hay hechos que son indubitables, entre ellos el que Chile hoy, el Chile del siglo XXI se encuentra entre los países más prósperos de la región, y que muchos venezolanos ante la crisis social, económica y política que se vive en la tierra de Bolívar, ven como posible destino para emigrar de esta catástrofe, esta pesadilla colectiva que sus promotores denominaron revolución bolivariana o socialismo del siglo XXI.

Principalmente aquellos descendientes de chilenos radicados en Venezuela por la situación de la década de los 60 y siguientes, son los principales emigrantes que retornan a las tierras de sus padres y abuelos, pero no sólo ellos que tienen ya algún vínculo con ese país, muchos otros venezolanos que han coqueteado con la idea de intentar hacerse un mejor futuro fuera de Venezuela han dirigido su atención hacia Chile, y tal vez como muchos años antes hiciera el propio maestro de Bolívar, Andrés Bello, radicarse allá y jamás volver. Desde profesionales de la salud, especialistas en sistemas y programación, hasta comerciantes, han mostrado interés en Chile, particularmente por las garantías que ofrece en materia de libertades civiles más allá de lo estrictamente económico, libertades y garantías que lamentablemente no ofrecen otros países de la región, menos aún la Venezuela revolucionaria.

Mucho podemos desarrollar sobre este interesante país y su historia, pero siendo el día de hoy 11 de septiembre de 2016, el 43 aniversario del golpe de Estado que atestara Pinochet, es en torno a ese hecho que haremos nuestras reflexiones.

Lo primero que se somete a la crítica, es que el golpe de Estado, no se le da a Allende; como he referido en otras disertaciones, los golpes de Estado no se le dan a los gobernantes, claro que su deposición y derrocamiento pueden ser consecuencia de ello, pero como he sostenido, los golpes son contra los Estados, entonces el golpe fue contra el Estado chileno.

Impresiona observar como ese golpe de Estado en Chile, contra Chile, ha sido utilizado por quienes apoyaban la ideología de la llamada izquierda, al comunismo, tanto en esa época, así como luego de extinguido –tuve la oportunidad de leer un trabajo en el que se refería como ideologías zombis aquellas que aún se manifiestan luego de la caída del bloque soviético, entiéndase las que aún se tratan de sostener en Cuba, Nicaragua, Venezuela, Ecuador y Bolivia-; así como de aquellos a los que los de la izquierda referían como extrema derecha, al defender que las gestiones de Pinochet fueron aquellas que dieron como resultado la recuperación económica de Chile.

Lo anterior hemos de aprovecharlo para traer a la reflexión otro aspecto y es que ya esas discusiones, esas distinciones entre derecha e izquierda, resultan más que superadas, es más, incurrir en ellas es caer en el mismo juego perverso por el que fueron creadas en el sentido de su utilización para intentar justificar la existencia de tales ideologías y las tropelías ejecutadas en su nombre.

La denominada izquierda, para justificar su existencia, necesitaba crear a la derecha, y para poder recrudecer esa ideología de izquierda y sus abusos, que ya está más que demostrado que jamás sociedad alguna con un ideario comunista ha proporcionado prosperidad o bienestar alguno, se creó todo eso que ellos mismos refieren como ultra derecha. Igual suerte ocurre con el liberalismo y lo que más reciente mencionan y tildan de neoliberalismo, por lo que en consecuencia, si se admitiese tal manipulación retórica, quienes así se pronuncian bien pueden tenerse y denominarse neoabsolutistas, neoautocráticos o neototalitarios.

Sigamos,

Las obsesión de los denominados de izquierda en esa época por asirse de cualquier elemento que medio coloreara un manto de legitimidad y dignidad de sus actuaciones llegó al punto tal, que ante la muerte de Allende, intentaron presentarlo como más que un héroe, una especie de mártir de la izquierda, al señalar e indebidamente afirmar que fue asesinado por los militares golpistas que tomaron el Palacio de La Moneda, cuando la verdad fue que el propio Allende se suicidó, lo que fue negado hasta su definitiva comprobación, según dicen con un fusil de asalto regalo de de Fidel Castro; fallecimiento que coincide en el mismo mes de septiembre cuando otro presidente de Chile se quitase la vida, también con un disparo pero en 1891, José Manuel Balmaceda, pero éste, identificado con el liberalismo.

Aún hoy en día quienes propugnan ideas zombis de corte comunista, bien porque así expresamente ellos mismos se identifican como tales, o mediante sofismas, eufemismos y falacias como las del llamado socialismo del siglo XXI, e incluso haciendo uso de ideas como las del “Estado Social”, tratan de reivindicarse y revivir  sus fallecidos fundamentos ante el golpe de Estado que diese Pinochet al frente de las fuerzas armadas chilenas.

Debemos ser enfáticos y contundentes en señalar que no obstante lo fallido del gobierno de Allende, en modo alguno puede legitimarse el régimen absolutista y dictatorial de Pinochet y su Junta Militar desde 1973 a 1990, por lo que hemos de ser cuidadosos en incurrir en esa vulgar trampa argumentativa a la que ocurren quienes bien saben utilizar los acostumbrados a los engaños y estratagemas de esa política existencial de que si no se está a favor de uno se está a favor del otro, ello al buen estilo Schmittiano.

Ambos regímenes en Chile, antes y después del 11 de septiembre de 1973, son censurables y condenables, el de Allende y el de Pinochet, en el que uno si existió fue como consecuencia de las perversiones del anterior, no siendo más que las dos caras de una misma moneda, la de la tiranía, sobre la cual ya tuvimos oportunidad de comentar en trabajos anteriores.

Y es que mucha gente desconoce, y entre ellos me incluyo directamente, la realidad social del Chile para el momento que se da el golpe de Estado; desconocimiento en primer lugar por el evidente distanciamiento geográfico entre Venezuela y Chile, también por el lamentable mal del venezolano en no ser precisamente conocido por ser los ciudadanos más asiduos al estudio y a la lectura (si difícilmente lo hace sobre hechos patrios que quedará entonces para aquellos un poco más ajenos), y además de la evidente dificultad, acrecentada en los últimos 17 años de importar literatura en general, y en especial sobre temas como el presente.

No obstante lo anterior, no es preciso ser experto en economía, ciencias políticas o sociología para imaginar la situación de Chile bajo un sistema muy similar, en extremo parecido al implantado en Venezuela por el llamado socialismo del siglo XXI y la revolución bolivariana, regímenes que sólo serán conocidos por la expoliación generalizada, violación de derechos humanos y pauperización de la calidad de vida de los ciudadanos. Valga advertir nuevamente, jamás ello puede justificar ni defender el régimen también dictatorial que se instauró luego de 1973, incluso a pesar de haberse rescatado la situación económica.

La situación de pobreza, miseria y violación del Chile de Allende y la Venezuela de hoy, así como es connatural de los regímenes colectivistas totalitarios son tan similares que en esa época existieron las llamadas JAP, las Juntas de Abastecimiento y Control de Precios, algo no muy distinto a los CLAP, Comités Locales de Abastecimiento y Producción, que no son más que instrumentos de opresión de la ciudadanía.

Quiero volver a insistir que en modo alguno puede pretenderse que la condena de un régimen conlleve la aceptación, y menos aún la legitimidad de otros igualmente tiránicos, siquiera en el caso de recuperación del aparato productivo, ello equivaldría al absurdo de pretender justificar que determinado Estado volviese a la esclavitud como sistema económico si del mismo resultase su recuperación económica.

Del examen del material que puede obtenerse a través de internet[1], especialmente los videos y trabajos audiovisuales en general, es muy lamentable que suelen ser sesgados por quienes como se refiriera pretenden utilizarlos a favor de tal o cual ideología, de derecha o izquierda, categorías que ya vimos son manipuladas por  quienes se auto identifican como de izquierda, del zombi dogma comunista, distinción que debemos ya superar, por lo que siendo un hecho reciente de la historia latinoamericana, es importante promover su mayor divulgación conjuntamente con los conocimientos de democracia y constitucionalismo en procura de aumentar el conocimiento general de la ciudadanía, condenando tota clase de regímenes dictatoriales y evitando nuevamente su instalación, particularmente de aquellos abiertamente despóticos pero que mediante ardides y prácticas retóricas se disfrazan de democráticos como lo que desde finales del siglo XX se han hecho camino en algunos Estados de la Región, secuestrando las instituciones democráticas y republicanas, esclavizando a su pueblo, robándole su dignidad e instaurando no más que materiales cleptocracias, que para su desarticulación es necesaria la preparación y educación de la sociedad civil como agente de cambio democrático y recuperación del Estado de derecho.



Fotografía de Allende y Pinochet tomada de: https://www.facebook.com/579980895507050/photos/a.579986188839854.1073741828.579980895507050/579986118839861/?type=3&theater




[1] Desde internet puede descargarse un extracto del libro denominado “Allende y Pinochet las verdades olvidadas” así como se observaciones sobre el mismo que son de gran utilidad para la comprensión de este importante hecho histórico.
Aquí direcciones de internet recomendadas:

1 comentario:

  1. La propuesta comunista, porque no es otra cosa a pesar de los eufemismos, en todos los lugares y momentos es una vía descalificada y profundamente delictógena. Ni el pragmatismo pinochetiano ni la utopía maliciosa de los marxistas manipuladores de la esperanza de grandes mayorías, las cuales acatan la realidad, siempre tardíamente.

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